La hija de Estefanía de Mónaco, de 27 años, concede una rara entrevista a The Telegraph, en la que habla de sus musas: su madre y su abuela. ¿Pero qué hay de su tía?


Pauline, la hija de Estefanía de Mónaco y Daniel Ducruet se está haciendo un hueco en el mundo de la moda como diseñadora de su propia firma, Alter Designs. Y aunque pertenece a una familia mundialmente conocida, los Grimaldi, la joven prefiere ser conocida por su trabajo y no por su vida personal. Pese a esta discreción, ahora acaba de romper su silencio concediendo una entrevista al diario británico The Telegraph.

En ella recuerda su vida desde su infancia nómada hasta el momento actual como diseñadora de moda. «Cuando éramos pequeños, mi madre y mi padre estaban muy unidos. Aunque se divorciaron muy pronto, siempre intentaron que creciéramos con dos padres. Mi padre sacó mi lado de chicazo. Cuando estaba con él y con mis dos hermanos (Daniel Ducruet tiene un hijo mayor de una relación anterior y a Louis con la princesa Estefanía), yo quería hacer lo mismo que ellos. Si me decían: ‘Eres una chica, y muy pequeña’, yo les respondía: ‘Dejadme demostrarlo'».

Pauline Ducruet recuerda su infancia en el circo, cuando vivía en una caravana. Recordemos que Estefanía mantuvo una relación sentimental primero con un domador de elefantes suizo, y más tarde se casó con el acróbata hispano-portugués Adans Lopez Peres. De pequeña incluso llegó a participar en algunos números con los elefantes.

«Fue interesante, yo estaba todo el día fuera con los animales. Estaba con niños de todo el mundo, alemanes, ingleses, italianos, españoles… y teníamos nuestro propio lenguaje. Fue un momento de pura libertad y no creo que muchos niños lleguen a tener eso», dice.

Al mismo tiempo, Pauline compaginaba esa vida ‘salvaje’ con las visitas al palacio y las glamourosas citas a las que acudía con su madre: «Eso construye tu carácter y experimentar todas esas cosas te hace una persona más fuerte. Yo comprendo que mi infancia fue inusual y lo aprecio. Me siento agradecida por haber tenido la infancia que tuve».

Uno de los temas que se abordan en la entrevista es, por supuesto, la situación de Chàrlene de Mónaco. La esposa de su tío el príncipe Alberto lleva en Sudáfrica desde el pasado mes de mayo, recuperándose de una grave infección de oídos, nariz y garganta. Sin embargo, esto ha hecho saltar las alarmas sobre una posible crisis matrimonial entre ellos.

Pauline no tiene inconveniente en responder: «Yo sé lo que está ocurriendo, así que no necesito mirar las revistas para saber lo que pasa. Cada vez que el foco se pone en mi familia, sé por lo que es, ya no es ninguna sorpresa».

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Pauline, que ocupa el puesto número 16 en la línea de sucesión al trono monegasco, está más interesada en sus negocios que en la realeza. «He visto a mi madre arreglarse para las galas con vestidos largos y diamantes en la cabeza, pero al día siguiente nos llevaba al colegio con vaqueros rotos y botas. Eso se puede encontrar en mis colecciones: son dos mundos, uno lujoso y otro con un sentimiento rebelde. Mi madre fue una mujer fuerte que se expresaba a través de la moda, y así también lo era mi abuela. Cada una de ellas fueron iconos de estilo en su tiempo».

NI UNA PALABRA SOBRE CAROLINA DE MÓNACO

No nos pasa inadvertido que en su respuesta obvia a su tía, la princesa Carolina, auténtico referente de la moda desde hace décadas, musa de Chanel, etc etc. E incluso a su prima Carlota Casiraghi, quien ha tomado el testigo como embajadora de dicha casa francesa. De todos es sabido que la relación entre las hermanas Carolina y Estefanía se ha enfriado en los últimos años, y que es Alberto el auténtico nexo de unión entre ellas. De hecho, es bastante raro ver encuentros públicos de Pauline con su tía.

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Ella define a su madre, la princesa Estefanía, como su mejor amiga y su «roca». También comenta que aún le sigue preparando pasta casera a la carbonara, uno de sus platos favoritos, como cuando era pequeña.

Pauline, que en su adolescencia quiso ser nadadora olímpica, se marchó a los 18 años a París para estudiar moda y luego continuó su formación en Nueva York, llegando a hacer prácticas en Vogue y Louis Vuitton. Sin embargo, se dio cuenta de que lo suyo no era ser editora de moda: «Siempre supe que quería ser una creadora», asegura. Sus diseños son acordes con los tiempos, «sostenibles, unisex y no binarios».

Ahora reside entre Mónaco y París, sin perder el contacto con sus raíces y, sobre todo, muy cerca de los suyos. Está enamorada de Maxime Giaccardi, fundador de una empresa que provee de experiencias de lujo a su selecta clientela, aunque no habla de planes de boda. Hace unos meses incluso se llegó a hablar de rumores de embarazo. Respecto a su futuro, Pauline lo tiene claro: «No tengo miedo, pero tengo convicciones. Quiero demostrar que es posible estar en la moda con un propósito».

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