Si hay un amigo que nunca ha dejado caer a la presentadora, ese ha sido Raúl Castillo. Tras las campanadas, la Obregón reveló cómo se sintió y cómo fue ese momento.


Ana García Obregón robó este viernes los corazones de toda España con su discurso de amor, el día de las campadas de noche vieja. Acompañada de la gran Anne Igartiburu, la actriz ha desempolvado su alma y, ante una Puerta del Sol vacía por el coranavirus, Ana ha mostrado su sonrisa, durante meses oscurecida tras perder a su único hijo, Aless Lequio, a los millones de espectadores de televisión española. Lo ha hecho por su fidelidad al ente público. Y también por su hijo, al que ha dedicado las campanadas. Pero pocos se han percatado de lo que ocurrió tras regresar a su casa y explicado por ella misma.

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«Sigo de luto y Alejandro ha tenido mucha paciencia, porque ha elegido el blanco, que es mi tono», decía. «Estoy muy emocionada. Quiero mandar un mensaje de esperanza. Este año muchas personas han perdido un ser querido, así que esta noche vamos a recordarle y a mirar al futuro con la convicción de que vamos a salir adelante. Por enfermedades como el cáncer y otras que no se hablan de ellas. Por los que luchan y por los que siguen luchando, pido un aplauso muy grande. Siempre hay esperanza».

Profesional. Ana Obregón se ha vestido de gala, ha pisado el escenario y, como siempre, ha conquistado. La madrileña superaba su emoción para continuar con sus esperanzadoras palabras para todos los españoles. «Estoy mandando un mensaje de esperanza para todo España y salir de esto solo depende de nosotros. Sé que la pandemia es tremenda, pero el cáncer también», explicaba para luego terminar desnudándose ante toda su audiencia. «Mi corazón estará cada segundo contigo» dijo en referencia a Aless, mientras mandaba un beso eterno al cielo.

Eterno como ella, eterno como su amor a Aless y eterno como será la presencia de ese niño que, estamos seguro, nunca dejará sola a su madre. Porque como ella misma afirma y afirmamos, ella siempre será madre. Pues bien, la presentadora, en un alarde más de generosidad, quiso compartir al día siguiente, en el muro de su amigo Raúl Castillo, que la acompañó esa noche en el balcón de La Puerta del Sol, unas palabras cargadas de emotividad y en las que expresa cómo se sintió al regresar a su casa de la Moraleja.

Si hay un amigo que no ha soltado nunca a la Obregón de la mano, ese ha sido Raúl. Este hombre, relaciones públicas de una conocida discoteca del centro de Madrid y amigo de muchas celebridades españolas, ha acompañado a Ana en casi todos los momentos de su vida, incluido en estas últimas campanadas. Con motivo de este especial acontecimiento, el también periodista ha subido un post en sus redes sociales en el que ha elogiado la valentía de su amiga. Un post que Ana quiso contestar, y a su vez sincerarse con un momento, hasta ahora inédito.


“Gracias Ra, ojalá pudiera encontrar las palabras para agradecerte tu amistad y amor de tantos años, pero sobre todo como me sujetas cada segundo para que no caiga en ese hoyo que me tienta cada día”, le respondía de manera honesta y sincera. “Despediste el año a mi lado en La Puerta del Sol y el primer abrazo fue el tuyo. Me viste vestida y enjoyada y cuando me dejaste en casa me abrazaste cuando me derrumbé. Y lloramos juntos. Gracias”.

Una dedicatoria que revela lo que sucedió cuando la creadora de “Ana y los 7” llegó a su casa. Y que revela, nuevamente, la generosidad desmesurada de la Obregón en estos momentos. Raúl ha compartido grandes momentos al lado de Ana Obregón. Fiestas, cumpleaños, vacaciones, su vuelta de Miami tras irse a vivir con Álex.

Ana le ayudó mucho a recuperarse tras el fallecimiento de su padre y juntos grabaron un reality que le ayudó a sobreponerse y a seguir adelante. Un gesto que jamás olvidará. Raúl entiende perfectamente el interés que generan en estos momentos sus palabras, pero él, como ha hecho a lo largo de tantos años de amistad, lo único que le preocupa es poder ver a su amiga bien. Y lo está consiguiendo con creces.