La vocalista de ‘El sueño de Morfeo’ ha explicado cómo se enfrentó al salvaje animal y logró salvarle la vida a su pequeño Mael.


Raquel del Rosario se ha abierto en canal en sus redes sociales y ha compartido con sus seguidores uno de los peores momentos de su vida. El pasado 16 de agosto, su hijo salía al jardín a buscar fruta y era atacado por un puma, que le causó un sinfín de heridas. «Unos milímetros más y no lo hubiese logrado», dijo el médico, según narra la cantante. Tras esto, la que fuera representante de España en Eurovisión 2013 también ha explicado cómo se enfrentó al salvaje animal y logró salvar a su pequeño Mael.

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«‘Mami, voy al árbol a buscar fruta», me dijo en el jardín. El grito que escuché segundos después aún sigue resonando en mi cabeza, al igual que la imagen que vi al girarme. Un puma se había avalanzado sobre él y lo hería ferozmente con sus zarpas», comienza a escribir. El fatídico hecho tuvo lugar el pasado 26 de agosto y a día de hoy Raquel del Rosario sigue dándole vueltas y recreando segundo a segundo todo lo que vivió sin llegar a comprender «cómo atravesé el jardín en milésimas de segundo o de dónde provenía la fuerza que me hizo golpear repetidamente al animal con mis puños hasta quitárselo de encima».

Después de salvar a su hijo, su marido apareció en casa, al igual que un segundo puma. Después de avisar a todos sus vecinos, la familia se dirigió al hospital y cuando vio a su hijo salir de la cirugía que le salvaba la vida, el corazón de Raquel del Rosario se rompió por completo. «Me invadió el miedo. Si alguien me hubiese dicho en ese momento viendo su estado, que tres días después saldría corriendo del hospital jamás lo hubiese creído. Estas semanas hemos ido transitando ese dolor, sintiéndolo y aceptándolo, sin huir de él. Refugiándonos una vez más en la naturaleza, impredecible como un animal salvaje o la erupción de un volcán, pero sanadora y mágica a la vez», comenta.

La vocalista de ‘El sueño de Morfeo’ cree firmemente que ese fatídico día guardaba una simbología especial y entendió que era una forma que tenía de hablarle la vida sobre aquellos aspectos que se escapan de nuestra comprensión y que provocan que comencemos a vivir el aquí y el ahora. «Nos recuerdan que nuestros hijos son un precioso préstamo de la vida, que su alma tiene su propio plan ante el que solo podemos otorgar amor y dedicación», reflexiona.

Un ataque que movilizó al vecindario y que cambió su manera de ver la vida

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Una vez que la familia volvió a su casa de California, el vecindario se había movilizado por completo. Diversos medios se agolparon a las puertas de la casa de la cantante y esta recuerda que se sintió como si estuviera protagonizando una película. «Los vecinos nos habían hecho llegar cartas, regalos, comida y demás detalles a casa. Las autoridades encargadas de controlar y proteger la vida salvaje estuvieron pendientes de nosotros en todo momento», admite. Para el pequeño Mael solo tiene palabras de admiración puesto que se mostró fascinado por todo lo que había ocurrido.

Sobre el día de incidente, Raquel del Rosario narra que, después de que llegaran del hospital, el puma seguía agazapado en el jardín de su casa y, siguiendo la ley de California, las autoridades se vieron obligadas a sacrificarlo. «Nos hubiese gustado y me consta que a ellos también, que el desenlace con respecto al animal hubiese sido otro, pero esa decisión no nos correspondía a nosotros», cuenta.

La representante de España en Eurovisión 2013 insiste en que después de ese momento, no pudo dejar de observar como otros dos pumas se posicionaban junto al cuerpo sin vida del otro: «El otro puma que resultó ser su hermano regresaba al jardín acompañado de su madre. Intercambiamos una mirada de dolor que jamas olvidaré«.

Con reflexión final, Raquel del Rosario es consciente de que un ángel de la guarda cuida de sus hijos, a pesar de que siempre ha dicho en tono de broma que estos llegaría un día en el que dimitirían por estrés. Con esto, la cantante se dio cuenta de que ese 26 de agosto se obró un milagro y que un ángel estuvo presente sosteniendo los milímetros que separaban la vida de la muerte de su hijo.