Roberto Leal
Alberto Bernárdez

Roberto Leal: “Llamar a mi madre todos los días es un mandamiento”

El presentador estrella de la televisión concede una tierna entrevista a SEMANA en su mejor momento personal y profesional.

Roberto Leal lleva más de ocho horas en el plató, pero no tiene prisa y si la tiene lo disimula bien. Es tremendamente diplomático. “¿Estás deseando que terminemos?”, le preguntamos. “Bueno, es que tengo más hambre que un alcalde nuevo”, bromea él. “Pero está siendo un placer”, añade. El placer es charlar con un tipo que, aunque se ha convertido en el presentador del programa con más audiencia de la televisión nacional, sigue teniendo los pies en la tierra. Incluso se pone nervioso durante la sesión de fotos y juguetea con su alianza de boda, la que lleva en el dedo anular de la mano derecha.

Roberto Leal

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Hace siete años te escribí por Twitter. Enseguida me diste tu email y aceptaste que te hiciese unas preguntas. ¿Sigue siendo Roberto Leal así de accesible?

Trato de serlo. Considero que mi vida ha cambiadomucho, pero intento atender a todo el mundo. Sería deshonesto si te dijera que contesto a cada persona, porque sería imposible, pero trato de cuidar a la gente que me pide cosas, sobre todo a los estudiantes de Periodismo, porque yo en su día también lo hice.

¿Te ha cambiado convertirte en el presentador del programa con más audiencia de nuestro país?

A mí no me ha cambiado. Habrá gente que pueda pensar que sí, pero esa gente no me conoce. Yo sigo siendo el mismo. Sigo trabajando igual, sigo tomándome todo igual de en serio y no voy por la calle pensando que este programa va así de bien por mí ni nada por el estilo. Eso sería súper aburrido, ¿no? Tengo otros problemas en los que pensar.

Pero se desayuna mejor con un 24 por ciento de audiencia que con un 4, ¿no?

Por supuesto. Esto no es falsa modestia. Claro que se vive muchísimo mejor y
mucho más tranquilo. Yo miro las audiencias cada mañana, porque me debo a ello por mi oficio, porque tengo el gusanillo y porque no se puede ir de sobrado, ¿sabes? Pero no me agobio, lo disfruto.

Pasapalabra es un formato de éxito por sí mismo, pero ¿qué crees que le aportas tú al programa?

Yo creo que mi forma de ser, mi impronta, saber que es un programa en el que te puedes reír y sacar tu vena más payasa y divertida. Hasta el Rosco, eso sí. Ese momento es el más solemne.

Te he traído una pregunta de una espectadora, de mi abuela en este caso, para saber lo que a que ellos, los espectadores, les interesa de ti. Mi abuela te traslada esta pregunta: ¿Qué sientes cuando entregas el bote?

Jo, ¡qué bueno! (Hace una pausa) Es difícil contestar a tu abuela, pero voy a tratar de hacerlo lo mejor posible. Es que es complicado ser consciente de que ese momento es un momento único e histórico en la tele. Yo lo recuerdo como si fuera una ensoñación, como si fuera en volandas, porque estábamos todos súper emocionados. Yo tenía el corazón a mil por hora.

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¿Qué vinculo creas con los concursantes?

Normalmente es un vínculo de amistad y de respeto. Y con muchos de ellos me intercambio el teléfono y mantengo el contacto. No me llamo con ellos todos los días, pero sí de vez en cuando. Es que al final pasas mucho tiempo con ellos. Rafa y Orestes son ya como colegas de toda la vida.

¿Te has ido de cañas con ellos?

Pues mira, no me he ido porque no me voy de cañas con nadie, porque no me da la vida, pero no me importaría.

Respecto a los invitados, mójate, ¿con quién te has llevado una grata sorpresa?

Ufff, qué difícil. Déjame que lo piense... Mira, a mí lo que más me ha gustado ha sido redescubrir a personas que, por su oficio, tienen un perfil más serio, pero luego es una sorpresa verlos disfrutar tanto. Respondiendo a tu pregunta, una de las personas que más me han sorprendido ha sido el escritor Fernando Schwartz. Me pareció una persona mágica. Es de esas personas que cuando las sacas de su rol crecen y eso es lo bonito de este programa, que le da la oportunidad a muchas personalidades de salir de su papel y demostrar cómo son en realidad sin estar encorsetados.

¿A quién fue la primera persona a la que llamaste para decirle que te habían llamado de Pasapalabra?

A mi madre y a mi mujer. Bueno, a Sara no la llamé porque me pilló en el confinamiento y es quien tenía al lado.

¿Y qué consejos te dieron?

A mí nadie me ha dicho lo que tengo que hacer. Yo siempre he pasado todo por mis
entrañas y siempre lo he hablado con la gente que quiero, pero la decisión es mía.

Como periodista, ¿cuándo te das cuenta de que algo está cambiando a nivel de popularidad? Cuando ves que te han hecho un perfil en Wikipedia, cuando te piden entrevistas, cuando te invitan a un photocall…

Mira, no lo había pensado nunca, pero todo eso que dices indica que algo está cambiando. De repente ves que los medios se interesan por ti, cuando antes ni te miraban, o , de repente, te invitan a un programa de televisión al que siempre has querido ir, como me pasó a mí con El Hormiguero.

¿Crees que padeces el Síndrome del Impostor?

No lo sé, pero sí que es verdad que como presentador tienes días en los que dices:
“Ostras, ¿cómo he llegado hasta aquí?” Y echas mucho la vista atrás. Si además eres de
los que sabes que esto no te ha cambiado y no te debe cambiar, entonces sí puedes pensar: “¿Estaré a la altura? ¿Qué tengo yo que no tenga el otro?”. Y te lo preguntas mucho. Mi respuesta es que no lo sé. Solo sé que en su día apostaron por mí y que esto de la tele es algo frágil. Lo que sí que tengo claro es que si me encuentro con tu abuela por la calle, quiero que tu abuela vea al mismo tipo que ve en pantalla. Si no el mismo, alguien muy parecido, que lo único que note es que no visto igual y que no voy maquillado.

¿Un salto a la fama tan brutal requiere terapia?

No, en mi caso la terapia ha sido no romper el círculo que he tenido siempre. Mi familia, mis amigos, mis chirigotas, mi equipo de fútbol… Yo creo que el problema es cuando te llega algo así y cambias de ambientes porque ahora eres chic. Eso te puede desbaratar.

Voy a leerte la que podría ser una posible presentación de Roberto Leal. Aviso, da
vértigo. “Hola, Soy Roberto Leal, tengo 43 años, estoy casado desde hace 7 con una chica estupenda, tengo dos hijos preciosos, presento el programa de más audiencia de la televisión, tengo una casa bonita y dinero en el banco”. ¿Impacta?

(Levanta las cejas y se ríe) Yo nunca haría esa presentación de mí. Me parece un poco presuntuosa, pero entiendo lo que dices y, sí, no tengo ninguna queja y sé que soy un afortunado. (Silencio) Joder, me has dicho esto y me ha dado vergüenza. Me has puesto frente al espejo y dices: “Joder, es verdad”. No me había parado a analizarlo, pero
de verdad que el único secreto es seguir teniendo claro lo que eres, no salir a la calle con ese decálogo que tú misma has leído y que me haría ser un tipo aburrido y presuntuoso.

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¿Qué peso tiene tu madre o tu mujer para que no salgas con ese decálogo?

Todo, tienen todo el peso. Todo gira alrededor de mi familia y mis amigos. Ellos me ponen los pies en la tierra y no están constantemente hablándome de la tele y me ayudan a ser más yo que nunca.

Tu madre te piropea, pero ¿hay tirones de orejas?

Sí, claro. Lo que pasa es que no le habéis preguntado en condiciones.

Mentira, ella habla bien de ti todo el rato.

Es que tenéis que buscarle las cosquillas y os diría que soy muy cabezota, que me encanta llevar la razón siempre y que me enfado por tonterías.

¿Cuál ha sido la última bronca que te ha echado?

Por el tema de los trenes de estas Navidades, porque la pobre siempre está empeñada en que yo le saque los tickets y se los mande para imprimirlos. Yo le explico que lo puede llevar en el móvil, pero ella no quiere. Y son peleas tontas, pero nos peleamos mucho por esas cosas.

¿Cuántas veces hablas con ella?
Todos los días.

¿Varias veces?
No. Una vez por la tarde y si se me pasa ya me llama ella: “¿Tú qué? ¿No tienes ni un ratito para tu madre?” Y tiene razón. A las madres hay que llamarlas.

¿Esto lo has aprendido tras la muerte de tu padre, que falleció en 2019?
Y tanto. Suele pasar eso, que te cambia el chip, pero luego se nos olvida pronto. Ocurre
algo y dices: “Hay que disfrutar la vida, no hay que trabajar tanto” (da golpes en la mesa
para enfatizar). Pero eso son cuatro días y luego vuelves a las andadas. Sin embargo, hay cosas, como la de llamar todos los días, que tienen que ser mandamientos. Una llamada
de tu madre tiene que ser respondida, una llamada perdida de tu padre, tiene que ser devuelta (vuelve a dar golpes en la mesa), un audio de tu madre tiene que ser escuchado y no vale ponerlo x2, porque al final vamos tan corriendo que no nos damos cuenta de lo importante. ¿Te escriben del trabajo y respondes y a tu madre la dejas en visto? Eso no puede ser. Yo trato de cumplirlo. Es un mandamiento para mí.

¿Respecto a tu padre te queda alguna espinita?

No, porque yo no podía hacer nada. Fue una enfermedad muy larga, pero el tiempo que estuvo bien y que yo ya me dedicaba a esto hice muchas cosas con él. Yo creo que se fue orgulloso, aunque me da pena que no haya podido vivir esta última etapa de mi vida.

Vienes de una familia humilde. Tu padre era albañil y tu madre ama de casa y costurera. ¿Cuál fue el primer capricho que les diste?

Me los llevé a Eurodisney. Me fui a París con mis padres, mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos. Fue el primer viaje familiar que hicimos y guardo unas fotos preciosas con mi
madre y mi padre. Tampoco me fui al mejor hotel de París, porque ni podía ni quería (ríe). Tampoco lo hago ahora que quizá podría, que conste.

¿Qué hace Roberto Leal cuando no está trabajando en el plató?

Pues seguir trabajando porque yo tengo mi productora y con eso ya tengo mucho jaleo.
Pero también trato de sacar tiempo para mi mujer y mis hijos. Y, bueno, hago muchos deberes, que yo no sabía que con cinco años había que hacer tantas tareas extraescolares...

¿Te pesa tener poco tiempo para estar con tus hijos?

Yo trato de cuidar mucho esa parte. Aunque hay veces que te lías tú mismo con más trabajo, hay que separar. Yo trato de pasar el máximo tiempo con mis hijos porque haces así (chasquido de dedos), parpadeas y el niño ya tiene dos años y la niña te habla como una persona mayor.

¿Tus hijos ya saben ‘quién eres’?

Mi Leo, que tiene dos años, me confundió el otro día con el del logotipo del Kentuchy Fried Chicken y dije: “Uy, este no lo tiene muy claro”. Mi hija sí, sí lo sabe, pero, por ejemplo, cuando yo llego a casa ella no me deja ver Pasapalabra, porque tengo que ver sus dibujos.

¿Y Sara, tu mujer, te deja ver Pasapalabra?
Sara sí. Es verdad que al principio me decía: “¿Otra vez Pasapalabra?” Pero bueno, desde el principio ella me ha ayudado mucho y era la que me daba la réplica en los roscos porque estábamos solos en casa. Ensayaba con ella porque la gente no lo sabe, pero hay que ensayar.

Para terminar, ¿qué le decimos al Roberto Leal que con 20 años trabajaba en la caja de un supermercado?

Roberto, vas muy bien por ahí, pero un dato: cuando tengas 43 tendrás todo tu pelo blanco y te queda muy bien.

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