El heredero de la Casa Saboya, la dinastía derrocada en Italia, publica una extraña carta pidiendo perdón a los judíos por unas leyes xenófobas firmadas por su bisabuelo.


Manuel Filiberto de Saboya es nieto del que fuera último rey de Italia, Umberto II. Tras la II Guerra Mundial la monarquía fue derrocada en el país y con ellos todos se marcharon al exilio. Es por eso por lo que el joven nació en Suiza, en 1972, donde se habían instalado sus padres, Víctor Manuel de Saboya y Marina Doria. Eso no quita para que tanto sus progenitores, como él, lleven a gala ser los que portan los derechos sucesorios de la dinastía. Y en virtud de esta responsabilidad, por así llamarla, el príncipe ha realizado una última intervención pública. Eso sí, de naturaleza bienintencionada, pero bastante surrealista.

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Manuel Filiberto ha publicado una carta de disculpas en nombre de la familia Saboya. En ella pide perdón por lo que hizo su bisabuelo, el rey Víctor Manuel III, quien en su día favoreció el ascenso al poder de Benito Mussolini y firmo las llamadas Leyes Raciales, destinadas a eliminar los derechos de los judíos. El monarca no tuvo inconveniente en firmarlas, en 1938, año de antesala escalofriante para lo que se convertiría en el gran conflicto bélico del siglo XX. Carambolas del destino, más tarde sería el propio Mussolini el que se alzaría como dictador de Italia, llevando a la ‘extinción’ a los Saboya. En 1946, terminada la guerra, Victor Manuel abdicaría en su hijo, Umberto, quien solo conseguiría reinar durante un mes antes de que un referéndum a favor de la República decidiera su fin.

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Pasado el tiempo, el nieto de aquel brevísimo monarca ha asumido los errores de su familia y ha querido enmendarlos de algún modo. ¿Cómo? Pidiendo un perdón público… a través de una larguísima carta publicada en sus redes sociales.

«Me dirijo a todos ustedes, hermanos de la comunidad judía italiana, para expresarles mi sincera amistad y transmitirles todo mi afecto en el solemne ‘Día del Recuerdo’. Ciertamente no es una carta fácil, una carta que puede sorprenderte y que quizás no esperabas. Sin embargo, sepan que para mí es muy importante y necesario, porque creo que, de una vez por todas, ha llegado el momento de reconciliarnos con la historia y con el pasado de la familia que hoy estoy aquí para representar, en el nombre milenario de esa Casa Real que contribuyó de manera decisiva a la unificación de Italia, nombre que llevo con orgullo».

«SIENTO TODO EL PESO SOBRE MIS HOMBROS»

Y continúa: «Es en memoria de esas sagradas víctimas de judíos italianos que deseo pedir oficialmente y solemnemente el perdón en nombre de toda mi familia. He decidido dar este paso, por mí mismo necesario, para que el recuerdo de lo sucedido siga vivo, para que el recuerdo esté siempre presente. Condeno las leyes raciales de 1938, de las que todavía siento todo el peso sobre mis hombros y conmigo toda la Casa Real de Saboya y declaro solemnemente que no nos reconocemos en lo que hizo el Rey Vittorio Emanuele III. Una firma dolorosa de la que nos disociamos firmemente, un documento inaceptable, una sombra indeleble para mi familia, una herida aún abierta para toda Italia».

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El príncipe de Venecia apela también a los tristes episodios ocurridos en su familia: «Hasta mi Casa ha sufrido en primera persona. ¿Cómo podríamos olvidar la trágica muerte de mi tía Mafalda de Saboya, que murió el 28 de agosto de 1944 en el campo de concentración de Buchenwald después de una terrible agonía? ¿Cómo olvidar que mi tía María Saboya también fue deportada con su esposo y dos de sus hijos a un campo de concentración cerca de Berlín? Y ambas eran hijas del mismísimo Vittorio Emanuele III. Les escribo a ustedes, hermanos judíos, en el recuerdo angustiado de las demasiadas víctimas que ha perdido nuestra querida Italia. Les escribo esta carta, sinceramente sentida y deseada, que dirijo a toda la comunidad italiana, para volver a atar esos hilos lamentablemente rotos, para que sea un primer paso hacia ese diálogo que hoy deseo retomar y seguir personalmente. Con toda mi sincera hermandad».

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Sin embargo, pese a sus buenos deseos, la jugada le ha salido rematadamente mal. En particular por parte de las familias de las víctimas. La Unión de Comunidades Judías Italianas ha respondido así al escrito a través de su presidenta, Noemi Di Segni: «Lo ocurrido con las Leyes Raciales fue el resultado de una larga colaboración con una dictadura que fue una ofensa para italianos, judíos y no judíos, que no se puede borrar ni olvidar. El silencio sobre estos hechos de los descendientes de esa Casa, que duró más de ochenta años es un agravante más».

«Los descendientes de las víctimas no tienen el poder de perdonar y tampoco corresponde a las instituciones judías rehabilitar a personas y hechos cuyo juicio histórico está grabado en la historia de nuestro país. Los crímenes de Vittorio Emanuele III y el fascismo representaron una abominación, una tragedia en la historia de Italia y seguirá siendo una advertencia por generaciones». Una respuesta que finalizan con educada cortesía asegurando que «tomamos nota de las palabras de consternación y arrepentimiento expresadas».

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Manuel Filiberto de Saboya se ha distinguido siempre por su perfil de ‘socialité’ más que como un heredero de la realeza. Eso sí, ha sacado buen provecho de esa condición. Casado desde 2003 con la actriz francesa Clothilde Courau, madre de sus dos hijas, Victoria y Luisa, el príncipe ha intentado el triunfo por todos los medios y en todo tipo de negocios. Sacó una línea de camisetas, se lanzó a la carretera mostrando sus dotes culinarias por California a bordo de su propio food truck, llamado Príncipe de Venecia, y hasta cautivó a la audiencia ganando la edición italiana del concurso «Bailando con las estrellas». Esta semana, el italiano concedía una entrevista en la revista francesa Point de Vue, en la que señala: «No lo he dicho para excusar a nadie».