«Me he comido esas mentiras porque sabía que podía haber una solución. Cada vez que había una, me dolía en el alma», ha manifestado sobre su marido.


De la culpabilidad al miedo pasando por su mayor decepción. Irene Rosales se ha sincerado por completo para hacer un repaso a su vida y hablar del momento que atraviesa marcada por el reciente fallecimiento de su madre, el pasado mes de febrero. «Me siento culpable de que damos por hecho que las personas nos van a durar toda la vida. Me acostumbré a que mi madre tenía que cuidar a mi padre. Si tengo que poner la palabra culpa en mi vida, me siento culpable por no haber hecho que ella hubiera disfrutado también de su vida. Me he sentido muy egoísta».

Ha reconocido que su vida ha cambiado por completo desde que no tiene a su progenitora a su lado. «Se me ha ido la primera figura en mi familia. Mi pilar. Ese pilar hay que cuidarlo. Lo he tenido ahí, me ha ayudado en todo, pero no le he dado lo que se merecía. He sido muy egoísta, sobre todo desde que soy mamá», ha reconocido durante la ‘Escalera de las emociones’ de ‘Viva la vida’.

Se ha emocionado al recordar las palabras que su madre compartió con ella los sus últimos meses antes de morir: «Me quiero cuidar para disfrutar la vida». Una revelación que hacía sin poder reprimir las lágrimas. La culpabilidad le sigue pesando como una losa, un tema que Irene pudo tratarlo en vida con su progenitora y que actualmente habla con sus hermanos. Asimismo, ha indicado que ese sentimiento le costará quitárselo y que ahora mismo su única preocupación es la falta que tiene de un ser irremplazable. 

Su mayor decepción

«La decepción más grande es la que he tenido conmigo misma. Yo aspiraba a otros planes de futuro», ha dicho. Comenzó a trabajar muy joven y olvidó pensar en sus retos personales y sus planes soñados. Le hubiese gustado estudiar Educación Infantil, aunque ha recalcado que le apasiona el mundo de la policía y el ejército.

«En ese momento, puede ser por pereza, no le puse más ganas a la vida. Si me lo hubiese planteado podría haberlo llevado todo hacia adelante como hacen muchas personas», ha asegurado. Asimismo, hacía mención a sus inseguridades y señalaba que se había valorado poco durante toda su vida.

Rechaza toda clase mentira porque cuando a ella la han mentido la han hecho sentirse tonta: «Hay veces que soy demasiado buena». La época que peor lo pasó fue cuando su marido, Kiko Rivera, estaba superando sus adicciones: «Me he comido esas mentiras porque sabía que podía haber una solución. Esas mentiras a la única persona que podían perjudicar era a él. Cada vez que había una, me dolía en el alma», ha indicado.