La malagueña Diana Navarro nos abre las puertas de su casa y de su corazón, en una entrevista exclusiva para nuestra revista


Es una de las artistas más reconocidas de nuestro país, y sin embargo, sabemos poco de cómo es Diana Navarro (46) en su día a día. Casada desde hace siete años, esta malagueña se ha sentado con SEMANA para mostrarnos su otro yo. Y lo ha hecho mientras nos cocinaba un arroz riquísimo, el broche de oro perfecto para una entrevista donde la artista nos ha abierto su corazón… y de paso nos ha llenado el estómago.

¿Qué tal te encuentras?
Bastante bien. Sinceramente, puedo decir que estos meses no han sido tan malos para mí, porque gracias a Dios mi familia está bien y el confinamiento me ha venido genial para descansar.

Se te ve una mujer fuerte, pero ¿cómo es la verdadera Diana Navarro en la intimidad de su casa?
Creo que soy una maruja, dicho con todo el cariño. Soy muy normal, de hecho, a mi yo artista intento vestirla elegante pero la Diana persona es bastante de chándal. Y me encanta cocinar para la familia y amigos.

¿Cuál es el plato con el que te gusta sorprender?
Pues el que os estoy preparando ahora, un arrocito. A mí me gusta cocinar el arroz con intuición. Mi madre siempre me ha inculcado la cocina, y es algo que a mí siempre me ha encantado. La receta que he heredado de mi madre es ‘el cardero’, que es a lo que aquí llaman fideuá.

Hay una parte tuya, muy desconocida para el gran público, que es la de tu vida privada, ¿ha sido por decisión propia o es porque ha surgido así?
Yo intento cuidar a mi marido, porque es lo único que tengo. Me entrego mucho. A mi público le doy todo, le entrego parte de mi vida y también parte de la privada, porque no me reservo casi nada. A ver, si yo estuviera solita en el mundo, a mí no me importaría contarles mis cosas, pero claro, mi familia y mi marido no son artistas… Ya bastante que me sufren como para tener que sufrirlo. Y además, creo que si mostrara toda mi vida personal, a lo mejor mi faceta de artista se resentiría.

¿Por qué dices eso?
No sé, porque quizás soy una persona demasiado normal y se perdería la fantasía del artista. Yo con mi anterior disco, Resiliencia, me casé conmigo misma. Uní a la Diana artista con la Diana anónima. Ese álbum me hizo quererme como persona, y quise compartirlo con mi público a modo de canciones.

Lo que me cuentas es muy duro.
Es que me di cuenta de que realmente no me quería e inicié un camino de crecimiento personal, con terapias alternativas, con meditación, rezando… Mi personaje salvó a mi persona, porque el público me merece mucho respeto… Mi primer gran éxito, Sola con mi pena, fue real…

¿Podemos decir que es una etapa superada?
Ya he aprendido a estar sola conmigo misma, ver que no era nada malo y, por supuesto, a quererme y a superar complejos. A veces el entorno en el que estás no es el más adecuado para sacar más provecho de ti y lo único que fomenta son las inseguridades. Cuando empecé en este mundo tenía 26 años y en aquel momento no se llevaban mis anchuras y con esa edad te sentías muy acomplejada, por ejemplo.

Hablas del entorno que te rodeaba, ¿se han aprovechado mucho de ti?
No mucha gente, pero sí algunos. Que la vida les dé mucha salud y que todo lo que me han robado lo gasten en mucha felicidad.