El pasado viernes 21 de octubre, la Casa Imperial Rusa anunciaba el nacimiento de un nuevo miembro para la dinastía Romanov, la última que reinó hasta que la Revolución Rusa acabó con la monarquía en aquel país. El primogénito del príncipe heredero Jorge y de su esposa, la princesa Victoria, vino al mundo en Moscú y tanto la madre como el bebé se encuentran perfectamente.

jorge romanov

Es el primer hijo de la pareja, que contrajo matrimonio el pasado 1 de octubre en la catedral de San Isaac de San Petersburgo. Poco antes lo hicieron por lo civil. Aquella fue una boda real en toda regla, la primera de este tipo en el país desde hacía más de un siglo, cuya grandiosidad hizo resucitar la nostalgia de los tiempos imperiales. La novia era la escritora italiana Rebeca Bettarini, quien desde ese día adoptó el nombre de princesa Victoria Romanova.

Poco más de un año después han sido padres. Ella tiene 40 años y el príncipe, 41. Este, por cierto, nació en Madrid, siendo el único hijo de la Gran Duquesa María, que también llegó al mundo en la capital española y ha residido en España durante muchos años. Ella es la portadora de los derechos dinásticos de la Casa Romanov y ya ha dicho que desea que su nieto crezca sano y feliz.

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La paternidad les toca ya con experiencia y madurez, además de dar una esperanza más a los monárquicos rusos. Incluso el nombre que le han puesto a su hijo recuerda esos tiempos gloriosos: Alexander. Pero no en homenaje a Alejandro Magno, sino a Alexander Nevski. Este es una figura muy reconocida en la historia de Rusia. Fue un príncipe del siglo XIII, que acabó convirtiéndose en un importante líder ruso contra las invasiones extranjeras. Su sobrenombre, Nevski, proviene precisamente de su victoria contra los suecos en el río Nevá.

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Aquel fue todo un héroe que logró unificar los principados del norte del territorio ruso antes de morir, en 1263, a los 43 años. Fue canonizado en 1547 por la Iglesia Ortodoxa rusa como San Alejandro Nevski, celebrando su festividad el 6 de diciembre. El director de cine Eisenstein realizó una película con su nombre en 1938. Que Jorge Romanov haya  elegido este nombre para su heredero tiene mucho de simbólico.