Los mellizos Jacques y Gabriella derrocharon expresividad (incluso poco protocolaria) en la inusual celebración de San Juan en el Principado.


Esta festividad de San Juan ha sido muy diferente a lo que marca la tradición. Nada de hogueras en la playa y saltos rituales por encima del fuego purificador, nada de festejos populares… La situación provocada por la crisis del coronavirus ha impedido que este año se celebre siguiendo estas antiguas costumbres, pero ha habido alternativas respetuosas con las medidas de precaución. En Mónaco, por ejemplo, Alberto y Charlène no faltaron a su cita anual presidiendo el acto oficial. Y además acompañados por sus dos hijos, los mellizos Jacques y Gabriella.

El príncipe y su esposa asistieron en primer lugar a una misa en la capilla palatina, tras lo cual se asomaron desde la baranda del Palacio Principesco hacia la gran plaza para disfrutar de un espectáculo de baile a cargo de un grupo de danza con los bailarines luciendo el traje típico de Mónaco. Charlène de Mónaco llevaba un traje con escote en uve negro y un original peinado, con toque folk, consistente en un doble trenzado por detrás unido en la parte superior a modo de diadema. También sobresalía su flequillo, que se ha cortado hace poco. Los labios rojos llamaban poderosamente la atención desde la distancia, destacando sobre su blanca piel.

Sin embargo, los que de verdad acapararon la atención fueron sus hijos: el príncipe heredero y su hermana, de cinco años, son un derroche de expresividad. Sobre todo Gabriella, quien en algún momento no pudo ocultar cierto cansancio. Y eso que en la plaza tenían lugar vistosos movimientos. La culminación llegó con el encendido de una hoguera dispuesta en el centro de la plaza, cuyas llamas se alzaron con fuerza para deleite de los presentes.

Alberto y Charlène poco a poco están recuperando el ritmo habitual en sus apariciones públicas. De hecho sorprende la gran cantidad de actividades que están compartiendo en los últimos tiempos. Hay que recordar que son famosas las largas ausencias públicas de la princesa, a quien prácticamente se le achaca vivir separada de su marido en la mansión de verano de Roc Agel. Sea como sea, el matrimonio no parece estar dispuesto a dar pábulo a sus supuestas crisis y ahora se muestra fuerte y unido. El último mensaje de la princesa es de lo más revelador: «Si Alberto I era el explorador y el Príncipe Rainiero III, el constructor, Alberto II es el príncipe del corazón… de mi corazón», ha escrito en un mensaje compartido en las redes sociales de la fundación PCMF South Africa.

Hace unos días Alberto y Charlène acudían del brazo al funeral de Elizabeth-Ann de Massy, prima hermana del monarca, al que también asistió el resto de la familia Grimaldi, empezando por sus hermanas, las princesas Carolina y Estefanía, y los hijos de estas. En aquella ocasión todos portaban las obligatorias mascarillas. Recordemos que el príncipe superó el coronavirus. No ha sido necesario esta vez, ya que la familia principesca estaba en su propia casa. Eso nos ha permitido ver sus rostros y sus gestos, que a veces valen más que mil palabras.