Elsa Pataky no me cae bien. Me cae genial. Vaya por delante. La conocí en los años 90, en un desfile de ropa deportiva organizado por la recordada Conchita Vilella en Barcelona, y volvimos juntos a Madrid en el avión (sin serpientes, advierto). La actriz, toda simpatía, nos daba el móvil a los periodistas y nos pedía encarecidamente que le pusiéramos la i latina a su apellido, porque quería reivindicar los orígenes de su abuela.

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Elsa ha conseguido crear una forma de posar que ya es universalmente conocido como ‘un Pataky’.

A Elsa se le cayó la i por el camino y al final se impuso la y griega, que le daba un carácter más internacional a su apellido. Sin embargo, poco ha cambiado desde entonces (o eso parece). Conozco a muchos periodistas que la han ido entrevistando a lo largo de los años -nuestros caminos, sin embargo, no se han cruzado muchas veces- amigos que han hecho promoción de películas con ella o han gestionado actos promocionales en los que participaba y gente que ha coincidido con la protagonista de ‘Al salir de clase’ en festivales de cine. Todos coinciden en que es cero diva, que no es nada pretenciosa ni caprichosa y que se adapta a las circunstancias laborales sin quejarse.

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Con Adrien Brody, en 2008. La actriz rodó con su entonces novio ‘Giallo’, una película ‘gore’ de Dario Argento, un cineasta de culto entre los amantes de este género.

Elsa Pataky no ha triunfado como actriz, para qué nos vamos a engañar. Ha intervenido en películas taquilleras como ‘Fast & Furious’, en series de televisión de usar y tirar, y en películas para ver comiendo palomitas, que se desvanecen en tu memoria como una pompa de jabón, pero no ha tenido un papel por el que sea recordada (mis amigos malvados siempre la identifican con ‘Serpientes en el avión’). Ni siquiera ‘Ninette’, en la que Garci echó todo el agua para el sembrado para que la actriz se pusiera a la altura de Victoria Vera, quien también encarnara a la heroína de Miguel Mihura en televisión.

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Con José Luis Garci en 2005. El director le dio una de sus mayores oportunidades profesionales en ‘Ninette’, adaptación de la obra de teatro de Miguel Mihura ‘Ninette y un señor de Murcia’.

Da igual. Todos sabemos quién es Elsa Pataky. Y su marido. Es la envidia de medio mundo, por dormir abrazada a esos biceps que son como todo mi tronco, por tener unos hijos tan guapos y llevar una vida de ‘zíngara chic’, que si de estrenos en Los Ángeles, que si con canguros en Australia, que si de me encuentro con los hijos del príncipe Carlos en Londres o me voy a las ‘front rows’ de París… Algunas triunfan con un Oscar y otras en la vida. Ese es su caso.

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Elsa Pataky, con su marido, el australiano Chris Hemsworth, uno de los hombres más deseados del mundo.

El mundo parece hecho a medida de Elsa Pataky, quien, me da la sensación, ha tenido la inteligencia de tener un plan B por si el A salía mal. Se fue a Hollywood a hacerse un hueco entre millones de rubias mucho más altas que ella y más operadas y supo subirse al tren del amor cuando su ascensión al estrellato no iba precisamente como un tren bala. El de Chris Hemswroth, porque el de Adrien Brody me pareció un poco kitsch y, aunque no lo puedo demostrar, estoy convencido que el supuesto castillo decorado por Armani que el actor de ‘El pianista’ le regaló era un ‘fake’ informativo.

Elsa va y viene, hace caja en Madrid de vez en cuando (es un reclamo publicitario muy rentable), tiene un blog que siguen miles de personas, y ahora dice que vuelve al cine. Igual nos sorprende y retoma el plan A, consigue un buen papel, un buen director y una buena película y nos da a todos en las narices, incluido a mí, que me atrevo a juzgar su carrera desde este humilde blog.

Me encantaría, por cierto.