Pasada una edad, es importante que hagamos ciertos cambios en nuestra alimentación para seguir estando en forma y tan estupendas como siempre.


Se suele decir que una es lo que come y, si esta afirmación es cierta, estoy  segura de que a nadie en su sano juicio le gustaría ser ese sándwich sacado de la máquina expendedora de la oficina el día que a una no ha dado tiempo de prepararse el tupper. Tú, como todas, querrías ser un alimento delicioso pero también sano; una comida que guste a casi todo el mundo pero que no haga mal a nadie. Es por ello por lo que toca ponerse las pilas y comenzar a llevar una alimentación saludable. Más aún pasados los 50, cuando el cuerpo necesita más mimos que de costumbre y los excesos y descuidos pueden traer una muy mala pasada. Las mujeres de medio siglo deben proponerse llevar una dieta más equilibrada, más pensada y más variada. Y para conseguirlo se deben hacer una serie de cambios en la alimentación que, si se sabe como, no tienen por qué ser complicados.

Lo habrás notado. Al cumplir años, el cuerpo sufre algunos cambios, no es el mismo que cuando empezaste a trabajar ni tampoco el mismo que cuando tuviste a tu primer hijo. A medida que se envejece, una va cambiando y es precisamente por ello por lo que también tu dieta debe hacerlo. Sumar años puede ser la causa de la aparición de algún que otro achaque y, a través de una buena alimentación, puedes combatirlos, reducirlos e incluso evitarlos. Estos consejos te enseñarán cómo.

Estos son los cambios que debes aplicar a tu dieta si has cumplido los 50 años

Lo primero y más importante es que, cariño, lleves una dieta equilibrada. Eso no significa que cada mañana tengas que desayunar algo diferente o que tengas que calentarte la cabeza con el menú; pero sí que implica que debas ingeniártelas para incluir proteínas, hidratos y grasas saludables en todas tus comidas y que debas cambiar algunos alimentos más nocivos por otros mucho más sanos. Por ejemplo, es importante que te alejes del pan blanco y de las harinas refinadas. En su lugar, prueba a tomar semillas, harinas integrales y pan de centeno, quinoa o espelta. Dale una oportunidad también a las proteínas vegetales como el tofu o el tempeh. Así tendrás opción de reducir la ingesta de grasas saturadas, que suelen llevar los alimentos de origen animal. O empieza a beber más agua de la que ya tomas.

Pequeños gestos que acabarán en grandes y beneficiosas transformaciones. ¡Lee atentamente y toma nota!