La presentadora habla abiertamente de la terapia psicológica que recibe desde hace un año. Gracias a ella canaliza mejor las emociones y las críticas recibidas por su trabajo en televisión.


Su defensa acérrima a raíz de la emisión del documental de Rocío Carrasco ha pasado factura a Carlota Corredera. Desde que comenzara la polémica docuserie, la presentadora se ha posicionado a favor de la hija de Rocío Jurado y ha condenado públicamente a Antonio David Flores. Sus palabras la han situado en el ojo del huracán mediático y han hecho que pida ayuda para sobrellevar el aluvión de comentarios surgidos como consecuencia de su comportamiento dentro y fuera de las cámaras.

Ante la presión a la que ha estado sometida, la presentadora ha decidido pedir ayuda. Y ha tomado una importante decisión: «Estoy yendo a una psicóloga», ha confesado. Dar este importante paso la ha ayudado a resolver por fin una cuestión que era «una asignatura pendiente». 

«Estaba muy tocada»

Según la de Vigo, desahogar sus inquietudes con un profesional de la salud mental ha sido su «mejor decisión». Ella se confiesa como una mujer «abierta y charlatana», y su personalidad la ayuda a canalizar bastante bien las emociones. Sin embargo, en los últimos meses se ha hablado mucho sobre ella, así que tras el estallido de la pandemia vio que era el momento de solicitar la orientación de un experto. «Me hacía falta ayuda profesional, porque quienes salimos en la tele estamos continuamente expuestos y se nos juzga por nuestro físico, por nuestras palabras… por cualquier cosa», ha resaltado en una entrevista a ‘Saber vivir’.

Gracias a la terapia que recibe, Carlota Corredera está sobrellevando mejor los sofocones propios de su trabajo en televisión. A sus 47 años, ha aprendido a relativizar los comentarios que se hacen sobre ella en las redes sociales. Ha aprendido también a no llevarse a casa las peleas y los disgustos que suceden en el plató de ‘Sálvame’. «Estaba muy tocada», ha detallado al diario ‘El Mundo’ sobre este asunto.

© Telecinco.

Corredera lleva un año de tratamiento psicológico y está muy satisfecha con los avances que ha conseguido. Necesitaba de una vez por todas «poner freno a esos pensamientos negativos» y diferenciar bien las presiones de su labor frente a las cámaras de todo lo que acontece en su vida privada. Una vida en la que se siente plena y feliz.

Asegura que se necesitan «pocas cosas» para ser feliz

Casada con Carlos de la Maza desde el año 2013, la periodista es madre de una hija llamada Alba. La pequeña, de seis años, colma de felicidad su día a día. Porque además de su trabajo, a la gallega se siente inmensamente feliz al lado de su familia. Convencida de que en esta vida «necesitamos muy pocas cosas para ser felices», la compañía de sus seres queridos es lo que más le gusta.