La celebración de la boda de la sevillana tiene muy cabreados a dos personas muy importantes de su vida: su padre y su tía.


Dentro de apenas unas horas, Anabel Pantoja celebrará, por fin, la fiesta de su boda con Omar Sánchez. El enlace se produce días después del fallecimiento de doña Ana, fallecida el pasado miércoles a los 90 años como consecuencia de una larga enfermedad. Estos dos últimos días han sido un verdadero torbellino emocional para la joven, quien ha decidido finalmente seguir adelante con sus planes a pesar de haber perdido a su abuela.

«Es una situación muy difícil, pero esto lo tenía que hacer por mí», ha confesado la andaluza. Con estas palabras justificaba este viernes los motivos por los que no ha cancelado su fiesta nupcial. La mayoría de sus amigos y seres queridos han respetado su voluntad. Es el caso de Kiko Rivera y su mujer, Irene Rosales, quienes le desean lo mejor. Pero han preferido no regresar a La Graciosa y quedarse en su casa de Castilleja de la Cuesta, porque no tienen ánimos. El propio Dj ha confesado que está «destrozado de cuerpo y alma» y que «no está para cachondeos ni para fiestas» y por ello ha optado por no asistir a la recreación del ‘sí, quiero’ en la playa.

Otras dos personas importantes en la vida de Anabel también han declinado la invitación son su padre, Bernardo Pantoja, y su tía, Isabel Pantoja. Pero en ambos casos, ninguno de ellos ha declinado la invitación de manera ‘amable’. Lo cierto es que están dolidos con Anabel. No entienden cómo ha decidido seguir adelante con el evento dadas las circunstancias familiares. El clan ha perdido a la matriarca y creen que ahora toca recogerse y hacer un duelo respetuoso y alejado de los focos. Aunque la tonadillera y su hermano Bernardo no mantienen una buena relación, los dos coinciden en que no es el momento oportuno para organizar una fiesta.

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«Lo voy a hacer porque lo siento así», ha insistido Anabel, quien no desea ver empañada su felicidad a pesar de las importantísimas ausencias que habrá en su gran día. Su padre y su tía han aceptado resignados su determinación, pero no comparten su manera de obrar. Y aunque no han querido aguarle la fiesta, la verdad es que «están cabreados como una mona porque esa boda se celebre», tal y como recordaba el pasado jueves María Patiño en ‘Sálvame’.

Anabel, cansada de la presión familiar -y también de la mediática- estallaba esta madrugada para zanjar las críticas. «Comercializo con una pérdida? ¿Cuándo? ¿Dónde? No se puede tener tan poca empatía», se ha quejado. De la negativa de Kiko a ir ha sentenciado: «El me pidió perdón, por no venir y yo le entendí, me da rabia pero respeto su decisión, al igual que la de Irene». De los reproches que le han hecho su padre y su tía no se ha pronunciado. Pero la presión está ahí. Ninguno aprueba esta ‘boda’, y Anabel lo sabe. La suya será una boda marcada por la larga lista de obstáculos para hacerla realidad: varias cancelaciones, una pandemia, el paso de Omar por ‘Supervivientes’… Una ‘boda’ marcada también por la mencionada «falta de empatía» de muchas personas de su entorno, incluidos Isabel y Bernardo, quienes, profundamente molestos, siguen pensando que esta celebración no procede llevarla a cabo ahora.