Jorge Romanov y Victoria Romanova se han dado el «sí, quiero» en una fastuosa ceremonia celebrada por el rito ortodoxo en la catedral de San Petersburgo.


Nueva boda real y además, a la antigua usanza. Hoy se ha dado el «sí, quiero» Jorge Romanov, hijo de la gran Duquesa María de Rusia y del príncipe Francisco Guillermo de Prusia, y heredero al hipotético trono de Rusia en caso de existir la monarquía. La novia es la escritora italiana Rebecca Bettarini, quien tras convertirse a la fe ortodoxa ha tomado el nombre de Victoria Romanova. Ha sido en una ceremonia celebrada por el rito ortodoxo en la Catedral de San Petersburgo, lo que supone el regreso de la familia Romanov a sus raíces tras el derrocamiento de los zares en Rusia hace más de un siglo.

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La pareja confirmaba su matrimonio por todo lo alto unos días después de celebrar su boda civil en el Ayuntamiento de Moscú. Al enlace religioso han asistido más de mil invitados, entre los que se encontraban destacados miembros de la aristocracia y miembros de muchas Casa Reales. Entre ellos figuraban Luis Alfonso de Borbón y su esposa, Margarita Vargas; Simeón de Bulgaria y su esposa, Margarita; la nuera de estos, Miriam de Hungría, princesa de Tirnovo, que ha acudido con su hijo mayor, Boris; Dom Duarte de Portugal con su mujer, Isabel Heredia; Manuel Filiberto de Saboya; el primo de este Aimon de Saboya; y el príncipe Leka de Albania. Casualmente los Saboya reclaman también un sitio en el trono que ya no tienen en Italia.

Aunque consta que estaban invitados los Reyes Juan Carlos y Sofía, que son padrinos de Jorge Romanov, quien nació en Madrid hace 40 años y durante mucho tiempo ha vivido en España, finalmente no han acudido a la cita.

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La novia, de 30 años, es hija del embajador de Italia Roberto Bettarini y ahora, una vez convertida en esposa de Jorge Romanov, ya es princesa de Romanov. Para su boda religiosa ha lucido un traje nupcial en el que ha rendido homenajes a las culturas rusa e italiana. El vestido es de la diseñadora libanesa Reem Acra, en el que destaca una cola de seis metros de largo. Además llevaba un velo bordado en dorado con el águila bicéfala rusa, símbolo del país, e incorporaba una capa realizada por diseñadora rusa Elina Samarina. Su ramo era de orquídeas blancas.

En su cabeza brillaba la tiara Lacis de la joyería Chaumet, engastada con dos grandes diamantes centrales y colocada con la forma de los tradicionales tocados rusos llamados kokoshnik.

Sus damas de honor eran Beatrice y Veronica Scheda, hijas de su prima Giulia Cacciatore, que vestían espectaculares modelos confeccionados en terciopelo amarillo.

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La víspera de la boda tuvo lugar una recepción en el palacio de Vladimir, un lugar con importantes lazos sentimentales, pues perteneció al bisabuelo del novio, el Gran Duque Vladímir de Rusia, hijo del zar Alejandro II.

La boda continúa esta noche con una cena de gala en el Museo Etnográfico de San Petersburgo, a la que están invitadas unas 550 personas. La novia se cambiará de ropa y optará por otro diseño de Reem Acra. Y mañana se despedirán con un brunch al estilo ruso en el Palacio Constantine. En total habrán sido tres días para esta ‘gran boda rusa’, digna del esplendor imperial de otros tiempos.