Rocío Carrasco ha vuelto a sorprender con las declaraciones que ha dado en su docuserie, esta vez hablando de la relación que su hijo tenía con las Campos.


Como cada miércoles se emite un nuevo episodio de la docuserie de Rocío Carrasco, ‘Rocío: contar la verdad para seguir viva’. Después de los sorprendentes testimonios de la hija de Rocío Jurado sobre Antonio David Flores y su hija Rocío Flores, esta vez llega el turno de su hijo David, con el que lleva cinco años sin tener contacto. Rocío Carrasco ha empezado describiendo al que es su hijo más desconocido, el que menos sale en los medios de comunicación.

Rocío Carrasco ha empezado repasando la increíble que no solo tenía con ella, sino con todo su círculo. Y llama la atención la buena sintonía que tenía con María Teresa Campos y Terelu Campos. Su madre ha destacado esta cercanía que había entre ellas y su «enano», como ella llama cariñosamente a su hijo: «David empieza a cambiar desde que su hermana no está ya en la casa. Él tenía pasión por su madre, su abuela… pasión por Fidel. Él tenía devoción, con María Teresa, con Terelu, moría», ha empezado desvelando.

Ha querido apuntar la personalidad que tenía cuando todavía vivía con ella: «Ahora ya no lo sé, pero siempre ha sido un niño muy cariñoso, muy familiar… En el colegio a David lo quería todo el mundo. Tenía amigos de todas las edades. Los profesores morían por él, es súper cariñoso, muy gracioso… Ha sido siempre bondadoso, piadoso… Estoy muy orgullosa porque en él instauré ciertos valores que yo consideraba que eran importantes e imprescindibles».

En SEMANA: las claves del distanciamiento entre madre e hijo

© SEMANA.

En un momento dado, a Rocío le hubiera gustado haber dado más pasos con su hijo, para hacerlo así más independiente: «David tiene una serie de problemas, pero es cierto que yo como madre me hubiera gustado ofrecerle a él la posibilidad de tener su independencia. Lo hubiese hecho de mil amores, coger a mi hijo. Cerca de mi casa hay una cafetería, me hubiese encantado mandar a mi hijo a por el pan. Yo eso nunca lo he hecho. Me hubiera gustado que adquiriera cierta independencia. Yo pensaba y si se cae en la calle. He tenido miedo a la hora de educar. Me sentía amada por David. Él era locura y le encantaba verme hacer de comer».

Se ha roto al hablar de que ella cree que su hijo hubiera tomado otra posición si le hubieran dejado: «Hablo de él sin pena porque yo sé que es feliz. Mi pena es por la utilización que ha sufrido o porque esta persona ha utilizado las circunstancias de este niño para hacer más mal y para lucrarse. En ese sentido me da pena, pero él yo sé que es un niño feliz. La ausencia da pena, claro que sí, pero yo sé que si a él lo hubieran dejado, me hubiese llamado, hubiese venido. No hace determinadas cosas porque no se le han permitido. Creo que me echa de menos».