No quiero empezar sin decir que anoche vivimos la resurrección artística de Isabel Pantoja, que estuvo maravillosa. Te guste o no te guste, tiene el carisma de las pocas artistas con ‘star quality’, la presencia escénica que no se puede aprender en una academia y las capacidades vocales en plena forma.

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Isabel Pantoja, pletórica de facultades vocales, pese a un resfriado, desgranó algunas de las canciones de su nuevo disco ‘Hasta que se apague el sol'».

Dicho esto, vamos a centrarnos en las cuestiones extramusicales, que es de lo que todo el mundo habla y lo que todos quieren leer. Para qué nos vamos a engañar… Y tengo que empezar por el ambientazo que había en los alrededores del teatro Carlos III de Aranjuez, ‘pantojismo’ en estado puro, señoras que se ponían de puntillas para atisbar a los colaboradores televisivos que ejercieron de estrellas ante las cámaras, fans cargadas de flores y expectación máxima.

Otra cuestión que quiero dejar claro es que Universal, la discográfica de Isabel, había convocado a los medios más importantes de nuestro país y que, aunque se hablaba de vetos y de que los periodistas íbamos a ver a la cantante a través de un plasma, todos teníamos nuestra butaca en este pequeño y encantador teatro para asistir al acontecimiento del milenio.

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Anabel y Chabelita Pantoja estuvieron sentadas en un palco al fondo del teatro.

Antes de la actuación, prensa e invitados nos mezclamos en un cóctel en el que Chabelita Pantoja fue la gran protagonista porque tiene muchos frentes abiertos. Hierática y sin entusiasmo nos desmintió que hubiera roto con Alejandro (no sé si creérmelo) y nos respondía, educada, pero con desgana, hasta que su hermano, ese que la ha defenestrado públicamente en tantas ocasiones, vino a socorrerla y se la llevó, como un gorila de discoteca, porque la estábamos agobiando. O eso creía él.

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Kiko Rivera y su mujer, Irene Rosales, se marchan como estrellas del teatro de Aranjuez.

Comenzó el concierto e Isabel Pantoja apareció como una virgen pagana a la que le tiraban claveles como en los programas de José Luis Moreno (allí sentado, entusiasmado). Se paró el mundo. Fin de la cita. Chabelita estaba ubicada en un palco al fondo del teatro, la última fila, con su prima Anabel, mientras que su hermano, Kiko Rivera, y su mujer (tipazo el de Irene Rosales, ojo) estaban sentados en el palco del escenario junto a la abuela del clan, doña Ana.

No sabemos el motivo por el que Chabelita Pantoja estaba tan relegada físicamente de su madre y los motivos que le llevaron a salir escopetada del teatro y con ganas de fumar un pitillo, ella que no fuma, como le oí decir a su acompañante. Reloj en mano, ni una especialista en 100 metros lisos hubiera tenido tiempo para ir a felicitar a su madre al camerino en los escasos minutos que habían transcurrido desde el fin de la última canción y su marcha.

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Ana Martín se marchó orgullosa después del gran éxito de su hija, quien le dedicó una canción.

Chabelita había estado ese día arropada por su prima Anabel que, da la impresión, tiene una relación mucho más estrecha con Isabel Pantoja que su propia hija. La va a acompañar en los conciertos de su gira (de momento hay firmados tres) porque, según sus propias palabras, «me basta que me mire en el escenario para saber qué quiere o qué canción tengo que ponerle en el prompter».

Y así fue, Anabel Pantoja coreaba las canciones de su tía mientras Chabelita estaba descubriendo en directo un disco que lleva grabado unos cuatro años y del que desconocía su contenido, como nos confesó: «Solo he oído la que van a sacar» (en alusión al ‘single’).

En pleno subidón Pantoja, porque la cantante nos conquistó a todos, incluidos los más reticentes, cuando le pregunté a Chabelita cómo había vivido el concierto, sin mover un músculo de la cara, me respondió (antes de cambiar de tema y ponerse a hablar de Alejandro Albalá): «Ha estado muy bien».

Las conclusiones las sacáis vosotros… Ya no digo más nada.