Un sueño reparador es ya, por si solo, un ritual de belleza muy potente, pero podemos aprovechar además esas horas de sueño para potenciar los efectos de algunos cosméticos.


A veces las cosas más sencillas son las que mejores resultados dan. Sabemos desde hace mucho tiempo de la importancia del sueño para nuestra vida en todos los ámbitos, incluido en el cosmético. De hecho, las modelos de los 90 ya lo decían: uno de sus grandes secretos de belleza era dormir bien. Y parece que tenían razón, pero además, ahora podemos aprovechar la noche para multiplicar el efecto de nuestros tratamientos de belleza.

Un sueño reparador, el mejor tratamiento

Durante la noche nuestro cuerpo aprovecha para hacer algunas labores de ‘reparación’ tanto a nivel físico como mental. Por eso es habitual que nos encontremos mucho mejor al levantarnos, porque aparte de un sueño que nos recarga de energía, esas labores de reparación mejoran el aspecto de la piel.

Las firmas cosméticas han querido además darle una vuelta de tuerca más al asunto y han preparado formulaciones específicas para que hagan un trabajo concreto durante la noche. Así encontramos sérums y cremas con formulaciones muy concretas para cumplir con distintos cometidos.

Trabajan mientras duermes

Aunque la mayoría lo que hacen es proporcionar una hidratación o una nutrición extra, hay otros añadidos. Desde las cremas glicólicas para hacer más efecto a la hora de eliminar manchas a las antiarrugas con ingredientes como el ácido hialurónico o el retinol. También, por supuesto, se aceptan tratamientos para mantener nuestro pelo en óptimas condiciones y hasta anticelulíticos.

Sus efectos se multiplican con una buena dosis de sueño, algo que es necesario y que además es primordial que sea de calidad, porque esa es la base para que sea nuestro propio cuerpo el que trabaje en aras de la recuperación.

Por ello es necesario mantener una buena higiene del sueño, esto es, cuidar nuestros hábitos para descansar más y mejor. Y eso empieza por intentar mantener unos horarios razonables. Acostarse antes de las 12 de la noche e intentar dormir ocho horas será de gran ayuda para regular nuestros ritmos circadianos.

Cuidar la higiene del sueño

También lo será alejarnos de la luz azul al menos una hora antes de acostarnos y evitar las actividades agitadas antes de ir a dormir o los contenidos audiovisuales que nos sobresalten. Lo ideal es ir introduciéndonos poco a poco en el sueño, relajando nuestro cuerpo y, sobre todo, nuestra mente.

Por ello, hay que evitar las cenas copiosas y procurar realizar actividades tranquilas y placenteras antes de acostarnos, así como controlar la intensidad y el tono de las luces que nos rodean. Así lograremos que el sueño sea más profundo y descansemos mejor. Y eso lo notarán tanto nuestros órganos internos como nuestra piel.