Los preparativos para el funeral del esposo de la reina de Inglaterra ya están en marcha. Está previsto que su cuerpo repose en los Jardines de Frogmore, en Windsor.


La reina Isabel ha sufrido uno de los mayores dolores posibles: la pérdida de Felipe de Edimburgo, su marido durante 73 años, su compañero, su «roca», como solía llamarle, y el gran amor de su vida. Ahora se prepara para despedirle con todos los honores, tanto en privado como en público, y así rendir tributo a su larga historia en común. A partir de este momento se pone en marcha un protocolo con los pasos debidamente establecidos, aunque no se tratará de un funeral de Estado, sino de uno ceremonial, tal y como era el deseo del fallecido.

La soberana británica entra en un periodo de luto de ocho días, en los que no cumplirá con deberes oficiales ni firmará ninguna ley. La bandera británica ondeará a media asta en los sitios oficiales. Tras esta semana, el duelo se alargará hasta 30 días más antes de que la reina regrese a sus tareas.

Los preparativos para su funeral, dirigidos por el Lord Chamberlain, mano derecha de la reina, ya han sido anunciados. Será el sábado 17 de abril, a las 3 de la tarde, en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor. El servicio religioso comenzará con un minuto de silencio declarado en todo el país. Antes de eso, tendrá lugar el desfile del cortejo fúnebre en los alrededores de Windsor. Los planes respetan los deseos personales del duque y servirán para honrar sus casi 70 años de servicio a la reina, al Reino Unido y a la Commonwealth. Su funeral será de tipo ceremonial, el mismo que tuvo la Reina Madre, madre de la reina Isabel, ya que los de Estado se reservan para los monarcas.

El féretro con los restos de Felipe de Edimburgo, cubierto con su insignia personal y una corona de flores, permanecerá en la Capilla Privada de Windsor hasta el día de su funeral. Allí podrá ser velado en la intimidad por la familia Windsor y no se permitirá el acceso al público. Unos momentos para que todos y cada uno de ellos puedan despedirse, llorar y reconfortarse. Después se procederá a los actos funerarios en sí.

El 17 de abril el féretro será levantado por militares (recordemos la estrecha relación del fallecido con el Ejército) hasta la entrada principal de Windsor. Posteriormente será colocado en un vehículo Land Rover construido para la ocasión (ya que el duque participó en su diseño), y flanqueado por soldados desde allí iniciará una corta Procesión Ceremonial hasta la capilla de San Jorge. Carlos de Inglaterra, su primogénito y príncipe de Gales, presidirá el solemne cortejo junto a otros miembros de la Familia Real y de la casa del duque de Edimburgo caminando por detrás del féretro.

UN FUNERAL EN WINDSOR

La ceremonia religiosa se celebrará en la capilla de San Jorge de Windsor y será retransmitida por televisión a todo el país. El ataúd, llevado a hombros por un batallón de la Marina Real, será recibido en lo alto de las escaleras por el Deán de Windsor y el arzobispo de Canterbury. Sonará el Himno Nacional y la banda de gaitas interpretará varias piezas a lo largo del proceso. La gorra naval y la espada del duque de Edimburgo se depositarán sobre el féretro, mientras que sus medallas y condecoraciones logradas a lo largo de su vida, además de las alas de la Real Fuerza Aérea y sus insignias de Dinamarca y Grecia, se expondrán en cojines en el altar de la capilla.

Tras el minuto de silencio comenzará el oficio religioso. Dentro de la capilla solo estarán la familia del difunto y su secretario personal. A su término, el esposo de la reina recibirá sepultura en la Bóveda Real de la capilla de San Jorge, donde reposan otros miembros de la realeza, entre ellos los padres de la reina Isabel y el duque de Windsor.

En la página oficial de la reina se ha abierto un espacio en memoria del duque de Edimburgo para que, quien lo desee, pueda dejar sus mensajes de condolencia y mostrar su cariño a su viuda.

Se habla también de la posibilidad de que la reina Isabel grabe un mensaje dirigido a la nación, aunque depende de cómo se encuentre. No hay que olvidar que en unos días, el próximo 21 de abril, ella cumplirá 95 años. Una edad también venerable y más teniendo en cuenta el enorme golpe que acaba de recibir. Pese a la legendaria profesionalidad de la soberana (que ha hecho suyo el lema de no mostrar nunca sus sentimientos en público), atrás queda una vida entera, se va el que ella consideraba su mayor apoyo, y no será fácil decir adiós.