Tras el suceso, que tuvo lugar en 1986, Lydia se debatió entre la culpa y la pena: «La familia nunca me llamó pensando que era yo la que conducía».


Lydia Lozano se ha sometido a su entrevista más sincera en ‘Mi casa es la tuya’. La colaboradora ha sido la encargada de abrir la nueva temporada del programa de Bertín Osborne donde ha hablado de su familia, el amor de su vida, Charly, su dilatada trayectoria en el mundo del corazón… Uno de los momentos más destacados se ha producido cuando ha recordado uno de los capítulos más duros de su vida: la trágica muerte de su novio en un accidente de tráfico. 

Conoció a Juan Carlos Pérez de forma casual un día en el que a él se le había estropeado el coche. Lydia, que sabe algo de mecánica, no dudó en ayudarle. Este primer encuentro fue determinante para la periodista ya que también supuso su entrada en  el mundo del corazón. Él trabajaba como paparazzi y le ofreció la posibilidad de ser redactora en una agencia de prensa. 

Un fatídico día le recogió después de que volviera de París donde había estado haciendo un reportaje. Ambos se dirigían entonces hacia Torrelodeones cuando su vehículo se cruzó con otro y el siniestro terminó siendo fatal: «Con tal mala suerte que caímos a un barranco, él salió disparado y yo acabé con la cara en el motor», ha contado. Justo el coche que venía detrás salió en su ayuda y consiguieron rescatarla.

Un duro capítulo en su vida por el que no ha podido evitar romperse en lágrimas debatiéndose entre la culpa y la pena: «La familia nunca me llamó pensando que era yo la que conducía». Reconocía que durante un tiempo le dio muchas vueltas a aquel suceso y, aún hoy, cuando lee una noticia sobre un accidente piensa: «Pobrecilla la que se queda».

«Siempre pensé, por qué no me llaman. Siempre se creyeron que yo tuve la culpa», ha explicado. Un día, tiempo después de aquello y a raíz de un comentario que hizo en televisión donde explicó que ella no iba al volante, recibió la llamada de la hermana del que fue su pareja. «Fueron unos borrachos. Me marcó mucho en el 86″. Como consecuencia de aquel accidente, tuvo importantes secuelas: se le quemó la cara, estuvo escayolada durante nueve meses y  el brazo lo tiene más corto».

Una mujer muy enamoradiza

La colaboradora ha repasado tanto su trayectoria profesional como personal y se ha definido como una mujer muy enamoradiza. «Mi corazón ha sido una pensión», ha confesado. Hasta que llegó el gran amor de su vida, el arquitecto Carlos García-San Miguel, conocido por todos como Charly, con quien lleva casada 30 años.

Se conocieron porque Lydia salía con un amigo suyo y lo primero que recuerda de él es que le hizo gracia como iba vestido con pantalón y camisa negra y unas zapatillas victoria en color verde. En un principio le pareció algo tímido, pero pronto encajaron a la perfección: «Charly era muy conocido y tenía muchos amigos conocidos. Yo les hacía fotos a esos. Él me prohibió decir que yo era periodista del corazón. Yo les decía que era bibliotecaria».

Ha revelado que sus caminos se cruzaron en el momento idóneo. Cuando ambos habían vivido mucho: «Yo a todo el mundo le digo: Tenéis que vivir antes de casaros. Luego no echas nada de menos». Destaca de Charly, sobre todo, su característico sentido del humor y su discreción. No ha pisado nunca las instalaciones de Mediaset y no le gusta cuando le nombra en televisión. Sin embargo, nunca le ha pedido que deje ‘Sálvame’: «Sabe que eso es motivo de divorcio». 

Charly es un pilar en su vida al igual que lo es su madre, una de las personas a las que siempre recurre cuando tiene un mal día. Cuando llora en ‘Sálvame’ lo primero que hace es hablar con esta. A pesar de que lleva 30 años en los platós de televisión, no sabe discernir entre lo personal y lo profesional, y se lleva los problemas a casa: «Me voy atacada».

Asimismo, se ha mostrado muy crítica con sus compañeros: «Ellos me tratan como la más débil». Y subrayaba: «Nunca me he ido. Abandonar es como: ‘Han ganado’». La relación con estos no atraviesa uno de sus mejores momentos, y es que si antes no dudaba en invitar a algunos cuando hacía una fiesta en casa ya no lo hace.