El cocinero le ha contado a Pablo Motos cómo logró perder casi 270 kilos, después de tocar fondo: «Llegó un momento que me daba igual morirme».


Este miércoles, el cocinero David de Jorge, más conocido como ‘Robin Food’, ha visitado ‘El Hormiguero 3.0’. Allí ha dejado a la audiencia con la boca abierta al contar cómo ha logrado perder 267 kilos. Varias operaciones, una dieta severa, mucho deporte y grandes dosis de fuerza de voluntad han sido los ingredientes que le han ayudado a conseguir su particular receta para una vida sana. Pero no lo ha tenido nada fácil. Su camino a una vida saludable comenzó cuando tocó fondo. La obesidad le impedía llevar una vida normal. «No sabía ni por dónde bajarme de la cama. Llegó un momento que me daba igual morirme. Cuando dices me muero saltan las alarmas», ha revelado.

«Cuando estás en una situación así estás muy atrapado»

En su largo camino ha contado con la ayuda de sus seres queridos. Sus familiares y amigos le han apoyado desde el primer momento: «Mi familia mi entorno y unos médicos que me dijeron lo que tenía que hacer». Y aunque se ha quitado de encima casi 270 kilos prefiere no cantar victoria. «Es una batalla que no he ganado aún». Porque cada día de su vida debe tener presente su dieta, practicar deporte… y debe evitar dejarse llevar por las tentaciones.

El cocinero ha relatado en el programa de Pablo Motos cómo algo tan sencillo como sentarse en una silla era misión imposible para él. O no entraba o las rompía: «He destrozado miles de sillas». Y montarse en un avión era «un espanto». «Cuando estás en una situación así estas muy atrapado», recalcaba. Además, su obesidad limitaba su movilidad y condicionaba todo lo que hacía. Hasta se casó en pantalones cortos debido al constante calor que sentía cuando tenía sobrepeso: «Siempre tenía calor. Ahora tengo bastante frío».

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El chef, que trabaja desde hace 20 años con Martín Berasategui, ha dejado claro a la audiencia que pasar por quirófano no fue la única solución a todos sus males. «Esto no se resuelve con la cirugía». Y es que para él perder tanto peso no ha sido nada sencillo. «Fue un proceso poco a poco», señalaba. En un primer momento los médicos le dijeron que no podrían intervenirle hasta que no bajara de 200 kilos: «Cuando bajé a 199 kilos entré en quirófano».

«Ser cocinero me ayudó mucho», añadía. «Con los años me tuve que hacer una abdominosplastia». Una de las secuelas de quienes padecen obesidad mórbida tras perder muchos kilos es lidiar con la piel sobrante. «Sobraban muchos metros cuadrados. El médico me dijo que cuando me soltaron la piel que me sobraba tumbaba los pies… Una rebequita, vamos. Estuve 6 meses jodido. Se me infectó la herida». No lo pasó nada bien. «Me hicieron una vuelta a tope. Es muy importante hacer caso a los médicos».

«Si me daba igual morirme muy feliz no era»

Cambiar la ingesta y los hábitos de vida le costó años. «Hay que gastar la zapatilla, hay que sudar un poco y que reordenar la ingesta, desayunar, comer mucha cebolla». Pablo Motos lo animaba, bromeando, a pasarse a la tortilla de claras de huevo. Este respondía: «Lo he intentado, pero quitarle la yema al huevo es inhumano. La tortilla de claras es asquerosa, repugnante. Prefiero desayunar la tortilla francesa normal, a veces hago huevos fritos si me lo merezco, pan tostado con aceite de oliva, café con leche, fruta…».

«Intento no comer entre horas, intento comer bien, cenar con cuidado. meterme a la cama con hambre, aunque me levanto con un hambre desbordante», detallaba. David de Jorge procura cenar poco y quedarse siempre con una ligera sensación de que no se ha llenado del todo. «He vivido empachado mucho tiempo y ahora vivimos un poco en el empacho. De repente tener la sensación de tener ganas de ir un restaurante, de tomarte una copa del vino, tomar una birra, unas cervezas… He estado mucho tiempo sin comer pan y cuando llega el día lo disfrutas… Me encanta disfrutar. Yo me metería en la cama y me tomaría cuatro yogures, pero me meto en la cama con un lingotazo de agua y con un hambre del copón. Y deseando que amanezca para levantarme y empezar con el desayuno».

El cocinero vasco, sincero, ha detallado que el principal motivo que le animó a perder peso no fue la estética. Fue una cuestión de salud física y emocional: «Siempre he sido feliz, pero si me daba igual morirme muy feliz no era. Ahora estoy mucho mejor».