La locutora, que ha superado su tratamiento contra el cáncer, ha reflexionado sobre la muerte en el programa de Pablo Motos.


Julia Otero ha celebrado su reciente regreso al trabajo tras haber superado el cáncer que la alejó de las ondas concediendo una entrevista a Pablo Motos. Se han visto las caras en el plató de ‘El Hormiguero’, donde ha hablado sin tapujos de la enfermedad que ha cambiado su manera de ver la vida. Sonriente y positiva, la periodista se ha metido al público en el bolsillo. Declaraciones como «Estoy fatal, porque estoy muy nerviosa… Vengo de un sitio muy negro, de once meses de caña. Y quiero hacerlo bien. Quiero dejar claro que yo no soy bandera de nada ni estandarte de nada. Soy una enferma más de cáncer que ha pasado 11 meses duros» tienen mucho que ver con ello.

«No soy bandera de nada»

Y es que al arranque de su charla con el presentador ha hecho toda una declaración de principios. «Hoy a 800 españoles les han diagnosticado cáncer. Y mañana otros 800. Y así hasta 300.000 al final del año», proseguía, antes incluso de que Motos le formulara una sola pregunta. «No soy diferente a ellos. No quiero que nadie piense que estoy aquí para hacer de bandera de nada. Mi intención es ayudar a la gente que no tiene voz. De los miles que están diagnosticados con cáncer y con tratamiento habrá mucha gente en casa. Si algo de lo que digo yo les sirve a ellos y a su entorno habrá merecido la pena. Solo soy una enferma oncológica que ha salido. Nada más«, aclaraba. Los aplausos del público la arroparon de inmediato.

La presentadora, que volvió el pasado 10 de enero a su programa ‘Julia en la Onda‘, en Onda Cero Radio, tiene motivos de sobra para estar satisfecha. Después de un año alejada de su pasión por los micrófonos tras tener que someterse a un tratamiento de quimioterapia, ha llegado el momento de comenzar una nueva etapa. Y su dolencia, cuyo tratamiento finalizó el pasado mes de julio, no le ha restado un ápice de entusiasmo.

Julia Otero secuelas
Redes sociales

«No sabes cómo reaccionar cuando llega», ha contado en su encuentro con el de Requena sobre el día que le diagnosticaron la enfermedad. «Cuando te despiertas empiezas a ver que hay caras raras. Es un shock traumático de tal magnitud que es difícil contarlo», añadía. Y reconocía que por primera vez en su vida tembló al sentir pánico: «Se puede temblar de miedo».

Tras saber que se enfrentaba al cáncer, imaginó episodios de su vida. Pero no los del pasado, sino los del futuro: «Se te pasa toda la vida pasada, pero no la vida pasada. Es la melancolía del futuro para el que tal vez no estés presente. Piensas en tus hijos en los nietos que tal vez no verás, en la casa de campo que te estás haciendo».

«No he vencido nada. La opción de que vuelva siempre está»

Luego tuvo que enfrentarse al reto de comunicarlo a su familia, a sus compañeros, a sus amigos. Y en su caso, a los oyentes de su programa. «Tienes que preparar a todo el mundo. Alguien que hace un programa de radio o televisión tiene que decirlo. Comunicar que uno tiene una enfermedad que tienen 300.000 compatriotas cada año no es fácil. Hablar de cáncer en la radio o en la televisión es bueno… pero cuando pones el vernos en primera persona la cosa cambia», confesaba. «Yo tuve que contarlo públicamente. El cáncer tiene muchas variantes. Y hay que buscar nombres y apellidos. Hay una fase de buscar la máxima información. Luego llega el infierno».

«Te dicen que eres muy fuerte. No es que seas fuerte: es que tienes que resistir como sea. ¿Cómo va a ser una guerra si te deja hecha polvo?», ha recordado. Asimismo, ha advertido de los peligros del «lenguaje que usamos en los medios», ya que no se corresponden con la realidad. «Ojo con los términos bélicos… Cuando leo ‘Julia Otero vence al cáncer’ o que ‘Alguien ha perdido la batalla contra el cáncer’ me muero de miedo porque no he vencido nada. Hay cuatro o cinco años de margen. La opción de que vuelva siempre está… No se pierde ninguna batalla. No se puede establecer en términos de ganar o vencer».

Julia Otero ha compartido sus reflexiones sobre la enfermedad. Y sobre la muerte. Ha tenido mucho tiempo para pensar sobre ello. «Alguien que está sano puede morir de un infarto. La diferencia es que la vida de un enfermo de cáncer está llena de incertidumbre. Es un spoiler que todos sabemos y que olvidamos. Todos vivimos de espalda a eso», decía. «Vivo con esa incertidumbre, pero he aprendido a ver las cosas bonitas de la vida».

«He llegado a organizar mi muerte»

«He pensado mucho en la muerte. Y he llegado a organizarlo todo», admitía. Los primeros días hasta quiso cambiar su testamento. «Pienso que igual dentro de cinco años no estoy. La vida es eso. Estás o puede que no estés… Pero la muerte no tiene que asustar». Por último, sentenciaba: «Tengo miedo al dolor. Tengo miedo a sufrir. Pero más que miedo a morirse… Me da pena morirme. Más que miedo de morirme, tengo pena de morirme. Pienso en los hijos que puede tener mi hija: ¿Serán rubios, serán morenos? Es nostalgia de futuro, melancolía de lo que no has vivido. Todo eso es lo que pasa por la cabeza de las personas con una enfermedad que puede acabar con ellos».

© Gtres.

Al detallar cómo vivió las sesiones de quimioterapia, ha sido muy precisa: «El tratamiento consiste en hacerte daño para curarme». La primera sesión le produjo «un miedo espantoso». Ha explicado que «hay gente que escoge no saber, que escoge la ignorancia porque cree que si saben van a vivirlo peor». Pero en su caso «escogí preguntarlo todo constantemente. Llegaba allí con una batería de preguntas enorme. Cuando llegué el primer día ya sabía qué sustancias me iban a poner y qué ocasionan esas sustancias dentro de mi cuerpo… A mí me venía bien saber lo que me estaban poniendo por la subclavia -es ahí donde tengo el catéter- y lo que estaba produciendo en mi cuerpo».

«Le pedía perdón a mis células buenas»

«Cuando entraba en el box de quimioterapia le pedía perdón a mis células buenas. Mentalmente les decía ‘vais a sufrir mucho’… Las benignas son células inocentes, que se han portado bien, que no han iniciado ningún camino hacia la malignidad, que se han comportado correctamente», añadía. Llegaba incluso a hablar de cómo se comportan esas «células buenas» del organismo: «Esos millones de células se están suicidando. Cuando se han visto a sí mismas han visto que son defectuosas. Y como es defectuosa, por el bien común, que es el bien de la sociedad celular en la que está y que no va a hacer el bien, se suicida».

De su extenso testimonio, Julia Otero ha destacado que no se debe perder la fe: «Es bueno estar esperanzado». Y ha hecho hincapié en lo bueno que es centrarse en cosas que resulten agradables para el corazón: «Reírse de uno mismo es importante para la salud. Procura buscar los rincones amables de la vida».

 

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