El colaborador ha enviado un mensaje a uno de sus vecinos que llevaba meses haciendo algo que molesta, y bastante.


La insólita situación que estamos viviendo está provocando situaciones a veces surrealistas en los patios de vecinos de todo el país. Además del aplauso masivo al que se suman millones de españoles cada tarde a las ocho en punto se están produciendo escenas nuevas para todos. Una de ellas, la más reciente, es la oleada de mensajes que algunas personas intolerantes se dedican a poner en las porterías, zonas de acceso común como ascensores o incluso en las puertas de las viviendas para quejarse por tener como vecinos a sanitarios o cajeras de supermercados.

Este tema ha sido objeto de debate en ‘Sálvame’, cuyos colaboradores no son ajenos a esta realidad. Cada vez son más los profesionales que se han encontrado con vergonzosas notas de su comunidad pidiéndoles que se busquen otro lugar para vivir hasta que el número de enfermos desaparezca. Se trata de personas que trabajan en colectivos como la sanidad, las fuerzas de seguridad del estado o la alimentación. Algunos de ellos se han topado en sus propias viviendas con misivas de sus vecinos pidiéndoles se busquen otro lugar donde vivir mientras dure la pandemia. Lo que quieren, en definitiva, es evitar que los contagien.

Las experiencias de los colaboradores de ‘Sálvame’

Rafa Mora ha comentado que uno de sus vecinos ha quejado de que los días hacen ruidos extraños sobre las doce. El colaborador ha aprovechado la ocasión para explicar que se trata de su novia, Macarena Millán, «que no pesa ni 50 kilos mojados». Su chica, una profesional del fitness, suele hacer directos en Instagram haciendo deporte «y da saltos». De ahí los sonidos que escucha el vecino del valenciano.

Matamoros confiesa que es muy aprensivo

Al escuchar a su compañero, Kiko Matamoros ha aprovechado una curiosa anécdota con alguien que vive en su mismo edificio. El colaborador, que comparte piso en Madrid con su novia, Marta López, ha dado las gracias a su vecino de arriba. Éste «llevaba dos meses sin quitar las sábanas que estaban colgadas» y le tapaban una de las ventanas de su domicilio. El madrileño ha detallado que esta ropa de hogar, «una roja y otra gris», empezaban a darle bastante repelús. Más bien le daba mucho asco que permanecieran allí durante tanto tiempo porque eso podría criar cualquier cosa. Resulta que el padre de Diego Matamoros tiene sus manías y es muy aprensivo con este tipo de cosas.

Matamoros y su pareja comparten vivienda en el centro de la capital. Un cómodo piso de 190 metros cuadrados por el que pagan 5.000 euros al mes. Su nidito de amor, ubicado en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad, es el lugar donde ambos permanecen aislados en este excepcional periodo. El encierro de Kiko solo se ve interrumpido por sus salidas al plató de Mediaset, adonde acude cada semana para cumplir con su trabajo delante de las cámaras. Al igual que Jorge Javier Vázquez, Carlota Corredera o María Patiño, Matamoros ha sido uno de los profesionales del programa de Telecinco que han decidido seguir acudiendo a su lugar de trabajo para ofrecer entretenimiento a millones de españoles cada tarde.

Ha hablado de la anorexia que padeció su novia

Hace dos días, Matamoros hablaba por primera vez de un asunto más serio: la anorexia que padeció su novia durante casi cinco años. Marta ha hablado recientemente de cómo su chica superó esta grave enfermedad y cómo ahora, en su papel como ‘instagrammer’ intenta ayudar a personas que se encuentren en la misma situación. «Estuvo físicamente muy mal porque es una chica que mide 1.75 y llegó a pesar 39 kilos, poniendo muy en riesgo su salud y sobre todo la estabilidad suya y la de su familia», decía.

«Es un tema que a ella no le avergüenza en absoluto reconocer. Ella es muy fuerte psicológicamente, pero entiende que hay personas que están la situación por la que ella atravesó, pero por su ámbito de ‘influencer’ o que tiene capacidad para llegar a gente que atraviesa por esos trastornos puede echar una mano para decirles: ‘De esto se puede salir», señalaba.

«Evidentemente es un problema muy serio. Es algo que tienes que llevar encima toda la vida», añadía. «Hoy en día ya hay una cultura social y una información suficiente como para que nadie, y menos públicamente, juegue con estas cosas”.