Los reyes Guillermo y Máxima de Holanda han vuelto a abrir el Palacio Real de Ámsterdam. Anoche ofrecieron la tradicional recepción al Cuerpo Diplomático, una cita que no se había podido celebrar en los últimos dos años a causa de la pandemia y que se ha recuperado con todo el esplendor. Para empezar, hemos vuelto a ver a la soberana de largo y luciendo una impresionante tiara de diamantes y rubíes.

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La colección de tiaras a disposición de la soberana es fastuosa, pero en esta ocasión se decantó por la llamada Tiara Mellerio. Esta pieza fue encargada a la famosa joyería francesa en 1888 por el rey Guillermo III de Holanda como regalo para su esposa, la reina Emma. Se trata de un conjunto que incluye, además de la tiara, una gargantilla, un brazalete y hasta un abanico. En total lo componen casi mil diamantes y rubíes, lo que lo convierte en uno de los más valiosos del joyero real de los Países Bajos.

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Gtres.La reina Máxima ha lucido esta tiara en frecuentes ocasiones, entre ellas en la boda del príncipe Carlos Felipe de Suecia con Sofia Hellqvist. Esta vez, la soberana escogió la tiara y el collar. Los pendientes, pertenecientes a otro juego, también eran de brillantes y rubíes. Así pues, con todo el protagonismo para el rojo y con un vestido con cola de Jan Taminiau de 2009, Máxima volvió a brillar de manera espectacular.

A la misma cita también asistió la madre del monarca, la princesa Beatriz, quien pocas horas antes se dejaba ver con un bolso con la cara de sus tres nietas estampada.

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Hace escasos días que veíamos a una buena parte de la realeza europea reunida en Oslo para celebrar el 18 cumpleaños de la princesa Ingrid Alexandra de Noruega, donde Máxima se puso la llamada Tiara Stuart de diamantes.

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La reina Máxima de Holanda también fue testigo en ese mismo evento internacional del debut de la mayor de sus tres hijas, la princesa Amalia, futura reina de los Países Bajos. La joven escogió la Tiara de las Estrellas, una pieza con mucho valor emocional aparte del histórico, pues fue la que llevó Máxima para su boda en 2002.

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Una vez cumplidos los 18 años, la heredera también podrá ‘revolver’ en el joyero familiar de cara a futuras galas y compromisos, al igual que su mamá, a la que ha confesado ver cómo se arreglaba desde su más tierna infancia y envidiar cuando se ponía las tiaras.