El Día Nacional de Mónaco nos deja el ‘enfrentamiento’ de estilo entre dos grandes de la realeza y de la moda: Charlène y Carolina. ¿Apostamos por una?


El Día Nacional de Mónaco es estupendo por muchas razones y una de ellas es que nos trae de regreso a la escena pública a la familia Grimaldi. Esto, desde los tiempos de la princesa Grace, supone uno de los momentos más agradecidos para la prensa. Jóvenes y bellos, en un entorno idílico frente al Mediterráneo y con sus mejores galas. Poco más se puede pedir. Este año la festividad ha sufrido muchas restricciones, pero no nos hemos quedado sin lo mejor. Es decir, ellos mismos. Y tenemos que empezar hablando de Charlène de Mónaco, la primera dama, la ‘reina’ del Principado, que se ha batido en duelo con otra grande entre las grandes (para algunos la más). O sea, su cuñada: Carolina de Mónaco.

Siempre nos empeñamos en buscar a la más digna sucesora de la bellísima Grace, cuando lo cierto es que sus continuadoras tienen un estilo propio, y además muy marcado. En esta fiesta lo han demostrado más que nunca. La princesa Charlène ha aparecido espectacular y sobria, si bien de un modo engañoso. Porque su look estaba elaboradísimo. Un abrigo largo que ejercía como vestido protagonizaba el estilismo. En negro, aunque el detalle importante estaba por debajo, en el forro púrpura, un color asociado a la jerarquía eclesiástica. Por cierto, a juego con su cartera.

Como remate, una boina-bonete, con rejilla, también inspirado en la moda monacal. Su mascarilla a juego negra con el escudo del Principado, unos zapatos de tacón medio (para no sobresalir demasiado por encima de Alberto), unos grandes pendientes de perlas y su nuevo corte de pelo (su bob más corto y rapado en la nuca) hacían el resto. Sobresaliente máximo.

Gtres.

Por otro lado dirigimos nuestra mirada a la princesa Carolina, considerada una de las mujeres más elegantes del mundo desde hace décadas. Ella no tiene que demostrar nada ya, pero en esta ocasión ha vuelto a darnos una lección. Para este día ha elegido también el negro de base, más respetuoso y adecuado en tiempos de pandemia, combinado con toques blancos. En su caso, un traje de chaqueta con botoncitos delanteros terminada en flecos y falda en tejido brillante de Chanel, su firma fetiche. Como detalle final, unos guantes largos blancos y una diadema en la cabeza. Un look de clase, de ‘más con menos’, como ella sola sabe hacerlo.

Cada a una a su manera representaban lo mejor del Principado. Muchos años después de que un accidente de carretera segara la vida de la princesa Grace, sabemos que el glamour de Mónaco continúa muy vigente.