La princesa Charlène ha experimentado un notable cambio físico a causa de su enfermedad: más delgada, con aspecto cansado, ojeras y la mirada muy triste.


La princesa Charlène está atravesando uno de los peores momentos de su vida. Todo a consecuencia de la grave infección de oídos, nariz y garganta que la mantiene desde hace casi cuatro meses en Sudáfrica, sin poder viajar y alejada de su familia. Todo ello ha dejado una huella indeleble en su rostro. Porque a nadie le ha pasado inadvertido el gran cambio operado en ella: en su cara se refleja cansancio, dolor y las secuelas de una enfermedad que se ha revelado más preocupante de lo que parecía al principio.

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Durante todo este tiempo la esposa del príncipe Alberto de Mónaco se ha sometido a distintos tratamientos y operaciones (la última muy reciente, el pasado 13 de agosto). Ahora ha recibido la visita de su marido y sus dos hijos, los mellizos Jacques y Gabriella, de 6 años. Los tres están con ella ayudándola, al menos anímicamente, en su recuperación.

Ayer mismo éramos testigos de este esperadísimo reencuentro familiar gracias a las fotos compartidas en las redes sociales por la propia Charlène. En ellas manifestaba su alegría por tenerlos «de vuelta» e incluso bromeaba con el corte de flequillo que se ha hecho su hija y que ella ha tratado de arreglar lo mejor posible. Hacía casi tres meses que no los veía en persona, que no los podía abrazar ni besar. Porque en estos meses su marido y sus hijos solo la habían visitado una vez, el pasado junio.

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Más tarde, la princesa Charlène subía otras dos fotos, pero ya solo con su marido. Con ello lanzaba un claro mensaje al mundo justo cuando han cobrado más fuerza que nunca los rumores sobre un «divorcio inminente» de la pareja. Eso es lo que dejó caer una tía del monarca en unas recientes declaraciones a la revista italiana Oggi: «Alberto me ha hablado de distancia física e interior con Charlène». 

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Abrazados, sonrientes… ¿La viva imagen de la felicidad? Desde luego es la ‘prueba’ de la reconciliación del matrimonio, o al menos de la no separación. Aunque, como siempre sucede con Alberto y Charlène, las dudas siguen sobrevolando su relación. ¿Esto es un gesto de cara a la galería o un reencuentro amoroso de verdad?

Los gestos hablan por sí solos. En la foto del abrazo, la pareja junta sus mejillas, pero en ningún momento se mira a los ojos. Y el abrazo parece algo forzado. La mano de Charlène en la espalda de Alberto está cerrada en un puño, no relajada. Alberto mira hacia lo lejos…

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Sin embargo, en ambas fotografías lo que más llama la atención es el rostro de la princesa. El peso de la ausencia familiar y los efectos de una enfermedad prolongada han causado estragos. Sus ojos reflejan tristeza.

Charlène está visiblemente más delgada, no lleva maquillaje, muestra sus ojeras y lleva  un pañuelo rodeando su cabeza (ocultando las orejas, seguramente para proteger sus oídos dañados), bajo un sombrero. Además va vestida con un chándal de camuflaje y botas de invierno. Nada que ver con su habitual estilo glamouroso y muy lejos de sus últimas imágenes públicas. La esposa de Alberto parece otra y transmite una gran fragilidad. Solo habrá que dar tiempo al tiempo para que la princesa pueda recuperar del todo su salud y regresar a casa en Mónaco junto a los suyos.