La hija menor de Rainiero y Grace ya no ocupa titulares por sus looks de chicazo, sus aventuras en la música y el diseño ni por sus escandalosos amores. ¡Cómo ha cambiado!


Hoy Estefanía de Mónaco cumple 56 años y lo celebra en la más estricta intimidad. Tampoco esto es una sorpresa para nadie, pues así lleva siendo muchos años, tiempo en el que la hermana menor del príncipe Alberto y la princesa Carolina ha dado un giro radical a su vida, cambiando el primer plano por el más escondido. Por eso muchos se preguntan, ¿qué fue de aquella princesa que encandilaba? Aquella jovencita de mirada tímida y aspecto andrógino, ansiosa de triunfo en múltiples facetas, enamoradiza, atrevida, libre… ¿Qué fue de aquella princesa rebelde?

Ese término, «rebelde», la ha acompañado durante décadas como un mantra. Sin embargo, la actual Estefanía dista mucho de eso. Hermana fiel del monarca, madre cariñosa de tres hijos (Louis y Pauline Ducruet y Camille Gottlieb) y poco más. Ni siquiera ya parece ser tentada en amores. Dos matrimonios fallidos (con el guardaespaldas Daniel Ducruet y el trapecista hispano-portugués Adans López Peres) y otros mil romances han acabado apaciguando un corazón que ha latido mucho y rápido. En 2015, con motivo de su 50 cumpleaños, la princesa Estefanía aseguraba en una rara entrevista: «He vivido varias vidas en una. Me gusta la vida con todo lo que me aporta y aprovecho cada instante, acabe bien o mal. Sin pesares».

Una filosofía que define su situación en el presente. Sin remordimientos, pero tranquila. Por eso no podemos evitar echar la vista atrás y recordar aquellos años ‘salvajes’, quizás con cierta añoranza, cuando no dejaba de sorprender con sus looks extravagantes, ya fuera cantando, haciendo de modelo, diseñando bañadores o incluso formando parte de un circo. ¿Quién da más?

La muerte de su madre, Grace de Mónaco, en un trágico accidente de coche ocurrido en 1982, en el que ambas iban juntas, marcó su vida. Solo tenía 17 años y durante años cargó con el estigma de que ella conducía, algo que acabó desmintiendo en 2002 en Paris Match: «Nadie puede imaginar lo mucho que he sufrido y sigo sufriendo».

Aunque antes ya iba dando pistas, esta terrible pérdida terminó empujándola hacia derroteros poco tradicionales para la realeza. Frente a su perfecta hermana, ella decidió inclinarse por el mundo del espectáculo y el diseño. En 1983 hizo prácticas en la casa Dior, después fichó como modelo con la agencia First, que la llegaba a pagar 2.000 dólares al día, según publicaba SEMANA en 1985, junto a un espectacular posado practicando diversos deportes en maillot.

Su pelo corto, su físico musculado y atlético y sus atuendos a lo chicazo causaban furor. Lanzó su propia línea de trajes de baño (con ella luciéndolos, por supuesto), su perfume y además abrazó la música con voz susurrante en un primer disco que acabó vendiendo más de dos millones de copias. Era la chica de moda. Por entonces se dejaba ver con el hijo de Belmondo, el hijo de Delon, el tenista argentino Guillermo Vilas, el playboy Mario Oliver

Hasta que surgió la Estefanía enamorada capaz de casarse con su guardaespaldas, Daniel Ducruet, padre de sus dos hijos mayores, con quien terminó tras la posterior traición de este pública y publicada. Después tendría otra hija con otro guardaespaldas, Jean Raymond Gottlieb; y un último y sorprendente matrimonio con un artista de circo, con el que recorrió el mundo bajo la carpa, pero del que se separó después de tres años de matrimonio, en 2004.

Lo cierto es que desde entonces la vida de la princesa ya no es tan vertiginosa. Vive discretamente, disfruta de sus hijos, fue madrina orgullosa en la boda del mayor y solo reaparece en público para apoyar causas como la lucha contra el sida y el Festival Internacional de Circo de Montecarlo, del que es su presidenta de honor. Hoy sopla 56 velas cargadas de historias, que nos sirven para recordar a aquella ‘díscola’ y original Estefanía que tanto echamos de menos. ¡Así ha cambiado!