Cayetano Martínez de Irujo ha dejado perplejos a todos al contar que fue víctima de una maldición hace años por la que tuvo que acudir a un sacerdote.


Cayetano Martínez de Irujo ha sido uno de los invitados a ‘Lazos de Sangre’ esta semana. El conde de Salvatierra fue capaz de dejar sin palabras a los espectadores, pues aseguró que había sido víctima de un mal de ojo por el que le sucedían desgracias inverosímiles. Tras tratar la maldición de los Grimaldi, el hijo de la duquesa de Alba compartió la experiencia que le tocó vivir en su propia piel. «Sufrí siete accidentes en pocos meses», comenzó diciendo. No puso ni un instante en duda que una mujer condenara a la familia Grimaldi a ser infeliz durante 50 años, ya que a él le sucedió algo similar, tal y como años después pudo comprobar. Completamente desesperado, acudió a un sacerdote experto en exorcismos. 

«Creo en ella porque a mí me ha pasado. Ahí me di cuenta de que el mal, como el bien, existe en nuestra sociedad. Me di cuenta de que algo me pasaba porque era una época en la que tuve seis o siete accidentes seguidos en pocos meses, dos de ellos a caballo. Uno de ellos me tiró al suelo nada más subirme, y si no fuera porque puse la mano, pude morir o quedar paralítico«, dijo Cayetano Martínez de Irujo. Entonces, no daba crédito a todo lo que le sucedía, por lo que se puso en manos de alguien capaz de quitarle el mal de ojo. «Recurrí a un sacerdote exorcista, que me quitó la maldición e incluso me dijo de quién podría haber venido, que era una persona muy cercana. Ese fue el primer paso, pero luego vi a otras personas que me ayudaron, fue un proceso muy largo y duro», añadió.

Cayetano Martínez de Irujo hermano
© Europa Press.

En aquel momento sintió pánico, pero pudo resurgir y comenzar de cero gracias a aquellos que no le soltaron de la mano. «Por primera vez en mi vida me daba miedo vivir, me pasaban todo tipo de cosas inverosímiles», aseguró. Este episodio traumático no ha sido lo único que le ha marcado en vida. También la muerte de su padre, quien murió en 1972 enfermo de leucemia. «Era joven que nunca supo encontrar su lugar como princesa de Mónaco, marcada por la temprana muerte de su madre, Grace Kelly, y el sentimiento injusto de culpa. Yo la entiendo y me identifico con ella porque la muerte de mi padre me ha marcado 40 años. Hasta que una psicóloga me dijo «Tu padre no te ha abandonado, está contigo», yo no podía hablar de ello sin llorar», comentó.