Feliz, pletórica y exultante. Así estaba ayer Rocío Carrasco en la inauguración del Museo de Rocío Jurado. Enfundada en su inconfundible tono fucsia, que tantas alegrías le ha dado en el último año, la hija de la más grande llegó al recinto muy emocionada y acompañada de su familia no mediática, de sus amigos más íntimos y del equipo de su docuserie con Ana Isabel Peces a la cabeza: “Tengo el sentido de la responsabilidad por encima de la cabeza. A ver si sale todo bien y estoy a la altura”, decía a su llegada.

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Tal era la emoción que la heredera universal de Rocío Jurado no pudo contener las lágrimas en numerosos momentos a lo largo de la noche pero hubo uno, al que tuvo acceso en exclusiva SEMANA en el cóctel posterior a la inauguración, que la emocionó sobremanera. La joyera de confianza de Rocío Jurado en Chipiona quiso obsequiarla con un detalle que había tenido guardado durante todos estos años, aguardando el momento de entregárselo a su hija Rocío: la firma de la chipionera tallada en oro. Fue uno de los regalos que recibió a lo largo de la noche de ayer que más ilusión le hizo, por el significado que desprende. Era la rúbrica a un día que no olvidará jamás y es que ha conseguido, por fin, cumplir el sueño de su madre y el suyo propio: “Mi madre amaba cantar y soñaba con tener un museo en Chipiona. Quería envejecer aquí, en su tierra, rodeada de flores”.

La noche mágica de Rocío Carrasco

Rocío ya se había quebrado unas horas antes oyendo a su amigo Miguel Poveda cantar ‘Rocío de luna blanca’, una canción que compuso José Luis Perales para su madre en el año 1990 y que describe a la perfección la esencia que marcó el devenir de la vida de Rocío Jurado desde que saliese de su Chipiona natal, poco antes de los años 70.

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También lo hizo con la intervención de Luis Mario Aparcero, el alcalde de Chipiona, que aprovechó su momento en el escenario para recordar la figura de Juan de la Rosa: “Un recuerdo para Juan que decidió también morir en Chipiona y estar de por vida un piso más alto que ella, pero aquí está”, unas palabras que provocaron una inmediata emoción en el rostro de Rocío, que no dudó en mostrar ante la prensa y los invitados.