Charlène no está sola en Mónaco. A su lado cuenta con un inmejorable valedor: se llama Gareth Wittstock y es su hermano.


La princesa Charléne de Mónaco parece tener una relación de amor-odio con su país de adopción. Su supuesta crisis sentimental con su marido, el príncipe Alberto, es la comidilla eterna dentro y fuera del Principado, a lo que ahora se suma el posible acuerdo económico que ha firmado con este para seguir representando a los Grimaldi en actos públicos.

De ella se dice que si se quiere separar, que si no le gusta este pequeño enclave mediterráneo y que desea mudarse a Suiza… Por si esto no fuera bastante, la princesa parece tener pocos amigos y confidentes a su lado. A veces incluso se la pinta viviendo en un estado casi de depresión continua, alimentada además por los problemas de salud que padece desde el último año.

charlene de monaco
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El hecho es que cuesta pensar en una Charlène completamente ‘sola’ después de casi once años viviendo en Mónaco. Quizás estas personas viven en las sombras de la discreción y esta es condición indispensable para gozar de su confianza y disfrutar de su intimidad. Sin embargo, el panorama no es tan negro. Porque Charlène sí cuenta en Mónaco con un inmejorable valedor: se llama Gareth Wittstock y es su hermano.

El joven se trasladó a Mónaco desde su Sudáfrica natal cuando Charlène emparentó con la realeza, y allí ha hecho carrera y hasta ha formado una familia. Todo el mundo sabe quién es y, aunque para muchos ha pasado prácticamente inadvertido durante años, lo cierto es que Gareth estaba en todos los sitios.

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En la catedral y en el balcón del palacio Grimaldi para celebrar la Fiesta Nacional, en las carreras de Fórmula 1 de Montecarlo, en las galas benéficas más glamourosas y también participando y promocionando diferentes actividades deportivas…

En muchas ocasiones al lado de cuñado, el monarca, con el que parece llevarse de maravilla, y por supuesto también junto a su hermana. Y ni siquiera ha faltado a los eventos oficiales mientras Charlène permanecía durante medio año en Sudáfrica a consecuencia de una grave infección y tenía que ser operada en tres ocasiones.

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Por todo ello, el Principado lo acaba de acoger como uno de los suyos. Según publica el diario Monaco Tribune, Gareth Wittstock ya ha conseguido la nacionalidad monegasca. En concreto, desde el pasado 27 de abril se pude considerar un ciudadano más.

Gareth ha hecho una buena carrera, tanto que le han llegado a apodar «el conde de Mónaco». Licenciado en Ingeniería Informática, desde hace cinco años ejerce como secretario general de la Fundación Princesa Charlène, en la que vuelcan sus esfuerzos por promover la educación infantil a través del deporte. Además ha invertido en los cafés Starbucks del Principado.

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En el ámbito personal, Gareth tiene 42 años y está casado con la bailarina Roisin Galvin, con la que contrajo matrimonio en Mónaco en 2015. Son padres de dos hijos, Kaia Rose (9) y Bodhi (4). Charlène le cedió un lujoso apartamento en Montecarlo, muy cerca del palacio. Él es el padrino de su sobrina Gabriella, la melliza de Jacques.

El otro hermano de la princesa, Sean, sigue viviendo en Sudáfrica, aunque también trabaja para la fundación de Charlène. Todo queda en la familia.

La esposa de Alberto ha tenido a todos muy preocupados por su salud, tanto física como mental. Después de regresar al Principado el pasado noviembre e inmediatamente retirarse de la vida oficial para terminar de restablecerse en una clínica de Suiza, al fin el pasado 30 de abril reaparecía en público para asistir al campeonato de Fórmula E de Mónaco.

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Lo hacía junto a su marido y sus dos hijos, desmintiendo así, una vez más, los rumores que comenzaban a circular sobre la precaria situación del matrimonio. Solo una semana después, Charlène se dejaba ver de nuevo con su familia, esta vez en el torneo de rugby de Santa Devota.

La princesa ahora luce una imagen renovada y mucho mejor aspecto, aunque a nadie se le escapan algunos gestos ocasionales en los que Charlène parece sumirse en una rara melancolía. Quizás su destino es seguir siendo una ‘desconocida’ para el gran público, ya que de ella poco o nada se sabe más allá de los escasos destellos que enciende en el Principado.

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Aunque seguramente sea muy diferente para su hermano Gareth. Él es su mejor amigo y confidente, el testigo de toda su vida desde niños y una de las personas que mejor la conocen. No se separa de ella. Él mismo aseguraba en una entrevista allá por 2005: «Mi hermana necesita el apoyo de sus seres queridos y nuestro vínculo es muy fuerte. La veo regularmente, nos visitamos y mi hija juega con sus mellizos. Es algo muy conmovedor y especial para nosotros».