La película de Santiago Segura, ‘Padre no hay más que uno 2’,  la más taquillera del verano en España, ha dado el salto a Estados Unidos.


Santiago Segura no ha podido disfrutar de las vacaciones de verano junto a su familia, pero el esfuerzo ha merecido la pena. Y es que la última película de Santiago Segura, ‘Padre no hay más que uno 2’, dirigida por él y en la que comparte protagonismo con sus dos hijas, Calma, de 12 años, y Sirena de 6, se ha convertido en la más taquillera del verano en nuestro país. Pero la cosa no queda ahí, ya que ha saltado el charco estrenándose en 16 ciudades de Estados Unidos. El actor, guionista y director hace balance para SEMANA.

 ¿Cómo has recibido la noticia del salto del charco?

Con una gran alegría. Es una maravilla que estrenen más allá de tu país una de tus películas. Además, hay planes de hacerlo en toda Latinoamérica el mes que viene.

Ha sido la más taquillera en España. Teniendo en cuenta las circunstancias, un logro…

Ahora estamos en 1.800.000 espectadores. Tal y como están las cosas, más que un logro, lo considero un pequeño milagro.

¿Necesitamos reírnos más que nunca?

Ya lo creo, a juzgar por lo que nos rodea, con solo escuchar las noticias cinco minutos, te puedes deprimir para dos días enteros. Cualquier momento es bueno para sonreír un rato y olvidarse de los problemas. Ahora, es casi terapéutico.

¿Habrá una tercera parte?

Me encantaría, pero ahora veo el futuro como un lugar extraño e impredecible. ¿Vamos a contar películas en las que se refleje esta ‘nueva normalidad’,  en las que los protagonistas lleven mascarillas y respeten las distancias sociales? A mí, no me apetecería ver eso en la pantalla, pero, por otro lado, las películas son un reflejo de la sociedad, de lo que le pasa a la gente.

Al igual que con la saga Torrente, has conseguido el respaldo  del público, pero no de la crítica… ¿Te importa?

Sí, me importa, un pimiento más o menos (risas). Bromas aparte, es un tanto cansino tener que oír siempre cosas despectivas y desagradables de un pequeño sector de la crítica, pero estoy habituado. Además, contando con el favor del público, que para mí es lo mejor que puede haber, si también le gustase a los críticos sesudos, sería un poco abusar ya, ¿no?

¿Eres optimista con respecto al futuro del cine?

Sí, quiero serlo. Me entristecería su desaparición.

¿Cómo ha sido volver a trabajar con tus hijas?

Una maravilla. Me encantó en la primera y me ha vuelto a encantar, pero no solo con ellas, también con el resto del equipo. Me hacen sentir en familia. Incluso con la maravillosa incorporación de Loles León como abuela, amiga personal, y todo lo del embarazo de Toni Acosta, de la que soy fan y rendido admirador.

Cuéntanos una anécdota divertida del rodaje…

A Sirena, en mitad del rodaje se le cayó un diente. Ante eso no hay nada que se pueda hacer, simplemente esperar que la gente esté lo suficientemente entretenida y no se dé cuenta de la falta de continuidad fijándose en cómo los dientes aparecen y desaparecen.

¿Eres más estricto como padre o como director?

Soy bastante más estricto, creo, como director. Para que las cosas salgan bien uno tiene que exigirlo todo. Como padre, soy más blando, pero en el día a día uno puede permitirse ser más flexible algunas veces.

¿Las niñas quieren continuar dedicándose al cine?

Calma me ha dicho que no, que le divierte y se lo pasa bien, pero que le gustaría ser doctora, oncóloga en particular. Imagino que podrá  cambiar de opinión varias veces, aunque no me parece mal que vaya pensando en su vocación. Sirena no lo tiene tan claro… Lo que veo es que, le pasa como a su padre, no es muy fan del colegio.