Un año después de la muerte de Blanca Fernández Ochoa, sus hijos se mantienen unidos, aunque han tomado rumbos distintos.


Ya ha pasado un año de la muerte de Blanca Fernández Ochoa, esquiadora olímpica y hermana de otro as del deporte alpino, Paco Fernández Ochoa. Su cuerpo aparecía sin vida en el Pico de La Peñota, en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, once días después de intensa búsqueda tras su desaparición. Su hija Olivia Fresneda, que había sido la encargada de denunciar su desaparición, estaba concentrada en el CAR de Sierra Nevada de la selección nacional femenina de rugby 7 cuando se confirmó su triste desenlace. Su hijo David, por su parte, formaba parte de los equipos de búsqueda coordinados por las fuerzas de seguridad y en los que participó todo el clan familiar de la deportista. Entre ellos, su hermana Lola.

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Los hijos de Blanca Fernández Ochoa, unidos un año después de su muerte

La muerte de Blanca Fernández Ochoa, ídolo de tantos jóvenes en la década de los noventa. En 1992 consiguió la medalla de bronce en eslalon en los Juegos Olímpicos de Invierno de Albertville. Aquel hito la convirtió, junto con su hermano, en un mito del deporte español. Por eso su triste desaparición y las trágicas circunstancias en las que falleció siguen siendo para muchos una especie de mal sueño. Un sueño que para sus hijos fue una auténtica pesadilla. Su madre decía adiós a una edad demasiado temprana: 56 años.

En estos doce meses, ambos hermanos han estado muy unidos. Siempre lo estuvieron. Los Fernández Ochoa siempre han sido una piña y ambos jóvenes, dignos herederos de su progenitora, han sabido bien cómo mantener los lazos que los unen a pesar de haber tenido que enfrentarse a tan terrible duelo por separado. Porque Olivia, que ha heredado el talento para el deporte de Blanca, ha viajado por todo el mundo a lo largo del último año.

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Olivia Fresneda, centrada en su carrera como profesional del rugby

Poco después de confirmarse la muerte de la esquiadora, Olivia se concentraba en Granada para entrenar de cara a su participación en las World Rugby Seven Series en Glendale -Estados Unidos-. Después de su paso por el continente americano regresó a nuestro país país. Poco después partiría rumbo a Dubái con la selección absoluta. En diciembre de 2019 se trasladó a la ciudad sudafricana de Ciudad del Cabo para formar parte del HSBC Cape Town Sevens con la selección española. En enero de 2020 recorría países como Nueva Zelanda o Australia.

En la cuenta oficial de Instagram de la Selección Nacional fenemina de Rugby de España, Olivia Fresneda se describe a sí misma como una amante del buceo. Le gusta el salmorejo «de Do Brasil», el sushi y el risotto de boletus. También le gusta disfrutar de la compañía de sus amigos y tomar cervezas con ellos. Viajera y aventurera, la hija de Blanca Fernández Ochoa es también una joven optimista que no ha perdido la sonrisa pese al duro revés que le ha dado la vida. «Tenemos muy pocos días para malgastarlos en estar tristes«, señala en uno de sus posts.

David, una vida alejada de los focos

A diferencia de su hermana, David Fresneda mantiene una vida alejada del deporte y de la notoriedad. Personas del entorno del joven han indicado a SEMANA que le ha costado más que a su hermana superar la muerte de su madre. Olivia ha estado distraída todo este tiempo con su carrera deportiva, pero en su caso el panorama ha sido distinto. Vive en Madrid, cerca de la familia… y ha estado más expuesto a los inevitables recuerdos de los momentos vividos con su madre.

El 15 de noviembre de 2019 asistió a la gala de los ‘Premio Deporte’, donde recogió un galardón en homenaje a la figura de Blanca Fernández-Ochoa. En aquella cita, uno de las escasos acontecimientos públicos en los que se ha dejado ver, no pudo reprimir las lágrimas de emoción. En su perfil de Instagram, que es privado, destaca una frase muy significativa: «Aquel día que no sonrías será un día perdido». Toda una lección de optimismo para quien sabe apreciar lo verdaderamente importante.