Hace un mes, el paparazzi anunciaba que se marchaba para poder jugar con sus hijos durante los fines de semana.


El pasado 13 de octubre, uno de los colaboradores más indispensables de ‘Viva la vida’, Diego Arrabal, anunciaba su marcha del programa de Telecinco. Ahora, tan solo un mes después, el paparazzi ha regresado al espacio presentando por Emma García con motivo del desgarrador relato de Kiko Rivera sobre Isabel Pantoja y Cantora.

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A pesar de que no han hablado abiertamente sobre su marcha y su posterior vuelta, Diego Arraba se lanzaba a opinar sobre ‘Cantora: la herencia envenenada’. El colaborador de ‘Viva la vida’ hacía hincapié en que entendía el motivo por el que Kiko Rivera estaba haciendo público su guerra con la tonadillera, aunque insistía en que no eran la mejor manera de hacerlo.

«Puedo entenderlo, pero esas maneras de retar a la madre me descuadran muchísimo. Que se sorprenda con la edad que tiene de la herencia… A mí se me cae cuando se le pregunta a Kiko y dice que no se ha leído el testamento. Uno se da cuenta de que va a por todas cuando pronuncia la palabra cárcel. Hay una cosa muy creíble que es cuando se quedaba sin voz, eso es de los nervios. Era muy grande», opinaba. Sentado al lado de Terelu Campos, como viene siendo habitual en él, el paparazzi no se quedó callado al escuchar las diferentes opiniones del resto de colaboradores, especialmente la de Luis Rollán. El íntimo amigo de Isabel Pantoja confesaba que era consciente desde hace mucho tiempo del dolor del DJ y de ninguna manera podía imaginar que todo acabara así.

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«Respeto a Kiko y su decisión pero sí me da miedo las consecuencias a largo plazo, no a nivel legal, a nivel emocional, es su madre, sé cómo es la relación entre madre e hijo, que hayan tenido sus momentos, que se arreglen lo veo muy difícil…«, reconoce el periodista tras negar que se hubiera puesto en contacto con la interprete de «Marinero de luces». Ante esto, el paparazzi no dudó en preguntarle si la cantante seguía teniendo a sus amigos alrededor, y si la respuesta era afirmativa, por qué Luis Rollán no le había mandado un mensaje.

El pasado 13 de octubre, Diego Arrabal sorprendía a toda la audiencia y anunciaba a través de sus redes sociales que daba por finalizada su etapa en el programa de Telecinco. «Quiero ser yo el encargado de comunicaros que después de más de tres años participando en el programa ‘Viva la Vida’ llegó el momento de deciros adiós. (Jugar con mi hijo los fines de semana no tiene precio) Suerte para todos !!! Gracias», escribía un día después de su comentado enfrentamiento con las Campos. Ahora, la vuelta de Arrabal no ha pasado desapercibida por la audiencia, quienes han corrido a las redes sociales para lanzar algún que otro comentario. «Que alegría volver a ver a Diego Arrabal en el programa, el único que dice las cosas a la cara», «Menos mal que ha vuelto Diego Arrabal, algo de cordura en el programa por favor», «¿Pero Diego Arrabal no se había ido del programa para poder estar y jugar con su hijo los fines de semana?», «Mira se le ha ido el enfado a Diego Arrabal, ya está en su silla», son solo algunos de los comentarios que se pueden leer. 

El motivo de la guerra entre Kiko e Isabel Pantoja

© Gtres.

‘Cantora: la herencia envenenada’ ha dinamitado por completo la relación entre Kiko Rivera e Isabel Pantoja. El hijo de la tonadillera hacía hincapié en que su relación con su madre se rompió el pasado 2 de agosto en la finca de Medina Sidonia, aunque era Jorge Javier Vázquez quien hacía público el desagradable episodio que había provocado la ruptura en la relación de madre e hijo. Ese día, el DJ se encontró por casualidad la habitación de su padre, Paquirri, en Cantora abierta y allí estaban todas sus pertenencias. Unos enseres del diestro que durante años han copado titulares después de que un sospechoso robo en la finca había hecho desaparecer.

Algo que antes no podía haber visto puesto que esa habitación permanecía cerrada con llave. «Toda mis vida he pensando que ahí no había nada. Cuando he entrado ahí, no había nada», aseguraba roto de dolor ante unos colaboradores que no daban crédito a lo que estaba contando.