El emir de Dubái espiaba el móvil de la princesa Haya, de sus abogados, sus asistentes personales y su equipo de seguridad. Esto después de demostrarse que ordenó también «secuestrar y torturar» a dos de sus hijas durante años


El final del matrimonio entre el emir de Dubái y la princesa Haya de Jordania no ha podido ser más convulso y dramático y poco a poco se van conociendo nuevos datos que hacen de esta historia más escabrosa si cabe. Mohamed bin Rashid Al Maktoum, a sus 72 años, ha sido acusado de haber autorizado personalmente que se espiase el móvil de su exmujer en pleno proceso de divorcio de la que es su sexta esposa. Se hizo a través de la instalación en su terminal de un programa espía, que también autorizó que se realizase al equipo de abogados que defendía a su exmujer en la batalla judicial que mantenían por la custodia de sus hijos, como así ha dictado sentencia este miércoles el Tribunal Superior de Londres que lleva su caso.

En el escrito legal resultante del proceso se puede leer que el emir de Dubái dio su “autorización expresa o implícita” para la instalación de esta aplicación pirata en el teléfono móvil de su exmujer. El programa en sí se conoce como Pegasus y es capaz de leer los mensajes de texto que llegan al terminal sin que el propietario sea consciente de ello. También permite rastrear llamadas, acceder a la base de datos de contraseñas y, entre otras, saber en todo momento dónde se encuentra la princesa Haya bint Al Hussein de Jordania. Un hecho delictivo de espionaje por el que el emir de Dubái ha logrado perfilar su estrategia judicial para tratar de arrebatarle los hijos a su sexta esposa en pleno proceso de divorcio y que se ha entendido por el alto tribunal londinense como una “campaña de miedo e intimidación”.

Foto: Gtres

Como decimos, no solo la princesa Haya de Jordania ha sido víctima de este espionaje por parte de su temido exmarido que le ha hecho la vida imposible. También sus abogados, su asistente personal e incluso miembros de su equipo de seguridad han sido espiados desde sus propios móviles, leyéndose sus mensajes, escuchando sus llamadas y teniendo acceso a todo el contenido de sus terminales. Unos hechos que colman un vaso ya derramado, pues se suma a otros episodios ya judicializados, como cuando el emir de Dubái ordenó a sus hombres de confianza y fuerzas a su servicio a secuestrar y torturar a dos de sus hijas entre el 2000 y el 2018, prohibiendoles salir del país e impidiéndole llevar una vida normal.

Tras atender a la resolución judicial del Tribunal Superior de Londres, el emir de Dubái se ha pronunciado públicamente a través de un comunicado de prensa en el que no se hace responsable de lo que se le ha acusado ni lo que ha dictado el tribunal. Asegura que, “como jefe de Gobierno involucrado en un procedimiento familiar privado no era apropiado para mí ofrecer testimonio sobre estos asuntos tan sensibles, ya fuera de manera personal o bien a través de mis asesores, en un tribunal extranjero”, una declaración de intenciones que deslegitima su competencia en su problemática.

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“Ni el Emirato de Dubái ni los Emirates Árabes Unidos son parte de estos procedimientos ni han participado en las vistas. Las conclusiones se basan de manera inevitable, por lo tanto, en una imagen incompleta”, continúa detallando en el escrito oficial que ha realizado para negar sus acusaciones y no hacerse responsable de haber ordenado el espionaje sistemático de su exmujer y los hombres de su confianza para tener privilegios en el proceso judicial por la custodia de sus hijos. También durante su divorcio, el cual se cerró el pasado febrero de 2020 por el Alto Tribunal de Londres, dándole la razón a la princesa Haya de Jordania.