La pareja salía a cenar para despejarse ante el aluvión de reacciones que recibió el DJ tras su desgarrador relato en ‘Cantora: la herencia envenenada’.


Kiko Rivera está viviendo uno de los momentos más amargos de su vida a raíz de su guerra con su madre, Isabel Pantoja. Parece que no hay vuelta atrás en la relación entre madre e hijo después del desgarrador relato del DJ en ‘Cantora: la herencia envenenada’. Tras el especial de Telecinco, el hermano de Chabelita Pantoja se ha refugiado en sus hermanos, Fran y Cayetano Rivera, y su mujer, Irene Rosales. La colaboradora de ‘Viva la vida’ se ha convertido en el pilar fundamental de la vida del interprete de «Así soy yo» y han demostrado que el matrimonio está más unido que nunca.

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Un día después de relatar ante cerca de cuatro millones de espectadores todas sus desavenencias con su madre, Kiko Rivera e Irene Rosales salían a cenar para despejarse ante el aluvión de reacciones que recibió el hijo de Paquirri. El hijo de Isabel Pantoja y la colaboradora han hecho hincapié en que están más unidos que nunca y que ante las adversidades que les pone la vida, están más fuertes que nunca.

A juzgar por las imágenes, la pareja ha disfrutado de un plan para dos en la capital española para así despejarse de su realidad y de la guerra familiar que está en boca de todos. A pesar de su intento por ponerle buena cara al mal tiempo, lo cierto es que sus caras reflejan el mal momento por el que están pasando. Los ojos de Kiko Rivera denotan cansancio y abatimiento después de las duras semanas que está pasando a raíz de su conflicto con su madre, la persona a la que más quería y en la que depositaba su plena confianza.

Sin embargo, el joven tiene claro que no va a perdonar a su progenitora después de haber descubierto que le ha estado mintiendo durante años. Según él mismo contó, fue el pasado 2 de agosto cuando todo cambió después de que descubriera que las pertenencias de su padre, Paquirri, seguían en Cantora. Los mismos enseres que durante años han protagonizado varios titulares después de que la tonadillera hiciera hincapié en que habían desaparecido en un robo.

El comienzo de algo muy duro

Kiko Rivera e Irene Rosales están sobrepasados por la situación. A pesar del empeño del DJ en hacer pública su guerra con su madre y su insistencia de cumplir la última voluntad de su padre, la colaboradora de ‘Viva la vida’ reconoce que el especial del pasado viernes tan solo es el comienzo de «algo muy duro».

En su intervención en el programa presentado por Emma García, la sevillana hacía hincapié en que ella también estaba sufriendo por la impotencia de no poder ayudar a su marido puesto que el tema de la herencia del diestro era algo con lo que no podía lidiar. «Yo también siento mucha rabia e impotencia, no voy a hablar mal de nadie, pero siento como persona, esposa, hija y madre que soy”, decía. A pesar de esto, Rosales es consciente de que su papel es fundamental para que Kiko no caiga en un pozo de tristeza. «Está solo, pero no está solo. Mi familia y mis hermanos le quieren como a mí. De hecho, ellos se preocupan mucho por él», insistía. Irene Rosales siempre va a estar junto a su marido y así lo ha demostrado, una vez más, en su última salida.