El príncipe Ernesto de Hannover se enfrenta en los tribunales con su primogénito acusándole de ingratitud y reclamándole lo que ya le había donado…


Nuevo capítulo en el ya largo historial de acontecimientos vitales de Ernesto de Hannover. Y este apunta directamente a su sangre. Tras muchos tiras y aflojas públicos, ahora el príncipe se ha decidido a demandar a su primogénito, Ernesto Augusto, de 37 años, segurando que su heredero ha violado sus intereses y derechos y que le ha abandonado. Por todo esto le reclama la devolución de los castillos de Marienburg, de Calenberg y Herrenhausen, que él le había donado y que el joven ahora gestiona como jefe de la Casa Güelfa, acusándole de «ingratitud».

Según la Audiencia Provincial de Hannover, el demandante señala que le regaló a su hijo dichas propiedades familiares entre los años 2004 y 2007 como herencia en vida. Pero el príncipe no está contento por cómo ha llevado la gestión su hijo y ahora se arrepiente.

El gran conflicto empezó hace cinco años, cuando su hijo decidió vender el palacio de Marienburg al Estado de Baja Sajonia, por el simbólico precio de 1 euro. Una salida dolorosa, pero necesaria, según el joven, ante la imposibilidad de mantener el altísimo coste de conservación del histórico edificio. A pesar de que iban a empezar los trabajos de renovación, Ernesto de Hannover logró paralizarlos y ahí comenzó la batalla, legal y personal, con su primogénito.

Esta última demanda ha terminado por minar la ya deteriorada relación con su hijo (el mayor de los tres que tiene, fruto de su primer matrimonio con Chantal Hochuli). Recordemos que se mostró públicamente en contra de su matrimonio con la diseñadora rusa diseñadora rusa Ekaterina Malysheva, en 2017, y que no asistió a su boda. Ahora la pareja tiene dos hijos, nietos del príncipe, Isabel y Augusto, de casi tres y dos años respectivamente.

Y es que no solo le pide «sus» tres castillos, sino también cinco millones de euros, según publica el diario alemán Bunte. Dicho periódico también afirma que Ernesto de Hannover vive solo, enfermo y aislado en una finca en Austria, en condiciones precarias, y que no ha obtenido respuesta de su hijo pese a las reiteradas peticiones de ayuda. El heredero tiene dos semanas para responder legalmente a su padre.

PADRE E HIJO, ENFRENTADOS

Los últimos años de Ernesto de Hannover han sido una sucesión de hechos extravagantes. A finales de 2020 volvía a copar los titulares después de protagonizar cuatro altercados con la Policía cuando se encontraba en un «estado de total intoxicación». La Fiscalía de Wels, en Austria, ha pedido tres años de cárcel, acusándole «de intentar repetidamente impedir que los agentes de policía realicen diversos actos oficiales mediante el uso de la fuerza y haciendo amenazas peligrosas, y de herir a algunos de ellos en el cuerpo». El próximo 23 de marzo Ernesto de Hannover deberá sentarse en el banquillo.

Sus problemas con el alcohol son notorios desde hace mucho tiempo, y fue una de las causas de su ruptura matrimonial con Carolina de Mónaco. Además, a sus 66 años, ha tenido otras complicaciones de salud, derivadas de un estilo de vida arriesgado, por las que incluso se ha llegado a temer por su vida.

Aunque lleva más de una década separado de la princesa monegasca, llama mucho la atención que esta no haya solicitado el divorcio. Según algunos medios alemanes, esto se debería a la petición expresa de sus hijos para evitar que el príncipe pudiera volver a casarse y tener más hijos, aumentando así el enredo familiar.

El segundo de los hijos de Ernesto de Hannover, Christian, reside en Madrid con su esposa, Sassa de Osma, y sus pequeños mellizos, Nicolás y Sofía, nacidos el pasado verano. Su hija menor es Alexandra, fruto de su matrimonio con Carolina de Mónaco.