Todas las miradas estaban puestas en la cena de gala de este lunes en la noche en el Palacio Real de Estocolmo, poniendo así el broche de oro a la primera jornada de la visita de Estado de los Reyes daneses a Suecia. Los Reyes, Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, han ofrecido un banquete a Mary y Federico de Dinamarca, en el que el dress code estaba claro: chaqué y condecoraciones para los hombres; vestido largo, tiaras y joyas para ellas. Algo que todos han cumplido a rajatabla aunque, con permiso del resto de invitadas, los ojos estaban puestos en la elección de Mary de Dinamarca. 

Desde que saliera a la luz el idilio entre Federico de Dinamarca y Genoveva Casanova, cada uno de los gestos y pasos que ha dado Mary han sido analizados con lupa. Un romance que precipitó la abdicación de Margarita de Dinamarca, dejando así en el trono a su hijo antes de que las cosas se pusieran feas para la Corona danesa. Ahora, Federico y Mary de Dinamarca, han hecho su primer viaje de Estado como Reyes, siendo el plato fuerte del mismo durante la noche de este lunes. 

Era el momento de sacar la artillería pesada y nadie ha fallado. Pero, pongamos la vista en la gran protagonista, Mary de Dinamarca. Para la ocasión, la reina consorte se ha decantado por las joyas más significativas de su joyero real: la tiara importante o de los rubíes. Esta joya guarda un largo recorrido histórico antes de llegar a las manos de Mary Donaldson, pues le llegó a ella cuando todavía no era reina. De hecho, ha sido la elegida por ella en multitud de ocasiones de su paso por princesa, por lo que muchos esperaban que para su primer cena de gala como Reina hubiese elegido otra. Sin embargo, esta es una de las más significativas en su joyero. 

Mary de Dinamarca, en la cena de gala de Estocolmo

Mary de Dinamarca, en la cena de gala de Estocolmo

Gtres

La tiara que ha elegido Mary de Dinamarca, también guarda relación con la familia real sueca

Existen varios motivos por los que Mary de Dinamarca ha podido elegir la tiara importante. Uno de ellos es la relación que guarda con la familia real sueca, pues perteneció a Ingrid de Suecia cuando se casó con el heredero danés, tía de Carlos Gustavo de Suecia. Sin embargo, detrás de esta espectacular joya, hay mucha más historia antes de que llegara al joyero de Mary tras ser regalada por su entonces prometido, el príncipe Federico, quien además decidió hacer un anillo de pedida al tono de las mismas piedras preciosas del resto de joyas para hacer así el set completo y que Mary de Dinamarca pudiera lucir todo el juego en sus actos más imponentes. 

Mary de Dinamarca, en la cena  de gala de Estocolmo.

Mary de Dinamarca, en la cena  de gala de Estocolmo. 

Gtres

Ha elegido un vestido, que estrenó en el año 2017

Además de las joyas de diamantes y rubíes, destacando el broche que sujetaba la banda sueca de la Orden de los Serafines, Mary de Dinamarca estaba radiante. Para la ocasión, ha elegido un vestido dorado del diseñador danés Jesper H0vring. Un diseño que ya lució en la cena de Año Nuevo de 2017, pero que ahora ha modificado dándole un nuevo aire.  Para esta ocasión, ha dejado una falda de raso en dorado, mientras que al cuerpo le ha añadido encaje y transparencias, consiguiendo así un vestido de gala de infarto. 

La historia detrás de la tiara (y demás joyas) que ha elegido Mary de Dinamarca para su primera cena de gala como Reina

La tiara que ha lucido Mary de Dinamarca data de 1804 cuando Désirée Clary, esposa de uno de los 18 mariscales, Jean Baptiste Bernadotte, la llevó en la coronación de Napoleón el 18 de mayo del mismo año. Esta joya de brillantes y rubíes fue elaborada por una exclusiva joyería de París. Además de la tiara, el conjunto estaba formado por collar, pendientes girandle, broche y dos adornos para el pelo con motivos florales. Tras la muerte de Desirée, estas joyas fueron a parar a Josefina de Leuchtenberg, mujer de Óscar I, y esta se la legó a su nieta, la princesa Luisa de Suecia, cuando iba a contraer matrimonio con Federico VIII de Dinamarca. 

Cuando estaban a punto de cumplirse tres décadas, la reina Luisa le pasó los dos pasadores a su hija política, Alejandrina Mecklemburgo-Schwerin, cuando contrajo matrimonio con el futuro rey Christian X. Fue precisamente ella quien unió las dos ramas dando lugar a una especia de tiara bandeau. Posteriormente, la heredó el primogénito de la difunta, antes de llegar a las manos de Ingrid de Suecia. En el año 2000, antes de morir, repartió sus valiosas joyas a sus hijas. Sin embargo, decidió que esta valiosa tiara (junto al resto de joyas de diamantes y rubíes) fueran a parar a su nieto, el príncipe heredero Federico de Dinamarca. 

Desde que esta taira llegara a las manos de Mary de Dinamarca, ella decidió hacer algunas modificaciones en la diadema, adaptándola a su gusto y morfología de su cabeza. Además, con los elementos sobrantes, se elaboraron unos alfileres independientes para el cabello.