La princesa Victoria de Suecia ha celebrado su 43 cumpleaños con su marido y sus hijos. Y su hija Estelle casi le roba el protagonismo…


El 14 de julio la princesa Victoria de Suecia cumplía 43 años, una fecha que en su país se tiene muy en cuenta y que hasta tiene nombre y festividad propia, el Día de Victoria. Desde que tiene dos años siempre ha tenido lugar una celebración oficial para compartir los buenos deseos y felicitaciones con su pueblo. Sin embargo, este año se ha quedado con las ganas. Las medidas de seguridad derivadas de la pandemia de la Covid-19 han hecho que se cancelen algunos de los actos previstos y se modifiquen otros.

Ayer tarde la heredera, su marido y sus dos hijos aparecieron a las puertas del palacio de Solliden, en la isla de Öland, refugio vacacional de la Familia Real sueca. La familia posó en los jardines, muy relajados y sonrientes. Rápidamente llamó la atención el look ‘ibicenco’ de la princesa, con un vestido blanco con flores y encajes de la firma Malina y cuñas de Zara, muy entonado con el de su primogénita, Estelle, de ocho años. No hay duda de que a Victoria se le cae la baba con su hija, quien actualmente ocupa el segundo lugar en la línea de sucesión al Trono. Es decir, que si nada cambia un día está llamada a suceder a su madre como reina de Suecia.

El hecho es que Victoria tuvo un cumpleaños muy diferente a lo acostumbrado. No hubo el habitual encuentro con su pueblo en los jardines; su padre, el rey Carlos Gustavo, no le cantó el Cumpleaños Feliz en público ni lanzó varios hurras al aire… Ni siquiera el monarca y su esposa se han trasladado a la isla para evitar peligros, dado que son población de riesgo. Lo cierto es que a falta de sus padres, Victoria contó con la compañía de su marido, Daniel Westling, y de sus pequeños, Estelle y Oscar. Juntos y de puertas para dentro seguramente soplaron las velas de la tarta en la intimidad.

Ya por la noche tuvo lugar otro acto tradicional en su cumpleaños: el Concierto de Victoria. Para ello se desplazaron hasta las ruinas del castillo de Borgholm, donde se les unieron su hermano, el príncipe Carlos Felipe, y la esposa de este, la princesa Sofía. Estos fueron los únicos familiares presentes en su fiesta, ya que la princesa Magdalena y los suyos no pudieron viajar desde Florida debido a las restricciones internacionales. La velada musical fue de lo más curiosa, ya que no había público presente, limitándose a Victoria y su familia, y pocos invitados más. Eso sí, pocos, pero bien avenidos, disfrutaron muchísimo de una actuación privilegiada a cargo de los artistas, casi para ellos solos.

Como siempre, la princesa Estelle copó el protagonismo con su expresividad infantil. Encantada con la música y haciendo gestos de aprobación, no pudo evitar atraer la atención de mamá, para quien es la «niña de sus ojos». La pequeña fue el mejor regalo de la heredera en un día especial, diferente… pero también gratificante por disfrutar junto a sus seres queridos, aunque no estuvieran todos.