Ya nadie en este planeta es ajeno a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. Tampoco las monarquías, alguna de las cuales se han visto afectada en primera persona, como Alberto de Mónaco, que hace unos días dio positivo en COVID-19 tras someterse a la prueba. En Bélgica los reyes Felipe y Matilde se están mostrando bastante activos para luchar junto a su pueblo contra la pandemia. El último ejemplo, sin embargo, no lo han dado ellos mismos, sino sus cuatro hijos. Con la primogénita y heredera a la cabeza, la princesa Elisabeth, los príncipes y princesas han sorprendido con una iniciativa destinada a paliar la soledad de las personas aisladas.

Así se posaron, todos juntos, unidos, ante varias cestas que contenían gofres caseros. Su destino fueron un par de residencias de mayores, para endulzarles un poco el aislamiento forzoso tanto a los residentes como al personal de enfermería. Y no solo eso. Además de los bollos, Elisabeth y sus hermanos también se pusieron al habla telefónica con personas que están solas en estos complicados momentos. Seguro que las palabras de ánimo de estos jovencitos les vino muy bien.

La Casa Real ha subido esta fotografía en sus cuentas de redes sociales con el texto: «Solidaridad con los más vulnerables», terminando con un mensaje de positividad«¡Fuertes juntos contra el Corona!».

El otro mensaje no escrito que se deduce de esta imagen es que los hijos de los reyes forman una auténtica piña. Elisabeth de Bélgica, con solo 18 años, está demostrando ser una heredera muy consciente y responsable ante sus funciones. Eso no quita para que descuide su faceta familiar, y en este ámbito es una joven dulce y muy cariñosa con sus hermanos, con los que ejerce sin complejos de hermana mayor, y especialmente con la benjamina, la princesa Leonore, quien el próximo 16 de abril cumplirá 12 años. La ternura de su abrazo indica lo altamente protectora que es Elisabeth. En la instantánea también se observa el gran estirón que ha dado el príncipe Gabriel, de 16 años, que hace lo propio con su hermano Emanuel colocado por delante.

La princesa heredera reaparecía así tras varios meses estudiando en el extranjero, donde ha comenzado su formación universitaria. Elisabeth ha tenido que regresar a su país ante la alarma del coronavirus. El centro donde estudia, el Atlantic College (UWC) de Gales, envió una nota a sus alumnos de fuera del país recomendándoles volver a sus hogares ante la previsión de recrudecimiento de la epidemia. Unos días más tarde, la princesa llegaba sana y salva y era recibida de nuevo en casa con los brazos abiertos.

Pero no se ha quedado parada. Y además de mantenerse al tanto con las clases online, también se ha puesto manos a la obra para ayudar a paliar en la medida de sus posibilidades los efectos de esta emergencia sanitaria. De momento, ha liderado a sus hermanos para esta buena causa.

 

Hay que recordar que la semana anterior fue su madre, la reina Matilde, la impulsora de otra salida solidaria en familia. En esa ocasión la acompañaron sus hijos menores, el príncipe Emanuel, de 14 años; y la princesa Leonore. Entonces acudieron a un centro de mayores en Bruselas para llevarles flores y dulces también hechos por ellos mismos. En palacio, al igual que en muchos de nuestros hogares, el tiempo disponible debido al confinamiento en nuestros domicilios está sacando verdaderos cocinillas.

Los reyes de Bélgica hubieran debido iniciar hoy su Visita de Estado a Italia, pero la tuvieron que suspender debido al coronavirus. Al igual que ellos, muchos otros planes de las distintas Casas Reales se han visto alterados para evitar los riesgos de contagio y propagación.

Elisabeth es el gran orgullo de sus padres. Solidaria, con conciencia ecológica, responsable, dulce, cariños, coqueta y amante de la moda… son las cualidades que adornan a la que en un futuro, cuando suceda a su padre en el trono, se convertirá en la primera reina de los belgas. Hasta 1991 rigió la Ley Sálica que impedía reinar a las primogénitas.

El pasado 25 de octubre, cuando se celebró su mayoría de edad con una ceremonia por todo lo alto en el Palacio Real de Bruselas, la princesa dio un discurso que emocionó a sus padres hasta las lágrimas. Allí, frente a un atril y ante las cámaras de televisión que retransmitían el evento, se comprometió de manera muy firme: «Sé que tengo que aprender mucho, pero soy optimista ante el futuro. El país podrá contar conmigo».