Los reyes Harald y Sonia y los príncipes herederos con sus hijos acuden a la misa de Adviento tras un año muy complicado.


La Familia Real noruega al completo se reunió para celebrar el cuarto y último Domingo de Adviento antes de las navidades. Lo hicieron con una misa en la Capilla del Palacio Real de Oslo, en la que estuvieron acompañados por apenas cinco personas más debido a las recomendaciones sanitarias. Eso sí, la ceremonia se retransmitió a todo el país para poder compartir este momento tan especial con su pueblo. Gracias a eso hemos podido ser testigos de la intensa emoción que les embargó a todos, empezando por los reyes Harald y Sonia, y siguiendo particularmente con la princesa Mette-Marit, quien tuvo que enjugarse las lágrimas en varias ocasiones.

El acto religioso fue de una sobriedad absoluta, con un gran árbol de Navidad presidiendo el altar, mientras se desarrollaban diversas lecturas. Los Reyes y el príncipe heredero Haakon con su familia escuchaban atentamente. Dos artistas participaron interpretando canciones navideñas, que hicieron aflorar la parte más sensible de los presentes. El príncipe y su esposa, con las manos entrelazadas, mostraban los ojos brillantes de lágrimas.

 

LOS JÓVENES DE LA FAMILIA, CADA VEZ MÁS PRESENTES

En un momento la princesa Ingrid Alexandra, de 16 años, dijo unas palabras de bienvenida. Y luego junto a su hermano, Sverre Magnus, de 15, encendió unas velas. Más tarde también se les unieron sus padres para hacer lo mismo. Por su parte, el monarca y su esposa procedían al ritual de encendido con gesto solemne. El Rey ha atravesado este año notorios problemas de salud, con varios ingresos hospitalarios incluidos, tiempo en el que su hijo ha ejercido como Regente demostrando que está más preparado para encarar algún día su destino. Ahora Harald, de 83 años, aparece bastante recuperado, aunque con algún problema de movilidad.

La preciosa música, el momento tan intenso que se está viviendo en todo el mundo… todo ello hizo que las emociones y sentimientos estuvieran a flor de piel. Mette-Marit no los ocultó. Sonreía mientras a duras penas trataba de contener las lágrimas. Un momento ‘precioso’ que denota su humanidad y cercanía. Al término del acto, cuando acabó de cantar la artista femenina, la princesa explotó en una gran sonrisa emocionada y se puso a aplaudir, instante en el que el resto la acompañó. La Familia Real noruega se prepara ya para celebrar las navidades, rodearse de los suyos y brindar por un año más.