Después del verano muchas personas intentan perder esos kilos de más que se han traído como equipaje extra de sus vacaciones. Hablamos con un experto para analizar por qué fallan algunas dietas y cómo lograr perder peso de manera saludable y sin pasar hambre.

En vacaciones todo es más relajado, cambian nuestros horarios, nuestra alimentación y nuestros hábitos diarios y, aunque son necesarias y ayudan a controlar el estrés, lo más normal es que en vacaciones sumemos algún que otro kilo en la báscula. Kilos de disfrute y que han merecido la pena pero que al llegar septiembre nos intentamos quitar de encima para volver a nuestro peso. El 95 % de las dietas que comienzan al volver de las vacaciones fracasan pero hemos hablado con un experto que nos ha dado las claves para comer sano y adelgazar con éxito en la rentrée.

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¿Por qué engordamos en verano?

Es todo un clásico. Nos vamos de vacaciones y volvemos a casa con kilos de más que queremos perder cuanto antes. ¿Qué le ocurre a nuestro cuerpo en verano para que acumule grasa? El Doctor Diego Sánchez Muñoz, médico especialista en aparato digestivo y fundador de IDI-Instituto digestivo, explica a la revista Semana que “En vacaciones solemos comer en exceso y, sobre todo, alimentos hipercalóricos, con exceso de fritos o bebidas alcohólicas. Lo mismo ocurre con el helado, que también puede ser una bomba calórica. Desde el punto de vista digestivo, tiene sentido disfrutar de estos momentos pero con moderación. El sistema digestivo sufre altibajos como el resto del cuerpo, y el problema no viene de darse un capricho con un helado o una cerveza, sino de comer y beber como si no hubiera fin. En realidad, esto hace que el cuerpo colapse”.

El problema entonces no sería el cambio de hábitos alimenticios porque un capricho que otro no supondría una preocupación, el quid de la cuestión es el exceso. Ya se dice que la dosis es la que hace el veneno. “Un excedente calórico en poco tiempo, como el que se produce en vacaciones, no es un buen compañero de viaje, ya que nuestro cuerpo está acostumbrado a trabajar en situaciones equilibradas” señala el doctor.

Cuidado con las dietas “milagro”

Las dietas milagrosas que prometen bajar muchos kilos de peso en tiempo récord suelen ser peligrosas para la salud. Hay que ser conscientes de que para adelgazar es necesario comer de manera saludable y hacer ejercicio, de esta manera no correremos riesgos innecesarios. 

Según nos cuenta el doctor Sánchez Muñoz “estas descompensaciones fuerzan el motor y, para colmo, en cuanto aparece el arrepentimiento, intentamos hacer exactamente lo contrario, que es limitar al máximo la ingesta de calorías para poder perder lo más rápido posible los kilos ganado, y así la máquina se fuerza nuevamente”, y añade que “nos venden dietas milagro con las que nos garantizan que perderemos muchos kilos en muy poco tiempo, sin saber que nuestro cuerpo tendrá que adaptarse a los cambios poco a poco, y con estas dietas el efecto rebote está garantizado. Por lo tanto, los objetivos de recuperación deben ser realistas a medio y largo plazo. Además, cuando los cambios son más graduales, tienden a ser más duraderos en el tiempo”.

¿Por qué fracasan las dietas?

Aunque muchas personas le ponen toda la voluntad del mundo tal vez no tengan en cuenta todo lo que conlleva una dieta para perder peso. ¿Por qué fracasan tantas dietas que empiezan en septiembre? El especialista en aparato digestivo es tajante, “la respuesta a esto es simple. Se ha acabado la temporada de ocio y hay que volver a nuestras rutinas anteriores, tanto de horarios como de comidas y ejercicio. El problema está cuando pretendemos volver a esta rutina de la noche a la mañana, intentando perder esos kilos que nos hemos traído en la maleta en una semana. Así, se cae en la tentación de realizar dietas muy estrictas y rutinas de ejercicio muy duras e intensas”. 

Entonces, fijarse objetivos a corto plazo demasiado extremos va a hacer que nuestro plan fracase estrepitosamente. “Esto es una condena al fracaso absoluto, no solo en cuanto al éxito de esa pérdida de peso, que es posible que se dé, pero vuelven a aparecer debido a que estas dietas y esas rutinas físicas no son sostenibles en el medio plazo, sino también en cuanto a salud, ya que nuestro organismo (como cualquier máquina), tiende a funcionar mejor en situaciones de equilibrio, y esos altibajos los traduce en que la máquina se ha forzado” afirma el experto, y añade que “por lo tanto, lo mejor que se puede hacer es planificar la rutina de dieta y ejercicio, adaptada a edad, sexo, necesidades calóricas, gustos y, sobre todo, con un enfoque temporal adecuado y realista”.

Como llevar una dieta saludable en septiembre

Además de subir de peso por un exceso calórico ¿también tiene que ver la calidad nutricional de los alimentos que ingerimos? “No solo es la cantidad, el contenido de la dieta es muy importante. Durante las vacaciones probablemente se han cometido excesos de alimentos hipercalóricos, bebidas alcohólicas y azúcares, y ya ha llegado el momento de abandonar estos hábitos. Planificar una dieta equilibrada, con frutas frescas, verduras, pescados y productos de la dieta mediterránea es la mayor garantía de éxito".

Lo primero que debemos hacer es tener consciencia plena de cuáles son nuestros objetivos (realistas) y nuestro plan de vida sana que queremos llevar, o al menos tener claro que queremos comenzar a tener unos hábitos saludables después de las vacaciones. “Hay que retomar una situación de equilibrio basal adecuada, sana y adaptada a nuestra vida. Así la planificación, una vez que hemos vuelto a casa, de cómo va a ser nuestra nueva rutina en cuanto a dieta y ejercicio facilita mucho la consecución de objetivos, y el que esta “nueva vida” se mantenga en el tiempo” argumenta el doctor.

Se suele identificar la palabra dieta con un régimen de adelgazamiento hipocalórico. ¿Debería plantearse así? ¿Hay que pasar hambre para adelgazar? “Realmente, hablar de dieta como algo restrictivo no es lo adecuado, sino que se debería considerar dieta como la forma de comer y el tipo de alimentación que debemos llevar a cabo siempre, y que los excesos formen parte de situaciones excepcionales, caprichos, celebraciones, etc., pero siempre puntuales.”. De este modo la dieta simplemente sería la manera habitual de comer de cada persona y no una herramienta estricta para perder peso. Caprichos sí, son necesarios, pero de forma moderada.

Cómo llevar una dieta sana en septiembre
Planificar una rutina de dieta saludable y ejercicio regular es la clave para perder peso y ganar en salud. (Pexels)

Olvídate de la báscula

La báscula puede convertirse en una verdadera enemiga si nos obsesionamos con ella. Si comenzamos a hacer una dieta saludable y ejercicio puede que aumente nuestra masa muscular pero no la grasa, sin embargo se va a reflejar una subida de peso que no hace justicia a la realidad de nuestro cuerpo. Lo mismo ocurre con las variaciones hormonales o con la retención de líquidos.

A este respecto nos dice el experto: “Yo recomiendo a mis pacientes en el Instituto Digestivo que prescindan de la báscula, ya que puede ser una cifra engañosa y que, tanto al inicio del proceso como durante el mismo, puede llegar a fluctuaciones que nos hagan caer en el desánimo y abandonar los buenos hábitos porque en alguna semana no hayamos perdido lo “suficiente” o, incluso, hayamos puesto peso”.

¿Qué ocurre con el conteo de calorías? ¿Es una buena herramienta para controlar el peso? “Nuestro cuerpo no se rige por fórmulas matemáticas y, en cualquier caso, son tantas las variables que entran en juego que es imposible controlar cuánto peso se va a perder. Por eso, el contaje de calorías es una buena referencia, pero nunca puede llegar a la obsesión. Es mucho más importante la calidad de la comida y la adaptación de un estilo de vida saludable, no solo con la dieta sino también con el ejercicio y con el abandono de hábitos tóxicos como el tabaco o el alcohol, que estar pendiente de calculadoras o básculas” afirma el doctor Sánchez.

En definitiva, no hay que tomarse la vuelta de vacaciones como una esclavitud sino como una oportunidad de adoptar (o retomar, según los casos) un estilo de vida más saludable, algo que está demostrado que nos hace más felices.