Alberto Dugarte se ha convertido por méritos propios en uno de los referentes del maquillaje en España. En su cartera de clientes se encuentran personajes como Ana Obregón, Isabel Pantoja, Georgina Rodríguez… Junto a su equipo se encarga de los programas y realities más importantes de la televisión, desde Got Talent a Mask Singer… Este joven canario, de sangre venezolana, nos ha abierto las puertas de su casa de Madrid para contarnos qué se esconde detrás del responsable de que nuestras famosas luzcan los mejores maquillajes y contarnos cómo ha sido su vida hasta llegar al éxito del que disfruta hoy.

¿Hace mucho que vives en esta casa?
En primer lugar quería decirte que estoy feliz de sentarme con vosotros y recibiros en mi casa porque llevo muchos años colaborando con SEMANA, así que me hace mucha ilusión. Me compré este pisito aquí en el centro y llevo yados añitos en esta casa. Estoy feliz aquí.

Dos añitos. ¿Y qué fue lo que más te gustó de ella?
Pues la comodidad. Estaba cerca de mi trabajo y quería comodidad.

¿Te has encargado tú de la decoración?
Toda la reforma de mis locales y de mi casa las he hecho yo. Es algo que me gusta mucho. Yo creo que si no fuera maquillador sería decorador, porque me encantan las reformas.
Nos estás enseñando la residencia que te has comprado, pero también tu segunda casa. Tu academia de maquillaje. Cuando yo soñaba con mi academia de maquillaje y de peluquería, quería un espacio en el que la gente se sintiera como en casa. Entonces he creado en la academia diferentes espacios donde se sienta la magia y la esencia de todo lo que yo quería transmitir y lo que he sentido durante toda mi trayectoria.

¿Quién es Alberto Dugarte?
Un soñador. Un soñador que soñó muy alto y lo consiguió. Suena fácil, pero no siempre lo es.

Alberto Dugarte
Joan Crisol

Ha habido momentos complicados, ¿verdad?
Yo siempre digo que, si puedes soñarlo, puedes hacerlo real. En mi caso, lo he hecho real a base de esfuerzo y trabajando muchísimo. Creo que los sueños se pueden conseguir, pero hay que salir a buscarlos. No te van a venir a buscar a tu casa. Y en ese proceso hay momentos en que lo que lo pasas bien y otros que lo pasas muy mal. También te llevas muchas decepciones y creo que eso al final es lo que forma lo que hoy somos.
Háblame de esos duros inicios…Fueron muy duros porque yo me fui de Canarias y me vine solo a Madrid, sin familia, sin amigos y compartiendo piso con seis personas. Yo me decía: “Madre mía, ¿qué he hecho?” Con lo bien que estaba yo en Canarias, porque allí ya tenía mi espacio y ya era bastante reconocido y me fui a la península, no por buscar más, sino por desamor. Vine a empezar de cero. Así que fueron como seis años bastante duros, viviendo de hacer colaboraciones…

¿Llegaste a pasar hambre?
Había días en los que solo tenía una lata de atún y unos espaguetis. Hablamos de tiempos muy duros. Luego llegó una época en la que me fui a vivir con Amor Romeira (exconcursante de Gran Hermano) y ahí ya nos íbamos repartiendo un poco la comida. Por eso la quiero tanto. Conseguía a través de ella colaboraciones para poder ir a comer a restaurantes… Eso nos unió muchísimo. Todo eso que viví me ha hecho valorar todo lo que me está pasando. Creo que fue una etapa que me enseñó mucho de mí mismo.

¿Recuerdas el momento más duro?
El momento más duro fue cuando mi madre me llamó y yo le dije que estaba genial cuando no tenía dinero ni para poder salir a la calle. Entonces me sentía mal porque le estaba mintiendo a mi madre y yo nunca miento. No me gusta mentir, lo odio, pero tampoco quería preocuparla, ni tirar la toalla.

¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que las cosas empezaban a mejorar?
Todo fue poco a poco. Hice la película con Ridley Scott en Fuerteventura y dije: “Wow, por fin me han contratado como un profesional”. Y a partir de ahí me fueron poco a poco saliendo cosas. Recuerdo también el momento Sálvame, que estábamos todos los jueves en la sección con Manuel Zamorano. No hubo un momento concreto, fue más bien evolutivo.

Alberto Ugarte
Joan Crisol

¿Y cómo enfoca la vida una persona que ha empezado de cero y que acaba convirtiéndose en un referente del maquillaje?
Pues viviendo esta profesión desde otra perspectiva. Muchas veces escucho hablar a mis alumnos y les digo que valoren lo que tienen en este momento porque no llegan a ser consciente de lo difícil que es irte a Milán a maquillar a Georgina Rodríguez o estar con Paula Echevarría o estar con Ana Obregón. Yo siempre les recalco que hay que valorar, absorber y aprender todo lo que puedan. Pero, eso sí, dentro de la humildad.

¿Después de tu éxito has sentido que ahora hay gente que se acerca a ti por interés?
Es una de las partes que peor llevo de esto, pero yo duermo tranquilo porque no le he hecho nada malo a nadie, al menos con mala intención. Eso es lo que me da tranquilidad.

A lo largo de este tiempo has experimentado diferentes cambios físicos. ¿A lo largo de tu vida has sentido muchos complejos?
Yo he pasado por varias etapas. Primero, aceptar mi homosexualidad. Ese fue el primer paso para aceptar que podía ser maquillador y peluquero. Hasta ese momento en el que yo me acepté, con 19 años, no me imaginaba ni maquillando, ni peinando, porque pensé que eso era para gays e iba a decepcionar a mi entorno, a mis amigos, a mi familia y a mí mismo. Eso para mí no existía. Primero fue aceptar ese proceso. Después me metí en ser el mejor estudiante. Entonces tampoco me dediqué a mí y me abandoné como persona física.

¿Y existieron alguna vez esos complejos?
No. La verdad es que siempre he ligado y siempre me ha ido bien (se ríe).

Me contabas al inicio que llegaste a Madrid por un desamor, pero hora has vuelto a encontrar el amor.
Yo no quería tener pareja después de varias decepciones, pero llegó Alfonso. Al igual que yo ha sido una persona trabajadora que ha empezado desde cero. Ahora mismo tiene un centro médico estético muy reconocido en Córdoba. Es mi alma gemela.

Alberto, ¿Cómo eres como jefe? ¿Cómo es pasar de estar tú solo sacándote las castañas del fuego a tener dos academias con toda una plantilla a tu cargo?
Ahora mismo tengo 25 personas fijas contratadas y después tengo los equipos de rodaje de televisión y series. Yo como jefe soy un compañero más. Yo no quiero que me vean como jefe, por supuesto que me respeten, pero que cada uno haga lo que tenga que hacer. Pero sí es verdad que todo lo que no me ha gustado, he intentado corregirlo y que sean felices, que disfruten trabajando, que quieran venir a trabajar, que lo deseen. Eso es lo que yo me propongo cada día.

Maquillas a muchas de nuestras grandes estrellas ¿Es verdad que se acaba ejerciendo un poco de psicólogos con ellas?
Completamente. Somos la transición en la conexión con el exterior. Es decir, viene un presentador de su casa, de su entorno, sus problemas, su vida, su familia, pasan por tus manos, se desahogan contigo y salen a dar la cara fuera. Igual que una sesión de fotos o un videoclip, pasan primero por tus manos, que es el momento de transición de persona a personaje.

Alberto Dugarte
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Tienes una larga cantera de personas famosas que son fieles clientas, desde Isabel Pantoja, Ana Obregón, Paz Padilla, Georgina Rodríguez… ¿Cuál es el factor que caracteriza a todas ellas?
La buena energía y que me divierten. Ana Obregón, por ejemplo, es una persona súper dulce, que te invita a que vayas 20 minutos antes a su casa para que puedas tomarte un café con ella y te sientas cómodo. Ese cariño, al final es una cosa que tienen todos en común.

¿Y ahora en qué proyectos te encuentras actualmente?
Estoy con varios proyectos con Warner, he grabado un reality nuevo por HBO, Got Talent y cosas que todavía no puedo adelantar. Pero lo que más ilusión me hace es la próxima academia que voy a abrir en Córdoba. Era uno de mis grandes sueños.

¿Algo que todavía no hayas hecho y te gustaría hacer?
Pues sacar mi propia línea de maquillaje completa.

¿Se puede decir que eres rico?
Me paso la vida invirtiendo y también ahorrando, porque si no, no se puede mantener todo, pero tampoco quiero ser el más rico del cementerio.