Hace ya 16 años que los Reyes Felipe VI y Doña Letizia contrajeron matrimonio. Fue una lluviosa mañana, el 22 de mayo de 2004, cuando toda España fue testigo del ‘sí quiero’ del entonces Príncipe de Asturias con una plebeya divorciada: la periodista y presentadora de informativos Letizia Ortiz Rocasolano.

Aquella jornada, tan importante en la vida de los monarcas, estuvo marcada de un sinfín de anécdotas. Las calles de Madrid se engalanaron para una ocasión tan festiva como histórica. Miles de personas se agolparon en las inmediaciones de la Catedral de la Almudena, donde se celebró la boda, para ser testigos de excepción de algo que no sucede todos los días: una boda real.

Madrid, vestida de gala

Nueve años antes, el 19 de marzo de 1995, la hija mayor de Don Juan Carlos y Doña Sofía, la infanta Elena, había contraído matrimonio con Jaime de Marichalar en la Catedral de Sevilla. En 1997, la Infanta Cristina se convertía en esposa de Iñaki Urdangarin en la Catedral de Barcelona. Ambas celebraciones sirvieron fueron la antesala de ‘la boda entre las bodas’ dentro de nuestras fronteras. Por primera vez en 50 años se producía una boda de Estado en nuestro país. También fue el primer enlace matrimonial que tuvo lugar en la Almudena, consagrada en 1993.

Una boda ante 1.200 invitados

A la ceremonia nupcial del Heredero al Trono con Letizia asistieron 1.200 invitados. Entre ellos se encontraban representantes de 12 casas reales reinantes y otros 12 pertenecientes a casas reales no reinantes. Un evento de carácter internacional que ocupó todas las portadas antes, durante y después de su celebración.

Fueron muchas las anécdotas y las escenas que recordaremos quienes presenciamos el enlace. A día de hoy, algunas de ellas casi no se recuerdan. Como las palabras que susurró Letizia a Felipe poco después de comenzar la ceremonia. «Es todo tan hermoso», le dijo. Otro emotivo momento tuvo lugar cuando Menchu Álvarez del Valle, abuela paterna de Letizia y ex locutora de radio, se encargó de hacer la lectura de la primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios. «Si no tengo amor, no soy nada».

El coste total del enlace: unos 40 millones de euros

boda felipe y letizia

El coste de la boda fue en su día muy comentado. El precio total fue de unos 40 millones de euros. De esa cifra, nueve millones de euros se destinaron a decorar Madrid, siete se gastaron en seguridad y 250.000 euros se desembolsaron para pagar el banquete, que ofreció Jokcey, una exclusiva y prestigiosa empresa de catering.

1Una mañana lluviosa

Eran poco antes de las once y cuarto de la mañana cuando Letizia llegaba a la catedral, precedida por los pajes. Llegó a la iglesia en coche, en lugar de hacerlo a pie como estaba previsto, debido a la intensa lluvia que caía en la capital. Junto a ella estaba su padre y padrino, Jesús Ortiz, quien la llevaría del brazo hasta el altar.

2Doña Sofía, una radiante madriña

Por su parte, Felipe entraba a la Catedral de la Almudena acompañado de su madre, Doña Sofía. La reina, visiblemente feliz, lucía mantilla y un impecable diseño de Margarita Nuez, una de sus diseñadoras de cabecera.

3Letizia, con un elegante diseño de Pertegaz

Con la entrada de Letizia al templo se develaba el secreto mejor guardado de la novia. Su traje, diseñado por Manuel Pertegaz, destacaba por su escote en pico con un original cuello en forma de corola. Un vestido austero y elegante con una cola de 4,5 metros. En su cabeza, la futura Reina lucía la tiara con la que se casó la reina Sofía, de estilo imperio, realizada en platino y diamantes.

4Rouco Varela ofició la ceremonia

La boda fue oficiada con misa solemne por el entonces arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Dicha misa fue televisada dentro y fuera de España. Muchos de los responsables de la retransmisión fueron exmiembros del equipo de la desaparecida Pilar Miró, madre de Gonzalo Miró. La cineasta y exdirectora general de RTVE, fallecida en 1997, fue la realizadora televisiva de los enlaces de las infantas Elena y Cristina.

5El resfriado de Letizia el día de su boda

El día de la boda, Letizia no se encontraba bien. Estaba resfriada y se había levantado esa mañana con fiebre, por lo que tuvo que recurrir a medicamentos para estar en perfectas condiciones.

6El gran momento de la boda: la patada de Froilán a su prima

Si en 2004 hubiera existido WhatsApp y las redes sociales como las utilizamos hoy en día, la patada de Frolián a su prima Victoria López de Quesada y Borbón Dos-Sicilias se hubiera convertido en un fenómeno viral. 25 millones de telespectadores fueron testigos de su momento ‘karate kid’ y comprobaron el carácter indomable del nieto mayor de los ahora reyes eméritos.

7La felicidad de los desposados

Al concluir la boda la lluvia amainó brevemente. Lo justo para que los recién casados posaran así de contentos, convertidos ya en marido y mujer.

8Don Juan Carlos y doña Sofía, sonrientes

Fue un día feliz para ambas familias. Aunque en un principio don Juan Carlos no aprobaba el matrimonio de su hijo con Letizia, el monarca y su mujer se esforzaron para disfrutar de la boda y ceder el protagonismo a los novios.

9Los Reyes recorren el centro de Madrid

Tras jurarse amor eterno, Sus Majestades recorrieron las principales calles del centro mientras se dirigían a la Basílica de Atocha. Allí, Letizia ofreció su ramo de novia a la Virgen de Atocha.

10Los recién casados salen a saludar desde el Palacio Real

Uno de los momentos más esperados fue el saludo de los recién desposados al balcón principal del Palacio de Oriente de Madrid.

11El casto beso de Letizia en la mejilla de Felipe

Al salir a saludar a los súbditos el público pedía a gritos: «¡Que se besen!». Letizia cunplió la voluntad del pueblo soberano, pero de manera comedida. Le plantó un beso en la mejilla a Felipe que a más de uno nos dejó chafados. Fue un chasco total: el día se su boda, nunca se produjo un beso en los labios. Cero en romanticismo.

12Una foto de familia que ya no se repetirá

Como suele pasar, mucho ha cambiado el panorama familiar de Felipe y Letizia. Los cambios más notables respecto a la instantánea los protagonizan los cuñados del monarca. Marichalar terminaría separándose de Elena tres años más tarde, y Urdangarin entre rejas tras ser condenado a cinco años y diez meses de prisión por su implicación en el caso Nóos.

13Los que ya no están...

En las fotos de familia aparece Jaime de Marichalar, ya fuera del clan tras el cese temporal de la convivencia de la pareja, anunciado en 2007.

14La elegancia de Carlos de Inglaterra

Uno de los momentos más memorables de la boda tuvo lugar al terminar la misa. En un principio estaba previsto que los invitados hicieran el paseíllo a pie al salir de la Catedral y dirigirse al banquete, en el interior del Palacio Real. La distancia era corta, pero fue tal la intensidad de la lluvia que los asistentes prefirieron esperar a ser trasladados en autocar hasta la entrada principal del edificio, situada a apenas 139 metros de distancia. El Príncipe de Gales, acostumbrado a las lluvias de su Inglaterra natal, no dudó en recorrer esa distancia a pie, desafiando al mal tiempo y brindándonos un paseo propio de un auténtico ‘gentleman’: sin prisa y sin pausa. Y derrochando estilo por los cuatro costados. Belleza le falta, pero de elegancia anda sobrado.

15Los abuelos maternos de Doña Letizia pusieron la nota popular

De entre los 1.200 invitados, la presencia de los abuelos maternos de Letizia fueron los que dieron la pincelada de sencillez a una jornada tan pomposa. Francisco Rocasolano, de profesión taxista, y su mujer, vivieron con orgullo a la boda de su nieta.

16Una tímida Erika Ortiz, con su pareja

Tímida y ocultando su mirada bajo una enorme pamela roja, Erika Ortiz Rocasolano procuró entrar a la Catedral sin llamar demasiado la atención. Junto a ella, su pareja, Antonio Vigo. Quién iba a imaginar que apenas tres años después la hermana pequeña de la Reina fallecería en trágicas circunstancias.

17Carolina de Mónaco, sin Ernesto de Hannover

Otro de los grandes bombazos de la boda fue la sonada ausencia de Ernesto de Hannover en la ceremonia religiosa. Al parecer, el príncipe alemán (entonces marido de Carolina de Mónaco) se había entregado tanto al disfrute etílico en la cena pre-boda que fue incapaz de levantarse al día siguiente para asistir a la misa. Sonada resaca la del rey de las juergas de todas las casas reales europeas. No estaba muerto: estaba de parranda.