La vida de Sara Carbonero dio un giro radical tras ser diagnosticada de cáncer hace casi un año. Desde entonces, sus reflexiones son auténticas guías para el desarrollo personal.


A Sara Carbonero la vida le ha asestado fuertes golpes en muy poco tiempo. Y a una edad temprana. Le diagnosticaron un tumor maligno en el ovario, en mayo de 2019. Ese mismo mes su marido, Iker Casillas, había sufrido un infarto que provocó su retirada del fútbol dos meses después. Desde entonces, la presentadora se ha convertido en una verdadera gurú de mensajes de motivación para muchos de sus seguidores y pacientes con la misma enfermedad.

Con 35 años casi recién cumplido, Sara lo tenía todo para ser feliz. Una pareja que la ama, dos hijos sanos, una preciosa casa en Oporto, un trabajo que le apasiona. Sin embargo, de la noche a la mañana todo cambió. Tras someterse a una revisión ginecológica le detectaron un tumor maligno.

Ella misma compartía la noticia en su cuenta de Instagram. «Cuando aún no nos habíamos recuperado de un susto, la vida nos ha vuelto a sorprender. Esta vez me ha tocado a mí, esa dichosa palabra de 6 letras que todavía me cuesta escribir. Hace unos días en una revisión, los médicos me vieron un tumor maligno de ovario y ya he sido operada. Todo ha salido muy bien, afortunadamente lo hemos pillado muy a tiempo pero todavía me quedan unos meses de lucha mientras sigo el tratamiento correspondiente».

El valor de la rutina

Ya ha pasado casi un año de tan difícil trance. Su enfermedad ha logrado sacar su lado positivo. Prueba de ello son sus redes sociales, en las que suele compartir lecciones de vida a través de citas, canciones, poemas o reflexiones personales.

Uno de tantos pensamientos plasmados en su Instagram lo contaba hace apenas unos días, en plena crisis del coronavirus. Junto a una foto en la que aparece ingiriendo una infusión, escribía: «Esta fue la última carioca de limón que me tomé fuera de casa antes del confinamiento. Hoy he encontrado la foto que no tendría nada de interesante si no fuera por este motivo y porque al verla no he podido evitar pensar que si hubiera sabido lo que nos esperaba seguramente la habría saboreado de otra manera».

Sara Carbonero

Cuando Sara tomó esa foto «estaba con dos buenas amigas, contándonos cómo había ido el día, desahogándonos cada una con sus problemas cotidianos, riéndonos (mucho) por cosas absurdas y planificando una cena para el día siguiente a base de recetas saludables. No era una mañana especial o eso creía yo. Nos despedimos como todos los días, cada una subió a su coche y puso la misma canción, de la que habíamos hablado un rato antes porque no había manera de sacárnosla de la cabeza (“pero si le suena la canción, le da una depresión tonta…”). Nos mandamos un audio, nos volvimos a reír. Cada una se fue al cole a por los niños y hasta el día siguiente, pensamos».

«Esta tarde una de estas amigas me ha escrito un mensaje para decirme que tenía un regalo para mí, que me lo dejaba en el portal. Con guantes y mascarilla he bajado a buscarlo, ella ya estaba en el coche. Apenas nos hemos despedido con la mano y una sonrisa de “ya queda menos”. He cerrado la puerta y ahí en la escalera, un ramo de camelias recién cortado de su jardín para acercarme un poquito la primavera y de paso recordarme que hace unos días que llegó. Porque no sé si os pasa también a vosotros pero yo últimamente no sé en qué día vivo», detallaba.

«Al ponerlas en agua he seguido pensando en ese último sorbo de mi carioca de limón, en que debía haberlo saboreado de otra manera (…) porque quizá fue la última que compartí con esta amiga que está a punto de ser mamá, antes de que nazca su bebé dentro de unos días. Mientras colocaba el jarrón he sentido una profunda sensación de añoranza, de algo que yo consideraba cotidiano, “normal” y corriente: Tres amigas, un café, nuestro rincón, un sillón amarillo bastante incómodo, música de fondo y una terapia de risas que cambiaba por completo mis días. Y entonces he caído en que lo que yo pensaba que era rutina, en realidad era vivir». Este relato refleja por completo cómo funcionan los pensamientos más íntimos de Sara. Una mujer que valora cada día más los pequeños detalles de la vida.

La importancia de las cosas pequeñas

Otra de sus recientes publicaciones tuvo lugar en su cumleaños. Sara explicaba el significado de «KAMA MUTA». Se trata de un «término que proviene del sánscrito y que significa literalmente “conmoverse, llenarse de amor o admiración” que conoce gracias a una persona de su entorno «que se ha convertido en imprescindible en mi vida».

La empresaria detalla que el Kama Muta «es la emoción universal más intensa, porque define ese instante en el que nos sentimos tan llenos de afecto, de sorpresa o admiración hacia algo o alguien que no tardan en asomar las lágrimas en nuestros ojos. Puede ser una canción, un grupo de personas, un atardecer, la boda de unos amigos, el nacimiento de un niño, un sabor o incluso un aroma lo que nos transporte a ese instante de felicidad absoluta».

Ahora, Sara admite que es capaz de identificar esa emoción «en las pequeñas cosas, todos los días, intento que no pase un solo día sin sentirlo. Como hoy, mientras leía todas las felicitaciones por mis 36 en un año en el que cumplirlos ha sido el mejor regalo posible. Gracias por tanto cariño e inspiración».