De los creadores de «Carmen Lomana vomita toda su mala leche sobre María Teresa Campos» llega ahora «Quieren dar el disgusto de su vida a Isabel Preysler».

Amigas, la gente está últimamente con las garras muy afiladas, con el exabrupto a flor de piel, con coronas de espinas a mano por lo que pueda pasar… Y ha llegado la boda de Ana Boyer con Fernando Verdasco que, adelanto, a mí tampoco me ha gustado nada, y se han tirado todos en plancha contra los ‘outfits’ de la pareja.

Tamara Falcó ha compartido en su perfil de Instagram esta foto de su hermana, ya recién casada, con el vestido de la polémica.

A mí el vestido de Ana Boyer me ha recordado un poco a los que se ponían en los años 90 las hermanas Abradelo en las galas de Tele 5, pero de novia. Eso sí ni yo soy un experto en moda ni pretendo serlo, así que mi opinión no está precisamente autorizada. El propio Nacho Montes, que posiblemente tenga mucho más criterio que yo, decía ayer que no es que el vestido estuviera mal sino que no era apropiado para esas circunstancias. Igual sea eso, porque Pronovias suele hacer realidad los sueños de todas las novias y más cuando hablamos de alta costura, como era el caso. Después de todo, con que le haya gustado a la hija de Miguel Boyer estamos todos contentos.

Isabel Preysler siempre va perfecta. Es muy difícil pillarle en un renuncio.

Siempre he sido muy fan de Isabel Preysler, desde que era pequeño, cuando ya me parecía una persona mayor, porque ya se sabe que en la infancia tenemos todos la perspectiva temporal trastocada, y con los años he seguido disfrutando con su elegancia atemporal, pero en esta boda la que más me ha gustado ha sido Chabeli, que siempre ha ido a su bola y no le ha importado tener unos kilos de más o llevar el pelo de cualquier manera. No hace tanto me decía Juan Avellaneda que «una persona con estilo es cualquiera que sea fiel a sí misma. Si la persona está encantada, adelante. Si estás bien con tu estilo no tienes ningún problema, como si quieres vestir todos los días de rojo. Hay que estar abierto de mente».

Pues eso.

Ana Boyer ha tenido su boda de ensueño, aunque las opiniones sobre su estilismo y el de su novio no han sido positivas en su mayoría.

A lo que iba, lo del disgusto, el penterre, el berrinche, el ‘apechusque’, la cosa mala. Isabel Preysler siempre se ha caracterizado por ser la mejor publicista de sí misma y por pasar por la vida como el que se desliza por un arcoíris. Da igual los escándalos que le hayan podido rodear, los ‘timings’ de sus relaciones, su rupturas… A ella todo le sale bien, así que me imagino, y digo me imagino, porque igual pasa de todo, que no le habrá hecho mucha gracia que haya más consenso hacia el lado negativo que hacia el positivo en la boda de su hija más intelectual.

La envidia, que es un defecto que consume más al que lo tiene que al que es envidiado, puede motivar muchos de los comentarios, hiperbólicos en muchos casos, porque ya se sabe cuando se tienen ‘enemigos’ se espera un pequeño traspiés para ir a clavarte un cuchillo por la espalda. Y hay gente a la que le gustaría llevar la vida de la Preysler, pero nunca lo conseguirá o no se atrevería a intentarlo.

Y en cuanto a Ana y Fernando, que sean felices. Que lo que digamos los demás está de más. (la cantidad de juegos de palabras malos le debo a Mecano, ¡gracias!).