«Llega un llanto y un perdóname, llegan muchas cosas que yo justifico, creo y disculpo. Yo lo veía normal», ha asegurado.


Rocío Carrasco ha sobrecogido en televisión contando su verdad. Lo ha hecho a través de un documental en el que ha ido relatando cómo han sido sus últimos años de sufrimiento alejada por completo de sus dos hijos, Rocío y David. Además, ha señalado a su verdugo, Antonio David Flores, de quien ha asegurado nunca pronuncia su nombre porque le hace daño. También ha recordado los primeros episodios de supuesto maltrato.

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Ha viajado en el tiempo y ha vuelto a Argentona donde convivieron juntos cuando eran muy jóvenes. «En esa casa ya hay algún episodio de agresión verbal de él hacia mí», ha afirmado durante la docu-serie ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’. Por entonces él la llamaba «inútil» y le decía cosas como que no «servía para nada’.

«En aquella época estaba más gordita y me decía: ‘Estás gorda'», también la tachaba de «tonta» con un tono muy despectivo. Unas palabras que ella intentaba obviar: «Él tiene una cara de puertas para dentro, es prepotente y luego tenía la otra parte cuando había cámaras», ha indicado.

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Eso sí, cuando los focos de las cámaras sobrevolaban cerca todo cambiaba:  «Todo era maravilloso. Eran todo besos y delante de la gente. Cuando terminaba el día y te ibas a la cama, era el único momento en el que hablábamos de forma íntima y él me aconsejaba lo que tenía que decir».

«Pasó a mayores»

Una realidad que no supo palpar entonces, pero que ahora se ha atrevido a contar con todo lujo de detalles. «En ese momento no lo ves, no te das cuenta de la gravedad que eso tiene. Llega un momento en el que lo normalizas». Durante su vida en Argentona también hubo una o dos ocasiones en las que la cosa «pasó a mayores». Ha contado el episodio de un tirón de pelos. «Me coge y me tira del pelo hacia abajo, pero no sé de de dónde viene ni el por qué. En ese momento siento que me quiero ir, pero sabiendo que no lo voy a hacer».

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De aquella época hay diversos episodios que ha intentando borrar de su mente: «No sé si es por defensa emocional pero los tengo olvidados. Yo lo achaco a que con el daño que se me estaba ocasionando, lo daba todo por bueno, lo justifico. Lo dejaba pasar». En muchas ocasiones, él la culpabilizaba de todo y le decía que ella no merecía la pena. «También me dijo que me fuera con mi madre y que era una hija de p***. Después llega un llanto y un perdóname, llegan muchas cosas que yo justifico, creo y disculpo. Yo lo veía normal. Lo veo ahora y pienso lo poco que sabía de quién iba a ser mi verdugo».