Si hay una cualidad que destaca de Mila Ximénez es la capacidad de reinventarse. Ríete tú de Madonna o de Lady Gaga. Ahora vuelve, dice que más zen, pero con la escopeta cargada y armada hasta los dientes.

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Mila Ximénez, a su vuelta de ‘Supervivientes’, mucho más segura de sí misma que nunca.

Mila Ximénez ha exhibido en Honduras todo un catálogo de actitudes no precisamente conciliadoras, aunque gracias a su gran inteligencia ha sido capaz de dar la vuelta a cualquier situación. Su dominio de la retórica y que sabe más la diabla por vieja que por diabla (líbreme dios de llamarla ‘vieja’) logró que saliera airosa de un embolado en el que tenía todas las papeletas para resultar odiada.

La ex de Manolo Santana tiene un historial a sus espaldas, que ni esconde ni reniega de él, lo que la convierte en más libre e impide que sea rehén de nadie, que ha fraguado una personalidad beligerante y muchas veces altia. Tal vez porque le han hecho mucho daño y ha aprendido que la mejor defensa es un ataque. O simplemente porque es así, sin más. No pretendo psicoanalizarla.

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Mila Ximénez ha encontrado en su hija Alba el mejor apoyo en todo momento.

Mila Ximénez no entiende cómo sus compañeros le tienen miedo, quizás porque no es capaz de desdoblarse y verse a sí misma convertida en una hidra, soltando exabruptos, amenazando con contar, con ademanes de pandillera de barrio. Y lo triste de todo esto es que es una mujer que tiene mucha más clase, cultura y savoir être que la que exhibe en el programa que le da de comer.

Mila ha elegido nueva víctima: Lydia Lozano. Sobre ella ha sembrado las dudas sobre su pasado, amenazando con desvelar secretos capaces de arruinar la vida de su compañera. Eso, en mi pueblo y los de alrededor, se llama chantaje. Y es una palabra muy fea.

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Mila Ximénez no ha tenido lo que se dice una buena relación con Yola Berrocal.

A veces pienso que en su intimidad, Mila Ximénez debe de ser una mujer encantadora, amiga de sus amigos, enemiga de sus enemigos, y alguien interesante con quien conversar, tomar una copa o salir de viaje. Quizás lo suyo sea un papel en el ‘reality’ en que se ha convertido ‘Sálvame’ y cuando se apague la cámara sea todo dulzura.

Yo si fuera Lydia Lozano no me acogotaría, daría el puñetazo en la mesa y le obligaría a Mila a desvelar esos secretos que supuestamente la hundirían. Cuando alguien depende de la voluntad de otro de largar renuncia a su tranquilidad, a su sosiego y a su derecho a haberse equivocado en el pasado. Porque todos, sin excepción, tenemos manchas en nuestro historial vital. Mila también. Y lo sabe.

Quizás, llegada la hora de la verdad, la tensión se disuelve en un abrazo y vuelven a ser amigas. Ya se sabe que en televisión nada es imposible…

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«El eje del mal» parece volver por sus fueros. Mila Ximénez se ha reconciliado con Kiko Matamoros.