En las últimas 24 horas, la novia de Enrique Ponce ha abierto y cerrado su cuenta de Instagram varias veces. ¿Juega al despiste o está hecha un lío?


Desde que se destapó su relación con Enrique Ponce, Ana Soria parece jugar al despiste. O no tener muy clara la posición pública que desea ocupar ahora que se ha convertido, prácticamente de la noche a la mañana, en una celebridad. Hasta hace apenas unos días, la joven que ha enamorado al torero era una completa desconocida. El pasado 7 de julio -hace 48 horas- la joven tomaba una importante decisión: abría su cuenta privada de Instagram y la convertía en un perfil público. En su primera publicación denunciaba que se habían creado cuentas falsas con su nombre. La apertura de su cuenta al universo digital parecía ser una señal de que estaba dispuesta a darse a conocer. O, quizás, que deseaba aprovechar el tirón mediático de su idilio con el matador para convertirse en ‘instagrammer’. No en vano, en cuestión de horas lograba sumar 38,900 seguidores.

Sin embargo, 24 horas después tomaba una drástica determinación y eliminaba su cuenta de Instagram. La tormenta mediática que se ha desatado a raíz de su ‘affaire’ con Enrique Ponce ha sido tan fuerte que, abrumada por las circunstancias, cerraba su perfil. De este modo, esta estudiante de Derecho dejaba claro que necesitaba alejarse del ojo del huracán y tomarse un tiempo para reflexionar. Y es que no es fácil saltar del anonimato a la fama de un día para otro.

Las idas y venidas de Ana Soria con su perfil de Instagram

Tras esta radical decisión no era posible dar con Ana en las redes sociales. Al buscar el perfil de «Ana Soria», la red respondía con un: «Usuario no encontrado». Una señal de que si cuenta había sido bloqueada de manera temporal… o cerrada definitivamente. Lo cierto es que el cierre de su perfil se produjo sin dar explicaciones al respecto.

Pero después de desaparecer del mapa de las ‘social networks’, Ana Soria cambiaba de opinión una vez más. Así, poco después de la clausura de su perfil volvía a abrirlo. Al hacerlo, curiosamente, ha eliminado una foto en la que aparece junto a un amigo. Muchos admiradores del diestro, y personas que ya forman parte de su red de ‘followers’ se preguntan: ¿A qué juega? ¿Está confundida? ¿Mal asesorada, quizás? ¿Realmente quiere darse a conocer al gran público? Puede que no tenga claro la estrategia que deba seguir en el futuro. Desde luego, no es tarea sencilla ser pareja de uno de los diestros de mayor prestigio de nuestro país. Supone una enorme exposición al ojo y al juicio público. Y hay que estar preparado para ello.

Enrique Ponce: «Ana y yo estamos muy enamorados»

Puede que estas idas y venidas de Ana sean consecuencia del mar de incógnitas cuya respuesta solo debe dar ella. ¿Hablará de su idilio con Enrique Ponce? ¿Dará detalles sobre su relación? Quien sí ha dado el paso a hablar del romance ha sido el valenciano. «Ana Soria y yo estamos enamorados», ha asegurado a SEMANA. El torero está ilusionado con su actual pareja, pero hasta ahora él y su nuevo amor han sido «muy discretos por Paloma».

Enrique Ponce y Paloma Cuevas anunciaban que habían iniciado los trámites de divorcio el pasado 6 de julio. «Viendo la gran repercusión mediática que estamos teniendo en los últimos días, queremos manifestar que nos encontramos en trámites de separación de hecho«, decían en un comunicado conjunto. En su escrito confesaban que el proceso les está resultando difícil, pero desean separarse de manera cordial por las dos hijas que tienen en común y por el afecto que les ha unido en los 24 años que han estado juntos. «Ha sido una decisión muy meditada, tomada de mutuo acuerdo y desde el profundo cariño y respeto mutuo que nos tenemos y que hemos demostrado durante todo nuestro matrimonio. El único fin de hacerlo público es para proteger a nuestro entorno familiar y, en especial, a nuestras dos hijas menores de edad».

«Solicitamos a todos los medios de comunicación el máximo respeto frente a nuestra decisión, y que cesen en la publicación de noticias falsas y difamatorias, que lo único que consiguen es provocar un daño irreparable a nuestras hijas, y agravar el menoscabo a nuestra imagen pública y reputación. No obstante, en caso de que se sigan vulnerando nuestros derechos, nos reservamos el ejercicio de las acciones que legalmente nos asistan, para la protección de nuestros legítimos intereses», concluían.