Katy Perry vivió en 2017 el peor momento de su vida, pese a que ya había caído en depresiones antes. Rompió con Orlando Bloom y su carrera tocó fondo por las malas ventas de un disco. El suicidio fue una opción que pasó por su cabeza, pero no se rindió


El éxito y la fama pueden dar mucho dinero, a millones, pero no en sí la felicidad. Eso bien lo sabe Katy Perry, que sabe muy bien que este sentimiento no se encuentra en los ceros de su cuenta corriente, sino en las experiencias que llenan su alma y su corazón y que le sirven como motor para seguir subiéndose a los escenarios para regalar su talento. Ahí ha jugado un papel decisivo Orlando Bloom, el actor que la enamoró por sorpresa y trastocó todos sus planes de vida, tanto, que incluso ha decidido formar una familia con él, esperando la llegada de la que será su primera hija en común. Sin embargo, su relación no ha sido siempre un camino de color de rosa, porque sufrieron un profundo bache que llevó a la artista incluso a replantearse seriamente si quitarse la vida. Algo que, por fortuna, no llegó a hacer.

Así lo ha confesado sin miedo la propia Katy Perry en una entrevista concedida a la radio canadiense ‘Q on CBC’, donde la cantante ha desvelado el peor momento que vivió en su vida en 2017. Por aquel entonces, la artista sufrió una crisis de pareja con Orlando Bloom, que coincidió con un bache profesional debido a las escasas ventas de su disco, ‘Witness’. La tristeza se apoderó de Katy Perry y entró en un ciclo de negatividad del que no sabía salir: “Perdí mi sonrisa. No sé si mi sonrisa fue alguna vez completamente mía, pero estuve mucho tiempo viviendo de la validación, amor y admiración del mundo, y de repente todo cambió”, se sincera en una de sus entrevistas más profundas y reveladoras.

El hecho de que su carrera comenzase a entrar en barrena por los malos datos cosechados con su disco supuso para ella un impacto “sísmico” que, según ella, “literalmente me partió en dos”. Además, esto se le unió al fracaso de su relación con Orlando Bloom, quien ahora es su prometido y del que espera su primera hija. Pero no fue fácil en su día, cuando “el álbum no me animó, la validación externa no me levantó el ánimo, me hundí”, confiesa. Un hecho del que supo sacar finalmente el lado positivo, aunque no sin antes tocar fondo: “Para mí fue muy importante el estar rota, porque así pude encontrarme a mí misma de una manera totalmente nueva. Así pude encontrar más dimensiones de mí misma, en vez de ser una estrella del pop ambiciosa todo el rato”.

Lo que fue decisivo para salvarle la vida a Katy Perry fue la gratitud: “Si no hubiera encontrado maneras de sentirme agradecida, me hubiera quedado atascada en la tristeza y probablemente me hubiera rendido”. Y es que la cantante ya ha atravesado varias crisis en su vida, llegando incluso a confesar haber caído en la depresión, pese a su profundo sentimiento religioso y el tener a sus dos padres como pastores evangélicos como guía personal. “La música fue mi primer amor, que fue el universo el que dijo ‘bueno, tú siempre hablas sobre el amor propio y la autenticidad, pero ahora vamos a someterte a otra prueba y a quitarte cualquier tipo de validez’. Entonces veremos cuánto te amas a ti misma en realidad”, decía en su día en otra entrevista concedida en 2018, después de superar su bache personal más grave, a la revista ‘Forbes’.

Por fortuna, Katy Perry logró salir del bache, se le fue de la mente la idea de “rendirse” y se reencontró consigo misma y con su gran pasión, lo que le dio fuerzas para luchar por aquello que amaba: su carrera y al propio Orlando Bloom, con el que volvió a retomar la relación, para ahora estar planeando una boda y la llegada de su primera hija en común. Las vueltas que da la vida.