El Caso Nóos marcó un antes y un después en su vida. Hace tiempo que la infanta Cristina, segunda de los tres hijos de los reyes Juan Carlos y Sofía, hermana del actual Rey Felipe, no disfruta de todo aquello que se había ganado con su actitud dulce y tranquila. Solo sonrisas la rodeaban: su matrimonio con Iñaki Urdangarin, el laureado balonmanista, sus cuatro hijos preciosos, su casa, su trabajo en Barcelona… Cuando todo se torció, en 2011, el escándalo era para lo único para lo que la Infanta no estaba preparada.

Los años siguientes fueron un rosario de vicisitudes para la familia Urdangarin. Se marcharon de España, primero a Washington, después a Ginebra. Poniendo tierra de por medio consiguieron apartar a sus hijos del centro de la polémica, pero sin lograr la victoria del todo. Las sucesivas visitas de Iñaki y Cristina a los juzgados de Palma de Mallorca y la histórica imputación de la Infanta son fotos que seguramente no quieren recordar. Ella fue el primer miembro de la realeza española en sentarse en un banquillo. El proceso se alargó demasiado, hubo encontrados puntos de vista sobre su imputación…

La sentencia finalmente llegó el pasado 17 de febrero de este año: Cristina fue absuelta de los delitos principales, y solo tuvo que pagar una multa de 265.088,42 euros. Su marido, por su parte, fue condenado a seis años y tres meses de cárcel por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencia y dos delitos fiscales. Además de una multa de más de medio millón de euros. Con la decisión judicial sus vidas quedaban de alguna forma también sentenciadas. 

El favor popular perdido vino acompañado de un ostracismo social evidente. Cristina e Iñaki ya no eran bienvenidos. ¿Qué les quedaba entonces? Sus familias. Pero hay dos bandos claramente diferenciados, y no han reaccionado igual por motivos evidentes. Casi recién llegado al Trono Felipe, este decidió quitarles el título de Duques de Palma de Mallorca a su hermana y cuñado, quienes antes, cuenta la leyenda, eran sus favoritos. Un alarde de «ejemplaridad» para una nueva monarquía que no necesitaba más dimes y diretes.

Desde entonces, la relación de los hermanos es, públicamente, casi inexistente. Por detrás se habla de la mano de Letizia, quien no querría vínculos con los que han empañado la imagen de la monarquía. Sin embargo, Cristina sí asistió privadamente a la celebración de la Primera Comunión de su sobrina Leonor, hace dos años, en La Zarzuela. En cambio, no a la de Sofía este mismo año. ¿Qué le queda a Cristina? Sus padres, claro, y en particular la Reina Sofía, la única, junto a su hermana Elena, que la visitan con regularidad en su residencia en Suiza. 

Además cuenta con un reducido grupo de buenos amigos, como el matrimonio compuesto por su querida prima Cristina de Borbón Dos Sicilias y Pedro López-Quesada. En un finca de la familia de estos, en Ciudad Real, los Urdangarin pasaron la última Semana Santa. 

La infanta Elena visitó a su hermana y a su familia en diciembre del año pasado.

La presencia de Cristina en el funeral de Alicia de Borbón-Parma, el pasado 11 de mayo, le brindó un cierto balón de oxígeno. En el Palacio Real estaban todos: los Reyes eméritos, las infantas Pilar y Margarita, su hermana Elena y los Reyes Felipe y Letizia. Aunque estos se mantuvieron notoriamente fríos, su madre sí intercambió con ella un gesto cómplice y de cariño. Aquello se interpretó como el primer paso de su rehabilitación pública. Sin agenda social, ausente en Mallorca y otros eventos, en los últimos años Cristina ha vivido un doloroso aislamiento, quién sabe si próximo a su fin. El 80 cumpleaños del Rey Juan Carlos, el 5 de enero, para el que se preparan grandes festejos, será la prueba definitiva.

Estas navidades parece se repetirá la tónica. Cristina no estará en la Nochebuena en La Zarzuela en la que Felipe y Letizia congregan a los suyos. Quizás en la comida de Navidad que suele organizar su tía la infanta Pilar haya un hueco. En todo caso, siempre quedan los Urdangarin. En Vitoria, en la casa de la madre de Iñaki, disfrutan de la Nochevieja con sus hijos. Despedirán juntos un año muy complicado, con la sentencia dictada y, por tanto, con su marido pendiente de entrar o no en prisión. Dicen que podrían ser sus últimas navidades en libertad por una temporada. 

Después de tantas batallas, ¿se ha resentido el matrimonio de la Infanta? Iñaki Urdangarin no trabaja desde hace varios años, y es ella la que tira de la economía familiar. Pero la Infanta siempre se ha mostrado a su lado, contra y viento y marea, pese a las voces que aconsejaban una separación. Hasta rumores de deslealtades se pasaron por alto. Cristina e Iñaki afrontarán un 2018 lleno de incertidumbre. O en el que, pese a todo, comiencen a pasar página. ¿Lo harán juntos?

La infanta Cristina, entre su hermana Elena y su tía Pilar. De vuelta a los actos familiares, quién sabe si para quedarse.