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Máximo Huerta revela los problemas de su padre con el alcohol: "Huía de él y me iba a la habitación a escribir"

Máximo Huerta habla con Risto Mejide de su madre enferma y de su difícil relación con su padre.

Risto Mejide ha invitado a su amigo Máximo Huerta a participar en una nueva entrega de 'Viajando con Chester'. En el encuentro, que ha tenido lugar en Buñol, el pueblo natal del escritor y periodista, este ha relatado cómo fue su relación con su padre, un hombre "muy complicado" y de "masculinidad tóxica" que marcó de manera significativa su infancia y su vida. Hijo único, el que fuera ministro de Cultura y Deporte creció escuchando las advertencias de su madre: "Que viene tu padre, que no se entere tu padre". Tenía un carácter difícil y le gustaba beber alcohol: «El sonido de las llaves lo recuerdo yo, no por el ruido sino por el silencio que generaba. A veces venía como venía. Yo me sentaba en la cocina con mi madre porque sabía que no estaba bien. Huía de mi padre y me iba a la habitación a escribir".

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Para Máximo Huerta, su afición a la literatura ha sido una válvula de escape que lo ha ayudado a escapar de una realidad dolorosa: "Yo me metía en la habitación a huir y en esa habitación construía, muy Ana María Matute, mi bosque, mis palacios, mis amigos. Los construía yo. Escribir era ara mí escribir era hablar solo y no me molestaba nadie. Mi habitación estaba al fondo de un pasillo que permitía que no se oyera nada".

El escritor no ha profundizado demasiado en lo que pudo llegar a vivir en casa. Con lo que ha dicho a su amigo Risto ha sido suficiente. Ahora es capaz de hablar de ello sin romperse. Incluso reconoce: "Ahora me gustan los bares, igual que a mi padre. He bebido, pero en lo social. Como mi padre, no".

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"Llegaba mal a casa cuando tenía 30", ha explicado. Su padre era uno de "esos caballos desbocados sin jinete, que hacían lo que querían... y mandaban ellos". Tuvieron una relación, digamos, particular: "Con mi padre yo no hablaba. No hablábamos. Yo he tenido que entender que los 'te quiero' eran un 'mira el aceite del coche', '¿has cambiado las bujías?', 'tienes una luz que no va'... Todo esto con otro tono: grave, severo, de hombre de 1937".

"Con mi padre no había conversaciones. No hemos hablado", recuerda Máximo Huerta

"No hubo nunca un te quiero. Yo sé que me ha querido, pero me enterado por el bar. Siempre iba a buscar a mi padre al bar, que estaba jugando. Mi madre me decía: 'Ve al bar a buscar a tu padre, a Francisquito'. Y allí estaba. A veces me mandaba a casa otra vez. y a veces se venía conmigo. Con mi padre no había conversaciones. No hemos hablado", continuaba diciendo al recordar la figura de su progenitor. "Seguramente su madre y su padre no le dieron cariño".

"Me regalaba cosas... La camiseta del Real Madrid con el número 4". El padre de Máximo Huerta, ya fallecido, sufrió Alzheimer antes de su fallecimiento. Hicieron las paces cuando, estando juntos, este tenía dificultades para subir unos escalones. "Joder, papá, con toda la mala hostia que has tenido siempre", le espetó Huerta. Entonces su padre le pidió disculpas: "Me pidió un perdón carácter retroactivo. Me dijo: 'Hijo, perdona'. Ese perdona fue de verdad. Y a mí me quedó paz".

En la actualidad, podría decirse que Máximo Huerta se está preparado para despedirse de su madre, a la que está cuidando en la recta final de su vida. "Tengo rechazo. Es que te quedas solo. La soledad, sin nadie detrás, es muy mala. Esa soledad no es voluntaria. Da igual que tengas amigos. Esa soledad es inamovible. Por eso estoy aquí, cuidando y todo, para fijarme en cómo mueve el café, para fijarme en cómo mueve las manos en el sillón... para ver cómo se irrita, para recordar cómo hace la receta del arroz caldoso, que me encanta. Le digo: 'Repítemela'. No la voy a hacer nunca. Solo quiero que me lo diga. Estoy almacenando", ha sentenciado.

Para Máximo Huerta, su madre ha sido su protegida, la persona de la que ha estado pendiente desde que era pequeño: "Yo he sido el escudero. Yo he sido el que la ha protegido cuando no tocaba. Cuando eres un niño y lo que tienes que hacer es irte a la calle y llenarte de barro y romperte la crisma jugando y riéndote. Por miedo me quedaba en casa a cuidar. He sido cuidador desde niño. De si te tiras tú del coche me tiro yo. Una vez viniendo con el coche de utiel a Buñol veníamos de un bar y en el coche aquello era un estallido. Hubo un momento de la conversación en que mi madre dijo: Me tiro. Yo le dije: 'Si te tiras tú, me tiro yo'. Eso te deja muerto. Te mata la infancia".

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